Alarma global: líderes mundiales condenan la operación de EE.UU. y reclaman respeto al derecho internacional

La ONU, la UE, Francia, Reino Unido, Rusia y China cuestionaron el ataque y la captura de Maduro, advirtiendo sobre un «precedente peligroso». Solo Italia, Israel y Argentina apoyaron a Trump. La crisis diplomática escala.

NACIONES UNIDAS / BRUSELAS / MOSCÚ / PEKÍN, 4 de enero de 2026. La operación militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro desató una tormenta diplomática global, con líderes y organismos mundiales expresando profunda preocupación y condenando la acción por considerar que viola el derecho internacional y sienta un «precedente peligroso». El aislamiento de Washington en el escenario internacional es casi total, con solo Italia, Israel y Argentina ofreciendo su apoyo explícito.

Las condenas unánimes: desde la ONU hasta China

  • ONU – António Guterres: El secretario general expresó preocupación de que «el derecho internacional no haya sido respetado» y llamó al diálogo, calificando la operación de «precedente peligroso».
  • Unión Europea: La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y la Alta Representante, Kaja Kallas, exigieron respeto a la Carta de la ONU y llamaron a la «moderación». Aunque cuestionaron la legitimidad de Maduro, fueron claros: los principios internacionales «deben ser respetados en todas las circunstancias».
  • Francia: El canciller Jean-Noël Barrot advirtió que «ninguna solución política duradera puede ser impuesta desde el exterior». El ex canciller Dominique de Villepin fue más lejos: «Los cambios de régimen no conducen ni a la democracia, ni a la paz, sino al caos, a la guerra civil y a la dictadura», alertando sobre el peligroso precedente para Rusia y China. Incluso la líder de extrema derecha Marine Le Pen condenó la intervención, defendiendo la soberanía estatal.
  • Reino Unido: El primer ministro Keir Starmer afirmó que todos deben «respetar el derecho internacional» y aclaró que el Reino Unido no participó en la operación.
  • España: Se ofreció como «intermediario» para una solución negociada y llamó a la «desescalada».
  • Rusia: Calificó la acción de «agresión armada», exigió «aclaraciones inmediatas» e instó a EE.UU. a «liberar al mandatario legalmente elegido». El expresidente Dimitri Medvedev ironizó sobre un «brillante paso hacia el Premio Nobel» para Trump.
  • China: Se declaró «profundamente conmocionada», condenó el «comportamiento hegemónico» de EE.UU. y afirmó que la acción «viola gravemente el derecho internacional» y «atenta contra la soberanía» de Venezuela.

Los pocos aliados: el bloque pro-intervención

  • Italia: La primera ministra Giorgia Meloni consideró «legítima» la operación como una «intervención defensiva» contra el narcotráfico, aunque matizó que la fuerza no debe usarse para cambios de régimen.
  • Israel: El canciller Gideon Saar «saludó» la operación liderada por Trump, poniéndose «del lado del pueblo venezolano amante de la libertad» y felicitándose por la «destitución del dictador».
  • Argentina: El presidente Javier Milei fue el primer mandatario regional en celebrar la acción, alineándose abiertamente con Washington.

La grieta profunda: soberanía vs. intervencionismo
El mapa de reacciones revela una fractura geopolítica profunda:

  • El bloque mayoritario (UE, Reino Unido, Rusia, China) se une en la defensa de la soberanía nacional y el respeto a la Carta de la ONU, viendo la acción como una peligrosa vuelta a la ley del más fuerte.
  • El reducido bloque pro-intervención (EE.UU., Israel, Italia, Argentina) justifica la acción bajo el argumento de combatir el narcoterrorismo y liberar a un pueblo oprimido, priorizando estos objetivos sobre la no intervención.

Implicancias: un mundo más inestable y polarizado
La operación no solo cambió el destino de Venezuela; resquebrajó los consensos básicos del orden internacional de posguerra. El mensaje de potencias como Rusia y China es claro: si EE.UU. se «libera de la legalidad», ellas podrían hacer lo mismo en sus esferas de influencia. Se abre así una era de mayor impunidad para las intervenciones unilaterales, donde la fuerza bruta gana terreno frente al derecho y la diplomacia.

La crisis venezolana ya no es regional; es el epicentro de una batalla global por el futuro de las normas que, hasta ahora, regulaban —aunque imperfectamente— la convivencia entre estados.