Villa San Martín tiró al gigante y ahora va por Lanús: el Tricolor no le teme a nadie, che

¿Que quién es el candidato? Que si el número uno de la Conferencia Norte, que si Amancay era imbatible, que si los playoffs son para los grandes… ¡Basta, che! Villa San Martín acaba de demostrar que el básquet se juega en la cancha, no en los papeles. Eliminaron 3 a 1 al poderoso Amancay, le dieron un golpe que retumbó en toda la Liga Argentina, y ahora se metieron entre los ocho mejores. ¡Vamos Villa, carajo!

El Tricolor chaqueño no solo ganó, sino que convenció. Mostró carácter, personalidad, y ese algo que tienen los equipos que creen. Eduardo «Chiche» Japez armó un grupo que sabe sufrir, que sabe golpear en los momentos justos, y que no se achica ante nadie. Y eso, en playoffs, vale más que cualquier estadística.

La hinchada está que explota. Los que viajaron a Amancay volvieron con la garganta rota. Los que vieron los partidos en el «Microestadio» se quedaron con la piel de gallina. Porque este Villa no es el de la fase regular nomás, es un Villa que encontró su mejor versión cuando más la necesitaba. «Esto recién empieza», dicen los más viejos, y tienen razón.

Ahora viene otro monstruo: Lanús, el primero de la Conferencia Sur, que viene de barrer 3 a 0 a Quilmes. ¿Impresiona? Sí. ¿Asusta? Para nada. Porque Villa ya mató a un número uno y no le tiembla el pulso para intentarlo de nuevo. La serie es al mejor de cinco, con ventaja de localía para los bonaerenses. Pero el Tricolor tiene un plan claro: robar uno afuera y cerrar todo en casa.

Dale Villa, dale todos los partidos. Dale con esa defensa que asfixia, con esa confianza que crece partido a partido. Porque este equipo demostró que el «golpe» no fue casualidad: fue justicia deportiva. Y ahora, con la presión del otro lado, van a jugar como saben: sin complejos, con el alma y con la gente.

Los cruces ya están definidos. Juego 1 será el 30 de abril en Lanús. Juego 2 el 2 de mayo. Después, todo puede pasar. Porque en estos playoffs, el candidato es cualquiera, y Villa San Martín tiene algo que no se compra: hambre de gloria.

La pregunta, es esta: ¿vos ya tenés las entradas para cuando vuelvan a casa? Porque esto recién empieza, y el Tricolor va a necesitar cada garganta, cada aliento, cada «dale Villa» desde la tribuna. A preparar los pulmones, que el sueño sigue. ¡Vamos Villa, carajo!