Tragedia ferroviaria en Cataluña: muro colapsado mata al maquinista y hiere a 30 en nuevo accidente en España

Dos descarrilamientos en cuestión de horas, con un saldo de un conductor fallecido y decenas de heridos, vuelven a poner en jaque la seguridad del sistema ferroviario español, que aún no se repone del choque mortal en Adamuz que dejó 42 víctimas fatales.

El sistema ferroviario español enfrenta una nueva crisis de seguridad tras dos descarrilamientos casi simultáneos registrados en Cataluña durante la noche del martes, que dejaron un saldo trágico: el maquinista fallecido, al menos cuatro personas en estado grave y cerca de 30 heridos en total. Estos siniestros ocurren a pocas horas del masivo choque entre dos trenes en Adamuz (Córdoba), que ya se había cobrado 42 vidas, sumiendo al país en una oleada de conmoción e interrogantes sobre la infraestructura y las condiciones operativas.

El accidente más grave ocurrió cuando un tren de la línea R4 de Rodalies, que cubría el trayecto entre Sant Sadurní d’Anoia y Gélida, chocó contra un muro de contención que se derrumbó repentinamente sobre las vías. El impacto provocó el descarrilamiento parcial y causó destrozos devastadores en la cabina del conductor, donde el maquinista perdió la vida. El alcalde de Gélida, Lluís Valls Comas, informó inicialmente que había «entre cuatro y seis personas graves» entre los pasajeros.

Emergencia a media noche: operativo masivo de rescate

La magnitud de la emergencia movilizó a los servicios de rescate catalanes:

  • El número de emergencias 112 recibió 28 llamadas alertando del suceso.
  • Al lugar se desplazaron 11 ambulancias y 15 dotaciones de bomberos para asistir a los heridos y estabilizar la escena.
  • El servicio ferroviario en la línea afectada sufrió importantes interrupciones durante toda la noche.

«El muro cedió de golpe sobre la vía. No hubo tiempo para reacción alguna», describió un testigo citado por medios locales. «El tren se salió de los rieles y la parte delantera quedó destrozada. Fue una escena de caos, con gente gritando y ventanas rotas».

Segundo incidente en Girona: la tormenta como factor común

Casi al mismo tiempo, en la provincia de Girona, un segundo tren descarriló tras chocar contra rocas desprendidas por las intensas lluvias que azotaban la zona. Este convoy, que transportaba a diez pasajeros, tuvo un desenlace menos grave: según reportó la agencia Xinhua, ninguno de los viajeros resultó lesionado.

La tormenta que afectaba a Cataluña aparece como la hipótesis principal que vinculan ambos eventos. Las fuertes lluvias habrían debilitado la estructura del muro en el primer caso y provocado el deslizamiento de rocas en el segundo, planteando serias dudas sobre los protocolos de inspección y mantenimiento preventivo de la infraestructura ferroviaria en condiciones meteorológicas adversas.

Un sistema bajo presión y escrutinio

Estos accidentes golpean a un sistema ya bajo presión tras la catástrofe de Adamuz, el peor accidente ferroviario en España en años. La sucesión de siniestros en tan corto tiempo genera una tormenta perfecta de cuestionamientos:

  • ¿Fallas en el mantenimiento preventivo? Especialmente en infraestructura antigua o en zonas propensas a deslizamientos.
  • ¿Protocolos de seguridad ante inclemencias? Si y cómo se modifican los servicios o se refuerzan las inspecciones durante tormentas.
  • ¿Saturación del sistema? La red de cercanías catalana (Rodalies) es una de las más transitadas de España.

«Tres accidentes graves en cuestión de días no pueden ser una coincidencia», afirmó un analista de transporte. «Esto apunta a un problema sistémico: infraestructura envejecida, posible falta de inversión en mantenimiento, y tal vez protocolos de seguridad que no se adaptan con la suficiente rapidez a condiciones climáticas extremas, que cada vez son más frecuentes».

La investigación y la sombra de Adamuz

Las autoridades catalanas y ferroviarias iniciaron de inmediato una investigación exhaustiva para determinar las causas exactas del colapso del muro y evaluar si existían señales previas de riesgo. Paralelamente, a nivel nacional, la repercusión política y mediática es inevitable, con presión sobre el gobierno y las empresas operadoras para que rindan cuentas y tomen medidas urgentes.

El doble golpe de estos descarrilamientos, sumado a la aún reciente herida de Adamuz, coloca a España ante uno de sus momentos más delicados en seguridad ferroviaria de la última década, con la confianza pública en el sistema seriamente dañada.

¿Hasta qué punto el cambio climático y sus fenómenos extremos están superando la capacidad de resiliencia de infraestructuras críticas como la ferroviaria? La tormenta en Cataluña no fue una anomalía, sino parte de un patrón. ¿Están los países invirtiendo lo suficiente no solo en construir, sino en adaptar y fortalecer lo que ya existe contra un clima cada vez más impredecible y violento? Las vías de España, y las de medio mundo, están a prueba.