«No voy a renunciar»: Adorni se paró frente a los diputados, se victimizó, chicaneó y evadió las respuestas
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, llegó al Congreso con un libreto claro: negar todo, atacar a la oposición y salir caminando. No dio el brazo a torcer. En una exposición que duró horas, se paró frente a los diputados y aseguró que «no cometió ningún delito», que los viajes los pagó «de su bolsillo» y que las denuncias en su contra son parte de un circo montado para desgastar al gobierno. Y cuando le preguntaron si iba a renunciar, fue tajante: «No. Por el contrario: estoy acá dando la cara».
El primer tramo de su discurso fue una mezcla de victimización y chicana. Dijo que las acusaciones por supuestos conflictos de interés son falsas. «Es falso que yo haya coordinado la aprobación de determinadas contrataciones en favor de un tercero con supuestos vínculos previos», afirmó. También negó cualquier beneficio hacia su entorno personal: «No existen ni existieron contratos entre el Estado Nacional y mi cónyuge, ni directa ni indirectamente».
Sobre el escándalo de los viajes y la polémica por la casa en el country a nombre de su esposa, Adorni buscó desviar el foco. Dijo que se trata de su «vida privada» y que los pasajes los pagó de su bolsillo, omitiendo que percibe un sueldo como funcionario público. También aseguró que «no existe incumplimiento alguno al régimen de incompatibilidades y conflictos de interés previstos en la Ley de Ética Pública». La oposición, claro, no se lo tragó.
El funcionario insistió en que todas las acusaciones están siendo tratadas en sede judicial y buscó poner un límite a los cuestionamientos parlamentarios: «Determinar la existencia de incompatibilidades es materia judicial». En otras palabras: los diputados pueden preguntar, pero las respuestas, si las hay, las darán los jueces.
En otro tramo, Adorni defendió la postura oficial frente a las investigaciones. «Nunca un gobierno anterior colaboró de forma inmediata sobre denuncias realizadas a sus propios funcionarios», sostuvo. Y agregó que su administración respeta la división de poderes: «Somos los primeros en respetarla y bajo ninguna presión política obstruiremos el avance de ninguna causa judicial».
Hacia el final, endureció el tono. «Han sacado conclusiones equivocadas. Y quiero ser más claro todavía: no cometí ningún delito y voy a probarlo en la justicia», dijo. Y agradeció la presencia del presidente Javier Milei, de Karina Milei y del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. «Acá estoy, cumpliendo con la Constitución Nacional y mostrando el resultado de nuestro trabajo», concluyó entre aplausos de su bancada.
La oposición, en tanto, salió del recinto con la sensación de que Adorni no respondió nada. Las preguntas incómodas sobre su patrimonio, su esposa y los contratos bajo sospecha quedaron flotando en el aire. Él, mientras tanto, repitió el libreto que ya había ensayado en los pasillos: «No voy a renunciar, voy a seguir trabajando para materializar el sueño de una Argentina diferente».
La respuesta que los argentinos esperaban no llegó. Adorni habló, pero no dijo nada. Y ahora, el próximo capítulo se escribirá en los tribunales. Porque si la política no puede resolverlo, la Justicia tendrá la última palabra. Y ahí, los aplausos no alcanzan.
