Oscar Dudik: «No estamos por hacer lo que se hizo en el Chaco en los últimos veinte años»
El ministro de Producción chaqueño recibió a CIUDAD TV con dos frentes abiertos: el conflicto por el Fondo Estímulo que golpea el bolsillo de sus empleados y la batalla judicial por los bosques nativos que recién empieza a ganar. En el medio, una frase que busca marcar época: eficiencia, control y ley.
El fallo que destrabó la madera
Oscar Dudik no oculta el alivio. Durante enero, mientras gran parte de la administración pública hacía la feria, él y su equipo legal pasaron las tardes con los expedientes abiertos, esperando una decisión del Superior Tribunal de Justicia.
Llegó. Y fue favorable.
El STJ rechazó la inconstitucionalidad de la ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) y levantó la cautelar que paralizaba la actividad forestoindustrial en la provincia.
«Nos sorprendimos, aunque estábamos esperando ansiosos el fallo», admite. «Y estábamos convencidos de que habíamos hecho muy bien las cosas».
No es para menos. La medida cautelar había sido presentada por una organización ambientalista en la feria judicial, con información que el ministro califica como «parcial». El resultado: incertidumbre, parálisis, productores que no sabían si podían seguir trabajando.
Ahora, con el fallo en la mano, la industria forestal chaqueña respira.
La diferencia entre talar y gestionar
Dudik hace una pausa. Sabe que hablar de bosques nativos en el Chaco es caminar sobre terreno sensible. Por eso separa, clasifica, define.
«Una cosa es el aprovechamiento forestal, otra es el deslinde para alambrado, otra es el manejo silvopastoril. Y otra, totalmente distinta, es el desmonte».
El ministro insiste en la distinción. No es un detalle técnico. Es el corazón de la política ambiental que dice querer implementar.
«Nosotros no estamos por hacer lo que se hizo en el Chaco en los últimos veinte años, ¿se entiende?»
La pregunta no es retórica. Es una advertencia. Durante las dos décadas anteriores, el desmonte fue moneda corriente. A veces con permiso, a veces sin él. A veces mirando para otro lado.
Dudik asegura que esta gestión es diferente. Cuando la justicia federal levantó la primera cautelar, podrían haber habilitado decenas de pedidos de cambio de uso de suelo. No lo hicieron.
«No dimos un solo permiso. No permitimos que ningún productor ni empresa presente un pedido hasta tener nuestra reglamentación definida».
Esa reglamentación, dice, incluye trazabilidad, control y condiciones estrictas para la sustitución de masa boscosa.
El desafío ahora es demostrar que no es sólo un discurso.
El Fondo Estímulo: la grieta interna
El otro frente es más incómodo porque está puertas adentro.
Los empleados del Ministerio de Producción vieron reducir sus ingresos. El Fondo Estímulo, ese plus que se paga con el 80% de lo que recauda la cartera, se achicó. Y los agentes, lógicamente, reclaman.
Dudik no esquiva el tema. Sabe que hay malestar. Pero sostiene que sus manos están atadas.
«Lo que se hizo fue eliminar algunos conceptos que, a entender de las reparticiones que intervinieron, no corresponden para el cálculo de ese Fondo Estímulo».
No fue una decisión política, argumenta. Fueron dictámenes legales. Y aunque hubiera querido seguir pagando como antes, dice, «no iba a tener ningún tipo de viabilidad».
«Tenemos toda nuestra voluntad para tratar de que el Estado sea eficiente, pero todo lo tenemos que hacer en el marco de la ley».
La frase condensa su posición: eficiencia sí, pero con reglas. Aunque esas reglas duelan. Aunque los empleados sientan que el ajuste lo pagan ellos.
El desafío de gobernar con dos relojes
Dudik enfrenta una paradoja común en la gestión pública. Por un lado, debe garantizar derechos adquiridos por los trabajadores de su ministerio. Por otro, debe administrar recursos que nunca alcanzan y someterse a controles legales que antes se salteaban.
La promesa de «no hacer lo que se hizo en los últimos veinte años» implica también no repetir las malas prácticas administrativas: el pago fuera de norma, la discrecionalidad en los montos, la falta de control.
Pero ese cambio, necesario para la salud fiscal de la provincia, tiene un costo político inmediato. Y ese costo lo pagan, primero, los propios empleados.
Preguntas para una gestión que promete diferencia
¿Cuánto tiempo tiene un gobierno para demostrar que su forma de hacer las cosas es distinta?
¿Cómo se equilibra la eficiencia del Estado con el derecho de los trabajadores a mantener su poder adquisitivo?
¿Qué garantías existen de que el control sobre el desmonte no sea otra promesa incumplida?
Dudik apuesta a que el fallo del STJ y la reglamentación del OTBN sean la prueba de que esta vez es en serio. Pero el reloj corre. Los empleados esperan respuestas. Los ambientalistas, vigilantes. Los productores, certezas.
«No estamos por hacer lo que se hizo en los últimos veinte años».
La frase ya está dicha. Ahora falta que el tiempo la convierta en gestión.
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Entrevista con Oscar Dudik. El desafío de gobernar con reglas distintas. La tensión entre eficiencia y derechos adquiridos.
