De Formosa a Ucrania: el voluntario que reconstruye hogares en medio de la guerra

Nacido y criado en el barrio Villa La Pilar, Ariel Candia integra una misión humanitaria que trabaja en la reconstrucción de viviendas destruidas por los bombardeos. «Para ayudar a otros hay que dejar la comodidad y dar un paso hacia adelante», afirmó en diálogo con Radio Uno. Mientras millones de personas siguen las noticias de la guerra entre Rusia y Ucrania a través de las pantallas, un formoseño decidió vivir esa realidad desde adentro. Ariel Candia, nacido y criado en el barrio Villa La Pilar y actualmente radicado en Buenos Aires, viajó hasta la ciudad ucraniana de Korosten para participar de una misión humanitaria dedicada a reconstruir viviendas destruidas por los bombardeos. En diálogo con Radio Uno, contó que forma parte de un grupo de voluntarios integrado por argentinos, españoles, colombianos y colaboradores de otros países, todos vinculados a la Fundación Cristiana La Puerta Abierta, con el objetivo de devolverles un hogar a familias que lo perdieron todo como consecuencia del conflicto.

Candia aclaró que su tarea no tiene ninguna vinculación con operaciones militares. Aunque fue soldado voluntario del Regimiento de Monte 29 y recibió instrucción castrense, hoy participa exclusivamente como civil. «Mi función es netamente humanitaria. Soy un civil, con pasaporte argentino, y no tengo nada que ver con la guerra», explicó. Desde hace dos semanas permanece en territorio ucraniano. Allí, explicó, la rutina cotidiana está atravesada por las alertas que anuncian posibles ataques. Relató que los teléfonos celulares reciben notificaciones oficiales que indican cuándo existe un riesgo potencial, cuándo es necesario buscar refugio ante la posible llegada de drones o misiles y cuándo la situación vuelve a la normalidad. «Estamos almorzando o cenando y de repente suena una alerta. Es algo con lo que convive toda la población», describió, aunque remarcó que el grupo trabaja lejos de la primera línea de combate y que su misión consiste únicamente en asistir a los damnificados.

El trabajo comienza una vez que las autoridades retiran los escombros y verifican que no existan explosivos sin detonar. Recién entonces ingresan las organizaciones civiles para levantar nuevas viviendas mediante sistemas de construcción rápida preparados para soportar los duros inviernos ucranianos. El grupo de Candia trabaja con alrededor de 30 voluntarios y, al finalizar una casa, otro equipo internacional toma la posta para continuar con el proyecto, que ya permitió reconstruir unas 80 viviendas. Durante su estadía también visitó un centro de rehabilitación donde se recuperan soldados heridos y pudo conversar con un combatiente argentino oriundo del Chaco. Si bien no le tocó presenciar enfrentamientos directos, aseguró que el impacto del conflicto se percibe en cada rincón. «La guerra es muy dañina. Uno puede sacar miles de fotos, pero lo que el ojo humano ve es mucho daño y mucha tristeza», expresó.

A pesar de vivir desde hace años en Buenos Aires, Candia aseguró que nunca perdió el vínculo con su provincia. «Soy de Formosa capital, me crié en el majestuoso barrio Villa La Pilar. Formosa siempre es mi lugar en el mundo», afirmó, al enviar un saludo a sus familiares y amigos que aún residen en la provincia. Ese sentido de pertenencia también quedó reflejado en la indumentaria que utiliza el equipo de voluntarios. La empresa formoseña Pontex confeccionó y donó las remeras y pantalones que identifican a toda la delegación, incluso a los integrantes españoles, con sus respectivas banderas nacionales. Candia destacó el gesto solidario de la firma y agradeció especialmente a sus propietarios por colaborar con la misión de manera completamente desinteresada. El voluntario explicó que decidió utilizar sus vacaciones laborales para participar de esta misión. Aseguró que pagó el pasaje con dinero propio, mientras que la fundación colaboró con parte de los gastos de estadía y alimentación. «No perseguimos absolutamente nada. Estoy haciendo este trabajo de manera 100% voluntaria, sin recibir ninguna remuneración», sostuvo. Antes de despedirse, dejó un mensaje dirigido especialmente a los formoseños: «Para poder construir o ayudar a reconstruir la vida de otras personas, siempre está bueno dejar la comodidad y dar un paso hacia adelante».

La historia de Ariel Candia es un ejemplo de solidaridad y compromiso humano en medio de una de las guerras más devastadoras de los últimos tiempos. Dejar la comodidad de su hogar, pagar de su bolsillo el viaje y dedicar sus vacaciones a reconstruir hogares para familias ucranianas que lo perdieron todo es un acto de generosidad que merece ser reconocido. Su mensaje, «para ayudar a otros hay que dejar la comodidad y dar un paso hacia adelante», resuena como una invitación a la acción y a la empatía. La presencia de la empresa formoseña Pontex, donando la indumentaria del equipo, demuestra que la solidaridad también se construye desde lo local. La pregunta que queda es si más argentinos se sumarán a este tipo de misiones humanitarias y si el ejemplo de Candia inspirará a otros a dar ese paso adelante. ¿Qué opinás de la historia de Ariel Candia? ¿Creés que este tipo de iniciativas son importantes en contextos de guerra? Dejanos tu comentario.