Crecen y preocupan las estafas informáticas: el nuevo rostro del delito en el Chaco

El jefe del Departamento Cibercrimen advirtió que las modalidades cambian y los delincuentes apelan a la ingeniería social, redes sociales, la IA y la suplantación de identidad. El escenario del delito cambió y también lo hicieron las herramientas de quienes los cometen. Ya no siempre hay que imaginar a un delincuente frente a una computadora intentando vulnerar complejos sistemas de seguridad. Muchas veces está del otro lado de un teléfono, detrás de un perfil falso, un mensaje de WhatsApp, una publicación de Facebook o una llamada telefónica. Y lo que busca no es solamente una contraseña: busca convencer a alguien para que voluntariamente le entregue su dinero o sus datos.

El diagnóstico pertenece al comisario inspector licenciado Carlos Eduardo Escobar, jefe del Departamento Cibercrimen de la Policía del Chaco, quien puso el foco en una modalidad que no deja de crecer y, sobre todo, de transformarse: las estafas informáticas. «Las estafas informáticas siguen siendo el delito de mayor cantidad de intervenciones que tenemos en nuestro departamento», explicó Escobar . Pero inmediatamente aclaró que, aunque el número de denuncias puede mantenerse relativamente estable en determinados períodos, lo que cambia constantemente es la modalidad utilizada para engañar a las víctimas. Y allí aparece una palabra que se convirtió en central para entender el fenómeno: ingeniería social.

Para Escobar, el ciberdelincuente moderno estudia a su víctima. Observa qué sucede en la sociedad, qué temas están en las noticias, qué preocupa a la gente y qué situaciones pueden generar una reacción emocional. Inversiones, beneficios económicos, vacunas, dengue, Covid-19 y otros asuntos de actualidad fueron utilizados en distintos momentos como excusa para construir engaños. El mecanismo es sencillo pero efectivo: manipular emocionalmente a la persona, apurarla, asustarla o prometerle un beneficio para conseguir que tome una decisión sin detenerse a verificar. «Básicamente es el arte del engaño», resumió el jefe de Cibercrimen. El delincuente puede presentarse como empleado bancario, representante de un organismo público, integrante de una empresa de servicios, operador de una billetera virtual o incluso como un familiar. Y para darle credibilidad a la maniobra utiliza logos, fotografías, perfiles falsos, aplicaciones de mensajería e incluso herramientas de inteligencia artificial.

Uno de los principales errores, según Escobar, consiste en pensar que las estafas virtuales solamente pueden afectar a personas con escasos conocimientos tecnológicos. La experiencia del Departamento Cibercrimen demuestra lo contrario. Profesionales, comerciantes, empleados públicos, empresarios, jóvenes y adultos mayores aparecen entre las víctimas. «Los ciberdelincuentes no buscan únicamente un sistema informático, buscan vulnerar la confianza de la persona», explicó. El problema se potencia por el enorme volumen de información que los propios usuarios dejan diariamente en internet. Fotografías, familiares, lugares de trabajo, actividades, viajes, relaciones y hasta ubicaciones son publicadas en redes sociales y pueden terminar siendo utilizadas para construir una identidad falsa. El delincuente toma esos datos y arma un personaje que parece real.

Uno de los ejemplos más claros aparece en WhatsApp. Un delincuente puede apropiarse de una cuenta o crear un perfil utilizando la fotografía de un familiar. Luego contacta a sus víctimas y, aprovechando la confianza que genera esa imagen, solicita dinero con alguna excusa. El pedido puede parecer urgente. Y justamente esa urgencia es parte de la estrategia. Escobar recomienda no transferir inmediatamente, aunque el mensaje parezca provenir de una persona conocida. «Una llamada común no tarda más de un minuto», explicó, y puede ser suficiente para comprobar si realmente se trata del familiar o si alguien está utilizando su identidad. Entre las modalidades que actualmente generan denuncias aparecen las falsas publicaciones de venta en redes sociales, especialmente a través de Marketplace y otras plataformas. La víctima encuentra un producto atractivo, acuerda la compra, transfiere el dinero y, posteriormente, el supuesto vendedor desaparece, bloquea al comprador o deja de responder. Otra modalidad frecuente es el robo de cuentas de WhatsApp mediante códigos de verificación. El delincuente intenta convencer a la víctima para que le entregue ese código y, una vez obtenido, puede tomar el control de la cuenta y utilizar los contactos de la persona para continuar la estafa.

Cibercrimen detectó además maniobras en las que los delincuentes se hacen pasar por empleados de bancos, organismos públicos o empresas de servicios. Escobar mencionó casos relacionados con supuestos beneficios para jubilados, créditos o descuentos y recordó situaciones en las que fueron utilizados falsos avisos vinculados con Secheep y Sameep, con logos institucionales y enlaces que derivaban a conversaciones por WhatsApp. La apariencia oficial es parte de la ingeniería social. Un logo no demuestra que una comunicación sea verdadera. Tampoco lo hace una fotografía, un perfil con muchos seguidores o un mensaje redactado de manera profesional. Uno de los puntos que Cibercrimen considera fundamentales es denunciar rápidamente. La vergüenza, el miedo o el temor a ser juzgado muchas veces hacen que las víctimas prefieran guardar silencio. Esto ocurre especialmente en casos relacionados con la difusión de imágenes íntimas. «Una denuncia rápida también nos va a permitir preservar la evidencia digital», explicó Escobar. La tecnología avanza, pero también lo hacen los delincuentes. Por eso, para Escobar, el desafío central no pasa por sumar herramientas de investigación, sino por lograr que los ciudadanos incorporen hábitos digitales seguros. «La mejor herramienta tecnológica que existe hoy en día sigue siendo el sentido común», cerró. Antes de hacer clic, antes de transferir, antes de entregar un código o una contraseña, hay que detenerse. ¿Quién me está pidiendo esto? ¿Por qué? ¿Es realmente quien dice ser? Tres preguntas que pueden parecer demasiado simples frente a una estafa sofisticada, pero que pueden convertirse en la barrera más efectiva.