Del aula a las redes: el lado más oscuro del bullying digital que «persigue para toda la vida»
Tras los casos resonantes en el Chaco, Julio López, especialista en ciberseguridad, alertó sobre la masificación del hostigamiento online y la falta de respuestas institucionales eficaces.
El recrudecimiento de episodios de acoso escolar en el Chaco, con dos casos recientes que generaron conmoción —uno vinculado a hostigamiento sostenido entre estudiantes y otro por amenazas anónimas a través de redes sociales—, reactivó el debate sobre el bullying en la era digital. «Lo que vimos en las últimas semanas no es nuevo, pero sí más visible. El problema viene creciendo silenciosamente», advirtió a este medio un especialista en educación.
Julio López, gerente de Ciberseguridad, Inteligencias y Fraudes del Nuevo Banco del Chaco, analizó el fenómeno y advirtió sobre la magnitud que adquirió el problema, la exposición de los menores y la necesidad de respuestas coordinadas entre familias, escuelas y especialistas.
El bullying anónimo y masivo
López remarcó que el acoso entre menores cambió radicalmente en los últimos años, pasando de situaciones presenciales y acotadas a entornos digitales donde el daño se multiplica y perdura. «Antes el bullying era cara a cara. Hoy se hace de manera anónima y masiva», explicó, al tiempo que señaló que el alcance ya no se limita a un aula o a una escuela. «Un comentario ofensivo en una red social lo pueden ver cientos o miles de personas en minutos. Eso antes no pasaba», señaló.
En ese sentido, advirtió que la principal diferencia es la escala y la permanencia del daño. «Hoy se le puede hacer bullying a un chico de a miles y esa imagen queda para siempre. Antes terminabas la escuela y cambiabas de entorno; hoy lo que hacés te persigue toda la vida», sostuvo. Además, cuestionó las comparaciones generacionales: «No es lo mismo decir ‘antes también pasaba y sobrevivimos’, porque ahora el impacto es mucho mayor». «La huella digital es eterna. Un video humillante subido a los 14 años puede seguir circulando cuando tengas 40. Eso es terrorífico», agregó.
Depredadores digitales
El especialista alertó también sobre la figura de los depredadores sexuales en entornos digitales, quienes aprovechan la exposición de los menores en redes sociales y plataformas de mensajería. «Antes había que cuidarse de alguien en un radio de pocas cuadras; hoy un celular conecta a un chico con millones de personas», explicó. Según detalló, estos delincuentes suelen infiltrarse en vínculos virtuales y avanzar progresivamente hacia situaciones de mayor vulnerabilidad. «Empujan a los chicos a compartir una imagen íntima en un contexto de confianza. Cuando el menor la envía, queda expuesto a la extorsión: le piden más contenido bajo amenaza de difundir lo que ya tienen», indicó.
Además, advirtió que estos atacantes no solo acceden a la víctima, sino también a su entorno social, lo que amplifica el daño. «No le hacen daño solo a él, sino a su familia, a sus amigos, a toda su red de contactos. La humillación es múltiple», explicó.
El rol de padres y escuelas
Para López, uno de los principales desafíos es el rol de los adultos en la prevención. «Muchas veces le exigimos a la escuela cosas que pasan fuera de ella, en el mundo digital. La escuela es un espacio de contención, pero el problema excede sus límites», planteó. «No podemos pretender que un docente resuelva algo que pasó un sábado a la noche en un chat de WhatsApp. Eso es responsabilidad de las familias», señaló.
En esa línea, subrayó la importancia del diálogo y la construcción de confianza en el ámbito familiar. «Hay que enseñarles a cuidar su imagen íntima. Ese es su bien más preciado», afirmó. También recomendó a los padres involucrarse activamente en la vida digital de sus hijos: «Preguntar con quién hablan, cómo lo conocieron. Para los chicos, conocerse puede ser solo virtual, pero la única forma de saber si alguien es real es cara a cara». «Muchos padres tienen miedo de invadir la privacidad de sus hijos, pero la seguridad está primero. No se trata de espiar, sino de acompañar», aclaró.
Por último, advirtió que los protocolos escolares deben actualizarse para actuar con rapidez ante situaciones que ya superan el ámbito tradicional. «Los protocolos existen, pero son lentos. Cuando la escuela reacciona, el daño ya está hecho», criticó.
El hostigamiento digital rompe cualquier límite
Los casos recientes, registrados con acoso sostenido entre estudiantes y amenazas anónimas en redes, encuentran un correlato en las experiencias que describió Julio López. El especialista advirtió que lo ocurrido en el Chaco es parte de una lógica global donde el hostigamiento digital expone a los menores de manera masiva. En ese sentido, recordó un caso en Chascomús, donde la difusión de un video íntimo de un menor circuló por todo el pueblo. «Ese chico no tiene dónde escapar», graficó. «Imaginá que todo tu pueblo vio un video tuyo que no querías mostrar. ¿A dónde vas? ¿Cómo seguís?», reflexionó.
Para López, la tecnología potencia el daño y obliga a actuar con urgencia, ya que prevenir y acompañar a tiempo puede marcar la diferencia. «No se trata de prohibir el celular. Se trata de educar. Un chico educado en el uso responsable de la tecnología tiene muchas menos chances de ser víctima o victimario», concluyó.
En primer lugar, el bullying digital se caracteriza por ser anónimo, masivo y permanente, a diferencia del acoso presencial. A continuación, los depredadores sexuales aprovechan la exposición de los menores en redes para extorsionarlos. Además, las familias tienen un rol clave en la prevención y el diálogo. Por último, los protocolos escolares deben actualizarse para responder con rapidez a situaciones que exceden el aula.
¿Sufriste o conocés a alguien que haya sufrido bullying digital? ¿Qué medidas de prevención tomás en tu casa? Compartí tu experiencia. La seguridad digital de los más chicos es responsabilidad de todos.
