2,9% de inflación: el número que no alcanza para llenar la heladera
Enero fue más barato, dicen. Pero el salario sigue siendo el mismo. Y la deuda, esa que no duerme, crece cada vez más rápido que el alivio.
El alivio que no llega al almacén
Fernando Savore abre su negocio todos los días a las 7 de la mañana. Atiende el mostrador, escucha quejas, fía cuando puede. Es vicepresidente de la Confederación General Almacenera Nacional, pero sobre todo es el que ve de frente cómo la gente entra, mira los precios, da media vuelta y se va.
«Un 4,7% en enero en alimentos no es poca cosa», dice. El INDEC anunció un 2,9% de inflación general. Pero adentro del almacén, la leche, el pan y la yerba no se enteraron de esa noticia.
El escenario de estanflación ya tiene nombre y apellido: precios que suben, ventas que caen, sueldos quietos. «Hoy estamos en la entrada de una estanflación», advierte Savore. Es la primera vez en años que la palabra deja de ser técnica y se dice en la mesa de un almacén de barrio.
Cuando el sueldo ya no alcanza ni para llegar
«Ya no hay comienzo de mes», dispara Savore. La frase es brutal porque es cierta.
Antes, el 5 o el 10, la gente llegaba con el recibo de sueldo y compraba lo del mes. Ahora, cuando cobran, ya deben. Los servicios, la tarjeta de crédito, los préstamos personales. Parte del salario ya está comprometido antes de tocar la mano del almacenero.
Los clientes se animan a confesar: solo les queda entre el 35% y el 40% del sueldo para el resto del mes. El resto ya lo gastaron sin gastarlo. Está en un plástico, en una cuota, en una promesa de pago que vence antes de que llegue el próximo ingreso.
El mapa del endeudamiento
Claudio Montiel, director de la consultora Zentrix, pone números a la angustia: «Más de la mitad de las familias están en una situación de endeudamiento». No es una deuda elegida, no es una decisión de consumo suntuario. Es la deuda del que no llega.
Y no es una sola fuente de ingresos. «Varios trabajos, poco tiempo disponible», describe Montiel. La foto es una familia que multiplica changas, horas extras, laburos informales, para no caer.
El 75% de la gente dice que su salario no le gana a la inflación. Es decir, 3 de cada 4 trabajadores sienten que cada mes corren una carrera que ya perdieron antes de largar.
La economía que no seduce a la política
Hay un dato que descoloca a los analistas: la inflación baja, el bolsillo sangra, pero la imagen del Presidente se sostiene en 45%.
¿Cómo se explica? Montiel intenta una respuesta: «Es un gobierno que propone constantemente cambios, puedan ser buenos o malos». Y agrega: «No hay una identificación clara de una oposición».
Mientras tanto, Savore insiste: «El ministro de Economía tiene que meter las manos en el bolsillo, tienen que subir los salarios». No es un reclamo ideológico. Es el pedido de un comerciante que necesita clientes con plata para venderles mercadería.
Preguntas que duelen en el mostrador
¿Cuánto vale un 2,9% de inflación cuando la leche subió 10%?
¿Cómo se mide la economía de un país si la mitad de las familias no llega a fin de mes?
¿Hasta cuándo se puede estirar un sueldo que ya no estira?
La respuesta no está en los índices. Está en las góndolas medio vacías, en las tarjetas al límite, en la señora que pide fiado con vergüenza, en el pibe que trabaja 14 horas y todavía debe.
Los números dicen que la inflación baja. La gente dice que no alcanza.
La economía no es una ciencia exacta. Es una conversación de almacén.
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Crónica de un enero más barato pero igual de difícil. El salario que no alcanza. El almacén que escucha.
