Miércoles caliente: el pulso de la patria se siente en la calle
Mientras adentro se negocian artículos, afuera se negocia la dignidad. El Congreso amaneció cercado por la historia y por el ruido de miles que no quieren perderlo todo.
La plaza que le habla al palacio
Son las 9 de la mañana y la Plaza de los Dos Congresos ya no es gris. Es una marea de banderas, termos de mate, ojos que miran fijo las puertas cerradas del Senado. Adentro, los 72. Afuera, los que nunca cuentan en los votos pero sí en las consecuencias.
«Hoy no venimos a pedir. Venimos a frenar», dice Ramón, delegado metalúrgico de Avellaneda, con la voz ronca de tanto repetir la misma consigna desde el 75.
La reforma laboral que el oficialismo busca aprobar tiene 182 artículos. Pero Ramón los redujo a uno solo: «Nos quieren sacar lo poco que nos queda».
El mapa del ajuste: ¿modernización o liquidación?
El Gobierno habla de modernización. La CGT habla de precarización. El dato frío: la informalidad afecta al 43% del empleo en Argentina. El dato caliente: la reforma propone jornadas de hasta 12 horas, pago en moneda extranjera, en comida o en alojamiento, y vacaciones fraccionadas.
«¿Vacaciones fraccionadas? Yo hace dos años que no salgo de vacaciones», suelta Miriam, empleada de comercio en Lomas de Zamora. «Ellos hablan de libertad. Yo escucho: te puedo pagar menos, te puedo echar más fácil, te puedo hacer laburar un sábado sin pagarte».
El debate en el Senado comenzará al mediodía. Pero el debate en la calle empezó mucho antes.
Los que sí, los que no, los que dudan
El oficialismo asegura tener 44 votos. Los necesarios. Los justos. Pero para eso tuvo que ceder: 28 modificaciones al proyecto original. Gobernadores de distintos signos políticos lograron frenar la rebaja del Impuesto a las Ganancias, que hubiera significado una pérdida de 3 billones de pesos para las provincias. Los bancos festejan: se cae el artículo que permitía cobrar el sueldo en billeteras virtuales. Los gremios, un respiro: la eliminación de aportes sindicales se posterga dos años.
Cada modificación es una batalla. Cada batalla, una rendición disfrazada de acuerdo.
«El gobierno dice que escucha. Pero escucha a los gobernadores, a los bancos, a los empresarios. A nosotros nos escucha cuando cortamos la 9 de Julio», resume una dirigente de la CTA, con el puño en alto.
La calle no espera
El transporte aéreo, naval y el subte de Buenos Aires ya tienen paro. Los estatales, los metalúrgicos, los aceiteros. No es una huelga general, pero duele. Duele en la logística, en la producción, en el bolsillo de los que no adhieren. Pero duele más, dicen, lo que viene.
Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, anunció que se suma a la movilización. «Es una ley de precarización laboral», disparó. Su presencia en la plaza es una postal: el peronismo, otra vez en las calles, otra vez enfrentado a un gobierno que prometió dinamitar todo.
Pero no es solo peronismo. Hay radicales, hay izquierda, hay independientes. Hay una madre con un carrito de bebé y un cartel escrito con marcador: «Mi hijo no va a laburar 12 horas como vos, viejo».
Preguntas que se lleva el viento de la plaza
¿Cuánto vale un derecho cuando lo venden como «modernización»?
¿Quién defiende al que trabaja cuando las leyes se escriben en una mesa con banqueros?
¿Qué queda del trabajo cuando el salario puede pagarse con un plato de comida?
La respuesta no está en los artículos. Está en los ojos de Ramón, que hoy cumplió 64 años y los festejó marchando. En las manos de Miriam, que sostiene un mate amargo mientras mira el Congreso. En el silencio de los 43 de cada 100 argentinos que trabajan en negro y ni siquiera pueden protestar porque no existen para el sistema.
La reforma se vota hoy. La resistencia se vive todos los días.
Afuera, la patria sigue pariendo gritos. Adentro, ojalá aprendan a escuchar.
#ReformaLaboral #MiércolesCaliente #CGT #ParoNacional #DerechosLaborales
Crónica de una jornada histórica. El pueblo en la calle. El Congreso en debate. Argentina en vilo.
