Cielo nublado, calor y la promesa de la lluvia: el Chaco respira entre tormentas y ríos tranquilos
Mientras el norte se prepara para una nueva ola de calor, el cielo chaqueño empieza a mostrar señales. Nubes que cargan agua, viento que cambia de dirección y un río Paraná que, por ahora, duerme tranquilo.
El calor que no da tregua
Los termómetros no bajan. El miércoles arrancó con 22 grados y trepa sin piedad hasta los 35. El jueves, más: 37 grados promete la Administración Provincial del Agua. El viernes, un leve respiro: 35 otra vez, pero con viento del sur.
Es febrero en el Chaco. El asfalto se ablanda, las siestas se alargan, los ventiladores giran sin parar. El calor no es noticia. Es paisaje.
Pero esta semana hay algo distinto.
El cielo no es el mismo. Las nubes llegaron. No son esas nubes altas y deshilachadas que apenas decoran el azul. Son nubes gruesas, grises, cargadas.
La lluvia que se anuncia
Para el sudoeste provincial, la probabilidad de chaparrones crece con las horas. El miércoles a la noche, el jueves por la tarde, el viernes con más fuerza. Tormentas aisladas, dicen los partes. Precipitaciones sobre la cuenca del Bermejo.
En el campo, los productores miran al cielo. La lluvia, cuando llega en febrero, es siempre una bendición y un temor. Bendición para los cultivos, para la tierra seca, para el ganado que sufre la falta de pasto. Temor por los caminos rurales que se vuelven barro, por los accesos que se cortan, por el agua que no siempre viene con medida.
«Que llueva, pero que no se desate», repite el saber campesino.
El Paraná que duerme
Hay una buena noticia que no es noticia. Los ríos están bajos.
En Barranqueras, el Paraná marca 2,14 metros. El nivel de alerta es 6 metros. Hay 4 metros de diferencia. Esa diferencia es tranquilidad.
En Andresito, 0,85 metros. En Iguazú, 9,30. En Ituzaingó, 1,30. Todos muy por debajo de los niveles de preocupación.
No hay lluvias en las cuencas del Paraná ni del Iguazú. El agua que viene del norte no amenaza. El río, por ahora, es un aliado silencioso.
El Bermejo, ese otro río
La atención está puesta en el Bermejo. Allí, en las nacientes, ya se reportan lluvias débiles a moderadas. No es una emergencia. Es un aviso.
El Bermejo es traicionero. Cuando llueve en Salta o en Jujuy, el agua tarda en llegar pero llega. Y cuando llega, a veces viene con furia. Los chaqueños que viven en sus orillas lo saben. Por eso miran los partes con atención, con esa mezcla de respeto y costumbre.
Por ahora, sólo lluvias débiles. Por ahora.
La vida que sigue bajo el calor
Mientras los meteorólogos miran satélites y los hidrólogos miden centímetros, la vida en el Chaco sigue su curso.
Los pibes van a la escuela con la mochila pegada a la espalda sudada. Las mamás cuelgan la ropa antes de que el sol la seque demasiado rápido. Los almaceneros esperan clientes que llegan sólo cuando el calor afloja, después de las seis.
El tiempo inestable no es sólo un dato del clima. Es el ritmo de una provincia que aprende a convivir con extremos.
Preguntas para mirar el cielo
¿Cuántas tormentas anunciadas terminan en apenas cuatro gotas?
¿Cuántas veces el río crece cuando nadie lo espera?
¿Qué hacemos con este calor que ya no es solo febrero, sino todos los meses?
El Chaco espera la lluvia. Con los brazos abiertos y los pies listos para correr si se desborda.
El pronóstico es incierto. Como siempre.
Pero esta semana, al menos, los ríos están tranquilos. Y eso, en una provincia de agua y tierra, es la mejor noticia que podíamos tener.
#Chaco #Clima #Pronóstico #Lluvias #RíoParaná #APA
Calor, tormentas y ríos en calma. La semana que el cielo chaqueño se prepara para largar agua.
