Pequeño en escala, enorme en impacto: un estudiante chaqueño explora cómo diseñar los materiales del futuro

Marcos Obregón investiga nanoestructuras que pueden redirigir la luz. Su herramienta: inteligencia artificial. El objetivo: fabricar materiales «invisibles» o lentes super precisos.

4 de Mayo, 2026

Resistencia. Hay preguntas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción: ¿se puede hacer invisible un objeto? ¿Podemos crear un microscopio que vea lo invisible? Marcos Obregón, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Físicas de la UNNE, está ayudando a responderlas.

Su laboratorio no es enorme. Su escala, sí. Trabaja con nanoestructuras: materiales fabricados a dimensiones mil veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano. Allí, la física se comporta de maneras que no vemos a simple vista. Y allí aparecen oportunidades que pueden cambiar la tecnología para siempre.

¿Qué está investigando exactamente?

Obregón estudia los metamateriales: construcciones artificiales que combinan dos o más materiales en una geometría tan precisa que logran propiedades ópticas inexistentes en la naturaleza. La más fascinante: la refracción negativa.

Imaginemos un lápiz dentro de un vaso de agua. Parece quebrado porque la luz se desvía. En la naturaleza, esa desviación siempre ocurre hacia el mismo lado. En los metamateriales con refracción negativa, la luz se desvía hacia el lado contrario.

¿Qué implica? Dos aplicaciones directas:

  • Lentes que ven detalles más pequeños que cualquier microscopio convencional.
  • Materiales que vuelven invisible un objeto: la luz se redirige alrededor como si el objeto no existiera.

El desafío: del deseo al diseño

El equipo del doctor Guillermo Ortíz (director de la investigación) ya desarrolló un método para predecir cómo se comporta la luz dentro de un material, conociendo su geometría. El problema es el camino inverso: si sé qué comportamiento óptico quiero, ¿cómo diseñó la geometría?

Ahí entra la inteligencia artificial.

Redes neuronales para diseñar lo imposible

La hipótesis de Obregón es que las redes neuronales convolucionales (un tipo de IA que reconoce patrones en imágenes) pueden aprender la relación entre el diseño del material y su respuesta óptica. Una vez entrenadas, se les puede pedir que propongan un diseño a partir de un comportamiento deseado.

El antecedente es prometedor: el mismo equipo ya usó esta técnica para identificar proporciones de ingredientes en mezclas de yerba mate a partir de imágenes. Ahora, trasladan esa experiencia al diseño de metamateriales.

Cómo lo hace

Obregón se forma en el uso del programa Photonic (de acceso libre) para calcular respuestas ópticas variando geometrías. Paralelamente, desarrolla códigos en Python y Perl-PDL para integrar esos cálculos con el entrenamiento de la red neuronal.

El sistema aprende a ajustar el diseño para minimizar o maximizar una propiedad óptica específica, como la cantidad de luz que atraviesa el material.

Un primer paso, pero enorme

El objetivo de esta beca EVC-CIN no es resolver todo el problema, sino iniciar a Obregón en el electromagnetismo aplicado y en el uso de IA como herramienta de diseño. Pero si la hipótesis se confirma, el impacto puede ser tremendo: una metodología que permita buscar diseños de materiales en un universo de posibilidades casi infinitas, con una guía que aprende y se corrige sola.

Y vos, ¿creés que la inteligencia artificial va a revolucionar la ciencia de los materiales?

Por ahora, un estudiante chaqueño está poniendo las primeras piedras. La investigación básica que se hace hoy en una facultad del nordeste argentino puede, en diez años, estar en los lentes de tus anteojos, en un microscopio quirúrgico o en un dispositivo militar capaz de hacer invisible un tanque. La ciencia no entiende de fronteras. Y mucho menos, de tamaños.

Fuente: UNNE – FaCENA, Beca EVC-CIN.