El monstruo que entra por la pantalla: «El grooming pasó a ser lo primero»
No es un virus. No es un ladrón. Es un adulto que se hace pasar por un amigo y entra a la habitación de tu hijo a través del celular. Y hoy, advierten los especialistas, es el riesgo número uno.
La alarma que no suena
Mavis Matto atiende niños y adolescentes. Escucha sus miedos, sus silencios, esas cosas que dicen a medias porque no encuentran las palabras. Y desde hace un tiempo, nota algo que la aterra: el grooming ya no es una amenaza lejana. Es la primera.
«Las peleas y las agresiones por internet, el grooming pasó a ser lo primero», dice la psicopedagoga en CIUDAD TV. No es una impresión. Es el resultado de años de consultorio, de padres que llegan desorientados y de chicos que ya no saben distinguir entre un halago y una trampa.
Lo que antes empezaba en la esquina del barrio, ahora empieza en un chat privado. Un «hola, ¿cómo estás?». Un «qué linda foto». Un «¿tenés Instagram?».
Y detrás de la pantalla, un depredador.
El cuerpo que madura antes que la cabeza
Hay un engaño biológico que pocos nombran. Los chicos acceden a información de adultos antes de que su cerebro esté preparado para procesarla.
«Los celulares distorsionan y hacen que los chicos maduren antes cuando no tienen determinadas áreas del cerebro todavía maduras», explica Matto. El resultado es una generación con conductas adultas y desarrollo infantil.
Sabés cómo responder un mensaje sexual, pero no sabés qué hacer con la angustia que te deja. Tenés 12 años y manejás un vocabulario afectivo que no entendés del todo. Tu cuerpo reacciona, pero tu cabeza todavía cree en los monstruos.
Maduran las conductas, pero no el desarrollo biológico. Esa fractura es el caldo de cultivo del grooming.
La escuela que ya no es un refugio
Las agresiones no se quedan en el chat. Los chicos se encuentran en el aula al día siguiente. El acoso digital se vuelve acoso presencial. La humillación privada se convierte en burla pública.
«Hoy las peleas comienzan en el barrio o en grupos reducidos de internet y se trasladan a la escuela», describe Matto.
La escuela, ese espacio que alguna vez fue territorio neutral, hoy es el escenario donde se dirimen batallas que empezaron en la madrugada, con el teléfono bajo la almohada.
Algunas provincias ya reaccionaron. En Mendoza, la restricción de celulares en las aulas dio resultado. No es prohibir por prohibir. Es entender que el uso pedagógico debe ser regulado por el docente, no por el algoritmo.
«Si el docente necesita trabajar con internet, lo tiene que regular él», sostiene la especialista. En otros países, la tecnología está limitada al aula. No se usa en el recreo. No se usa en el comedor. Se usa para aprender, no para aislarse.
El adulto que falta
Hay una frase de Matto que debería estar enmarcada en todas las escuelas y en todas las casas: «El adulto tiene que ser adulto».
Parece una obviedad. No lo es.
«Venimos de una sociedad muy autoritaria y pasamos a una demasiado democrática, donde no existe la autoridad», diagnostica. El niño no puede elegir todo. El adolescente necesita rumbo.
El adulto que no controla el celular de su hijo no es democrático. Es ausente. El adulto que no pregunta con quién chatea no es respetuoso. Es negligente.
El grooming se alimenta del silencio de los grandes.
Lo que viene
Matto habla de investigaciones en Reino Unido, Estados Unidos y Europa que ya advierten sobre «toda una generación con problemas para relacionarse con otras personas y para alcanzar determinados procesos de abstracción».
No es catastrofismo. Es evidencia.
Los chicos que hoy no pueden sostener una conversación sin mirar la pantalla serán adultos que no podrán sostener un vínculo. Los que hoy aprenden que el amor es un like serán adultos que no sabrán pedir perdón.
El grooming es la punta del iceberg. Abajo está la soledad, la confusión, la falta de referentes.
Preguntas para mirar la pantalla de otra manera
¿Cuándo fue la última vez que viste el celular de tu hijo?
¿Sabés con quién habla cuando se encierra en su cuarto?
¿Le enseñaste que hay cosas displacenteras que tenemos que hacer igual porque son responsabilidades?
El niño busca placer. El adulto tiene que poner límites. Eso no es autoritarismo. Es crianza.
El grooming no es un problema de seguridad informática.
Es un problema de vínculo. Y el vínculo se construye con presencia, con preguntas, con «dame el celular que ya es tarde».
No con apps de control parental. Con control parental de verdad.
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Alerta de una especialista. El riesgo número uno en la red. Lo que todo adulto debería saber.
