Ahogados en deudas: la clase media argentina, entre tarifazos y morosidad récord

El dinero se evapora antes de llegar a fin de mes. La morosidad bancaria familiar alcanza su pico en 15 años, mientras las tarjetas de crédito y préstamos se usan para pagar lo básico: la comida, la luz, el gas. Con la quita de subsidios a la energía que ya impacta en 7,5 millones de hogares, el escenario se perfila aún más sombrío. La clase media no respira: está ahogada.

Los números del desangre

  • Morosidad bancaria: 7,8% de la cartera crediticia (octubre 2025), el nivel más alto desde que el BCRA estandarizó el dato.
  • Morosidad en préstamos no bancarios (billeteras virtuales, financieras, casas de electrodomésticos): 20,2%.
  • Gasto en servicios públicos: Pasó del 4,8% al 8,8% del salario privado registrado en los últimos cuatro años. Y esto es antes del nuevo tarifazo de enero.

Historias detrás de las estadísticas

César, empresario gastronómico del conurbano, ve cómo los sueldos de sus empleados se los traga la tarjeta al instante de depositarlos. Su restaurante va “para atrás”. No hay margen para aumentar salarios, solo el temor a que todo empeore.

Cecilia (57 años), de la Comuna 1 porteña, enumera su calvario: “Tengo un plan de pagos de agua que termina en febrero; deuda con el gas, con telegrama de aviso de suspensión incluido; dos cuentas pendientes de la luz, el ABL ni lo puedo pagar…”. Vive con su hijo con discapacidad y sobrevive con changas.

Flavia, de Claypole, con un sueldo de $1 millón, directamente dejó de pagar: “Comencé pagando el mínimo de la tarjeta, hasta que me fue imposible”.

El círculo vicioso: endeudarse para sobrevivir

Daniel Arroyo, exministro de Desarrollo Social, lo advierte hace años: “La gente se endeuda y reendeuda, toma una deuda para tapar la anterior”. Los motivos son una tríada letal:

  1. Gastos fijos disparados (luz, agua, gas, alimentos, transporte).
  2. El costo de comer, aún altísimo.
  3. Medicamentos desregulados, un golpe extra para hogares con adultos mayores.

Pedro Bussetti, de la ONG Deuco, describe la realidad en los barrios populares: al no acceder a créditos formales, se recurre a financieras usurarias. Y ahora, llegan las facturas de luz duplicadas por el nuevo ciclo de facturación.

La mirada de los economistas: ¿alivio a la vista?

Federico González Rouco (Empiria) es cautelosamente optimista: espera una leve mejora del ingreso disponible en 2026, atado a la inflación pasada. Ve la morosidad récord como un signo “mixto”: mala señal de necesidad, pero también de reaparición del crédito.

En la vereda pesimista, Pablo Moldovan (C-P Consultora) y Pedro Gaite (FIDE) no ven motivos para la esperanza:

  • Paritarias pobres y una flexibilización laboral que debilitará aún más el poder de negociación de los trabajadores.
  • Caída del empleo formal, auge de la informalidad con salarios más bajos y sin derechos.
  • Inflación repuntando, tipo de cambio dejando de ser ancla, y tarifazos en profundización.
  • “El salario real va a seguir cayendo”, sentencia Gaite.

El pronóstico: conflicto social en ciernes

Arroyo lanza una advertencia severa: “El sobreendeudamiento de las familias va a terminar generando algún conflicto social… no hay ninguna política para desendeudarlas”.

Los bancos ofrecen refinanciaciones, pero para casos como el de Rosa, empleada doméstica de Lanús, es inútil: cualquier depuesto es absorbido al instante para saldar deudas anteriores.

¿Hay salida? La receta bancaria es que bajen las tasas, crezca la economía y baje la inflación. Un círculo virtuoso que, por ahora, parece una quimera para una clase media que hoy solo hace malabares para no hundirse.

¿Vos cómo lo estás viviendo? ¿Lográs llegar a fin de mes o el sobreendeudamiento ya es parte de tu realidad? La historia de César, Cecilia y Flavia podría ser la de cualquiera. El debate sobre cómo romper este ciclo está más abierto que nunca.