La tasa de mortalidad infantil volvió a crecer: Corrientes lidera un ranking que preocupa al país


Un informe revela que la provincia registra 14 muertes por cada mil nacidos vivos, mientras el promedio nacional aumentó por primera vez desde 2002. El deterioro socioeconómico y la fragmentación del sistema sanitario agravan la crisis.

Corrientes se ha convertido en la provincia con la tasa más alta de mortalidad infantil de Argentina: 14 niños y niñas mueren antes de cumplir un año por cada mil nacidos vivos. Esta cifra no solo duplica el promedio nacional, sino que marca un preocupante retroceso en un indicador clave del desarrollo social. Según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación correspondientes a 2024, la tasa de mortalidad infantil en el país pasó de 8 a 8,5 muertes cada mil nacidos vivos, el primer aumento en más de dos décadas.

Detrás de Corrientes, otras provincias del norte argentino completan un ranking que refleja desigualdades profundas: Chaco (11,8), La Rioja (11,7), Formosa y Santiago del Estero (ambas con 10,7). Son regiones donde la pobreza estructural y las dificultades para acceder a la salud se combinan con un Estado que, según especialistas, ha reducido su rol rector en políticas sanitarias.

En números absolutos, durante 2024 fallecieron 3.513 menores de un año en todo el territorio nacional. Aunque la cifra es menor a la del año anterior (3.689), los expertos advierten que esta reducción se explica principalmente por la caída en la natalidad, no por mejoras en las condiciones de vida o en la atención médica.

¿Por qué están muriendo más niños y niñas?
Las causas son múltiples, pero el informe destaca dos factores principales: las afecciones perinatales (relacionadas con el embarazo, parto y primeros días de vida) y las malformaciones congénitas. Sin embargo, detrás de estos datos técnicos hay realidades concretas: embarazos sin controles adecuados, partos en condiciones precarias, dificultades para acceder a medicamentos y una creciente vulnerabilidad socioeconómica.

Fernando Zingman, exfuncionario de Unicef Argentina, lo resume con crudeza: “Las provincias están resolviendo cada una por su lado”. En un contexto de reducción de programas nacionales y de personal en el área de salud, las regiones más pobres quedan expuestas a un sistema fragmentado y desigual.

La historia detrás del número
La mortalidad infantil se divide en dos etapas: la neonatal (primeros 27 días) y la posneonatal (hasta el año). En la primera, influyen factores como la calidad de la atención durante el embarazo y el parto; en la segunda, las condiciones ambientales y socioeconómicas —como la nutrición, el acceso al agua segura y la prevención de infecciones— juegan un papel decisivo.

En provincias como Corrientes, el deterioro es palpable: familias que postergaron controles pediátricos por no tener dinero para el transporte, centros de salud con insumos básicos faltantes, y un aumento del desempleo que limita cualquier posibilidad de cuidado preventivo. “Muchas veces, la atención llega tarde”, señalan desde la Fundación Soberanía Sanitaria.

Un llamado a la reflexión
Este no es solo un problema estadístico. Cada número representa una vida que se perdió, una familia afectada, un sistema que falló. La mortalidad infantil es un termómetro de cómo una sociedad cuida a sus miembros más vulnerables.

¿Qué pasa cuando el Estado se retira? ¿Cómo impactan la pobreza y la falta de acceso a la salud en la vida de los recién nacidos? ¿Estamos naturalizando estas muertes como “datos inevitables” de las provincias del norte?

La respuesta a estas preguntas no es solo responsabilidad de los gobiernos, sino de toda la sociedad. Porque detrás de cada tasa hay rostros, historias y un futuro que no debería truncarse en el primer año de vida.

¿Qué pensás sobre estas cifras? ¿Creés que la mortalidad infantil es un reflejo de otras desigualdades en Argentina? Dejanos tu opinión.