El microcentro de Tucumán se transforma: cierres, locales más chicos, showrooms y ventas online

El comercio tradicional enfrenta una de sus etapas más desafiantes, pero detrás de los carteles de «alquiler» se esconde un proceso de reconversión: muchos negocios no desaparecen, sino que migran a formatos más pequeños, digitales o informales. La presión tributaria, la caída del consumo y la competencia de importaciones marcan el pulso de una mutación silenciosa.

El microcentro de San Miguel de Tucumán atraviesa una de sus etapas más desafiantes de los últimos años. En distintas cuadras ya es habitual encontrar locales vacíos, carteles de alquiler y comercios que reducen metros cuadrados o directamente bajan la persiana. Sin embargo, detrás de esa imagen de contracción no hay un fenómeno uniforme de quiebras masivas, sino un proceso más complejo: el comercio tucumano está cambiando de formato .

El consumo no acompaña

El impacto de la caída del consumo es innegable. Las ventas minoristas vienen mostrando retrocesos interanuales y el rubro indumentaria aparece entre los más afectados. En diciembre, la merma fue significativa y el verano profundiza la estacionalidad negativa, con descensos que históricamente rondan entre el 30% y el 40% en enero y febrero. El poder adquisitivo debilitado explica buena parte de la retracción .

Historias de resistencia y reinvención

En ese contexto, las historias individuales revelan matices. Cynthia Rodríguez, propietaria de «Dasani Moda» durante 13 años, tomó la decisión de cerrar dos de sus cinco locales. La medida no fue abrupta, sino el resultado de una presión acumulada. Señala la pérdida del poder de compra de sus clientas, la dificultad para sostener equipos de trabajo y el ingreso creciente de mercadería importada, que en 2026 —según describe— se volvió mucho más notorio que el año anterior .

A pesar de haber apostado fuerte por redes sociales, tienda online e incluso importación directa para mejorar márgenes, los costos estructurales terminaron pesando más. Alquileres, servicios, salarios y una carga impositiva que, según calcula, representa más del 30% del precio final de cada prenda, redujeron su rentabilidad al mínimo. También advierte sobre la competencia informal de ferias y showrooms en domicilios particulares, que operan con menores cargas .

El caso de Luisina Neme es distinto. Tras 15 años al frente de «Luisina Vestidos», decidió cerrar el local, pero no por fracaso económico. Define su decisión como un cambio de ciclo. De hecho, asegura que 2025 fue su mejor temporada en términos de alquileres de vestidos. Su estrategia ahora es reconvertirse y expandirse hacia otros formatos y propuestas comerciales. En su caso, el cierre no significa retirada, sino reposicionamiento .

Patricio Velles, dueño de la sastrería femenina «Vértice», continúa resistiendo en el mismo local pese a lo que describe como una «crisis terrible». Para él, el problema es integral. Habla de baja de consumo, apertura de importaciones, dificultades de administración en algunos casos y, sobre todo, presión tributaria. Insiste en que el peso de los impuestos termina siendo más determinante que el valor del alquiler. Su negocio sobrevive gracias a la adaptación constante y a una estructura ajustada al máximo .

Lo que dicen los números: transformación, no colapso

Desde la Federación Económica de Tucumán sostienen que el fenómeno debe leerse como una transformación más que como un colapso. Según sus relevamientos del denominado microcentro extendido —entre calles Santiago y General Paz, y desde La Rioja hasta Monteagudo— existen alrededor de 2.480 locales comerciales distribuidos en 124 cuadras, además de más de 300 locales en galerías .

El dato clave es que entre el 4% y el 5% de los locales se desocupan mensualmente, pero el 70% de esos casos no implica baja formal de CUIT. Es decir, muchos comerciantes no desaparecen: se mudan a zonas con alquileres más accesibles, reducen superficie o migran a showrooms en pisos superiores y ventas digitales. Lo que cambia es el formato .

La tecnología acelera el cambio

La tecnología acelera esta transición. El comercio electrónico crece mientras el presencial cae desde hace más de seis meses consecutivos. El público de entre 25 y 49 años muestra alta propensión a comprar online, lo que obliga a los negocios tradicionales a invertir en plataformas, logística y marketing digital .

El debate sobre alquileres e informalidad

El debate sobre los alquileres también aparece en el análisis. Desde el sector inmobiliario sostienen que Tucumán mantiene valores comerciales relativamente bajos en comparación con otras provincias y que las actualizaciones trimestrales por IPC permiten acompañar la evolución económica. Sin embargo, muchos comerciantes coinciden en que el principal obstáculo no es el alquiler, sino la estructura tributaria y el escaso margen que deja la facturación actual .

La informalidad agrava el cuadro. Se estima que supera el 60% en la provincia, afectando tanto a trabajadores como a pymes formales y al propio Estado. La competencia desigual erosiona márgenes y desalienta nuevas inversiones. Al mismo tiempo, el acceso al crédito es limitado y costoso. Las tasas de refinanciación de tarjetas pueden superar el 120% anual para quienes pagan el mínimo, restringiendo aún más el consumo .

Sobrevivir con «inteligencia operativa»

En este escenario, la estrategia predominante es defensiva. Liquidaciones agresivas para recuperar capital inmovilizado, promociones creativas, alianzas comerciales y reducción de costos operativos forman parte de la rutina diaria. Muchos comerciantes hablan de «inteligencia operativa»: analizar horarios de mayor venta, perfil demográfico del cliente y estructura de gastos para sobrevivir con márgenes mínimos .

Expectativas para 2026

De cara a 2026, las expectativas están puestas en una eventual recuperación del consumo hacia el segundo semestre. La esperanza se apoya en posibles reformas laborales, financieras y tributarias que alivien la carga sobre las pymes y reactiven la demanda .

Mientras tanto, el microcentro tucumano vive una mutación silenciosa. Menos vidrieras tradicionales, más ventas digitales. Menos expansión física, más estrategia. No todos los que bajan la persiana abandonan el comercio. Muchos simplemente cambian de lugar, de formato o de modelo de negocio. La crisis, en definitiva, no sólo reduce: también obliga a reinventarse .

¿Cómo vivís vos estos cambios en el centro de Tucumán? ¿Comprás más online o preferís la atención presencial? Dejanos tu comentario.