Golpe al histórico acuerdo: el Parlamento Europeo frena el pacto Mercosur-UE y lo envía a la Justicia comunitaria

Con una ajustada votación de 334 a 324, los eurodiputados paralizaron la entrada en vigor del tratado comercial y lo remitieron al Tribunal de Justicia de la UE para que revise su legalidad, un proceso que podría demorar hasta dos años y poner en riesgo todo el acuerdo.

El Parlamento Europeo asestó un golpe sorpresivo y potencialmente devastador al histórico acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, apenas cuatro días después de su firma protocolar en Asunción. En una votación ajustadísima de 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, los eurodiputados aprobaron una moción que remite el texto completo del tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que evalúe su compatibilidad con los tratados comunitarios, paralizando efectivamente su ratificación hasta que los jueces se pronuncien.

Según informó la Radio y Televisión Española (RTVE), este movimiento «podría retrasar el acuerdo dos años», ya que el TJUE tarda en promedio entre 18 y 24 meses en emitir una opinión sobre este tipo de consultas. El traslado a la justicia europea introduce una incertidumbre jurídica y política masiva sobre un pacto que ya había superado más de un cuarto de siglo de negociaciones y que ambos bloques presentaban como su «mayor pacto comercial de la historia».

Los puntos de conflicto que llevaron al acuerdo ante los jueces

La decisión del Parlamento Europeo no es caprichosa. Se basa en dos objeciones legales fundamentales que varios grupos políticos consideran críticas:

  1. ⚖️ Validez del «mecanismo de reequilibrio»: Los eurodiputados cuestionan si una cláusula del acuerdo, diseñada para reaccionar ante fluctuaciones comerciales bruscas, podría afectar la «autonomía regulatoria de la UE», es decir, su capacidad para legislar independientemente en áreas como medioambiente, seguridad alimentaria o estándares laborales.
  2. 📜 Base legal para la ratificación: Se debate la procedencia del método elegido para aprobar el acuerdo. La fórmula utilizada permite que los capítulos puramente comerciales sean ratificados sin el consentimiento individual de los 27 parlamentos nacionales de la UE, una vía más rápida pero que algunos consideran que vulnera la soberanía de los estados miembros.

«Sobre la mesa está la validez legal del mecanismo de reequilibrio que incluye el pacto», explicó RTVE. «Varios diputados temen que pueda afectar a la autonomía regulatoria de la UE, y también la base legal elegida para su aprobación».

El contexto geopolítico: una advertencia desoída

La medida se toma en un momento de extrema tensión comercial global. Según el medio español, «diferentes voces dentro del Parlamento Europeo habían advertido en contra de retrasar la ratificación», especialmente ante las «amenazas arancelarias de Donald Trump» relacionadas con el envío de tropas europeas a Groenlandia.

Este argumento refleja un debate estratégico: ¿Es riesgoso demorar un acuerdo que diversifica y fortalece los lazos comerciales europeos en un momento de proteccionismo y tensiones con otras potencias? Para los eurodiputados que votaron a favor del freno, la defensa del orden jurídico comunitario y de los estándares ambientales y sociales primó sobre la urgencia geopolítica.

Consecuencias: un limbo jurídico de dos años y presión sobre el Mercosur

El envío al TJUE crea un escenario complejo y lleno de riesgos:

  • ⏳ Paralización inmediata: El proceso de ratificación en la UE se congela hasta que el tribunal emita su opinión, la cual no es vinculante pero tiene un peso político enorme. Si el TJUE encuentra vicios de forma, el texto podría necesitar renegociaciones parciales.
  • 🤝 Presión asimétrica: Mientras la UE está paralizada, los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) podrían avanzar con sus procesos de ratificación nacionales, pero lo harían a ciegas, sin saber si el socio europeo podrá finalmente cumplir.
  • 🗳️ Riesgo político: En un plazo de 24 meses pueden ocurrir cambios de gobierno, crisis económicas o giros en la opinión pública en ambos bloques que podrían socavar el apoyo político al acuerdo, ya de por sí frágil.

«Este es el peor escenario posible para un acuerdo de esta magnitud», analizó un experto en comercio internacional. «No es un rechazo frontal, que obligaría a renegociar, sino una parálisis prolongada. Mantiene la incertidumbre, congela las expectativas de inversión y le da tiempo a los lobbies opositores —especialmente los agrícolas en Europa y los industriales en el Mercosur— para seguir presionando. Dos años son una eternidad en política».

La reacción pendiente del Mercosur

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que el sábado celebraban la firma como un «hito histórico», ahora deben digerir este revés inesperado. La estrategia diplomática del bloque sudamericano se verá desafiada: ¿Presionar públicamente? ¿Esperar en silencio? ¿Buscar acuerdos interinos?

La situación también pondrá a prueba la cohesión interna del Mercosur, donde las prioridades comerciales no son idénticas entre sus miembros, y donde algunos sectores productivos ven el acuerdo con la UE con recelo y temor a la competencia.

¿Puede sobrevivir un acuerdo comercial de 25 años de gestación a un paréntesis judicial de otros dos años en medio de un mundo en transformación? El tiempo, que ya fue el principal enemigo de estas negociaciones, vuelve a serlo. ¿Valorará finalmente el Tribunal de Justicia Europeo la urgencia geopolítica y la necesidad estratégica del pacto, o priorizará un purismo legal que podría enviar al traste décadas de trabajo diplomático? La justicia, ahora, tiene la palabra. Y el reloj, una vez más, corre en contra.