Análisis Político de la Situación en Venezuela: Intervencionismo Estadounidense, la Política del Garrote y los Fascismos Modernos según Pasolini
La situación política en Venezuela ha experimentado un giro drástico en las últimas horas, con la intervención militar unilateral de Estados Unidos que resultó en la captura y destitución del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026. Esta acción, ejecutada por fuerzas estadounidenses, ha generado alarma regional e internacional, dejando al país en un limbo de incertidumbre y potencial inestabilidad. A continuación, se presenta un análisis estructurado que vincula este evento con la histórica «Política del Garrote» de Estados Unidos, su manifestación contemporánea y las reflexiones de Pier Paolo Pasolini sobre los fascismos modernos. Se adopta una perspectiva crítica hacia las intervenciones, destacando sus implicaciones imperialistas y sus riesgos para la soberanía y la democracia.
Contexto Actual de la Crisis en Venezuela
Venezuela ha enfrentado una prolongada crisis política, económica y humanitaria desde la década de 2010, exacerbada por sanciones internacionales, hiperinflación, migración masiva y disputas electorales. El régimen de Maduro, caracterizado por autoritarismo, represión de la oposición y alegaciones de fraude electoral —como en las elecciones de julio de 2024—, ha sido condenado por organizaciones como la ONU y la OEA por violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, la intervención estadounidense del 3 de enero de 2026 marca un punto de inflexión: fuerzas militares capturaron a Maduro y su esposa Cilia Flores en una operación relámpago, con el presidente Donald Trump declarando que Estados Unidos «administrará» Venezuela temporalmente y explotará sus reservas petroleras. Esta acción ha provocado reacciones globales, desde condenas por parte de países como Singapur y aliados latinoamericanos, hasta temores de un vacío de poder que podría derivar en violencia interna o conflictos regionales. Fuentes como NBC News y DW reportan un «calma tensa» en el país, con incertidumbre sobre la transición y el rol de la oposición liderada por figuras como María Corina Machado.
La Política del Garrote y su Relación Actual con Venezuela
La «Política del Garrote» (Big Stick Policy), enunciada por Theodore Roosevelt a inicios del siglo XX, representa el intervencionismo estadounidense en América Latina bajo el pretexto de mantener la estabilidad y proteger intereses económicos, a menudo mediante la fuerza militar o la coerción diplomática. Históricamente, esta doctrina justificó invasiones en países como Panamá (1903) y República Dominicana (1904-1905), priorizando la hegemonía estadounidense sobre la soberanía local.
En el contexto venezolano actual, esta política se manifiesta de manera evidente y renovada. Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos desde 2017 —que han restringido el acceso a financiamiento internacional y afectado la industria petrolera— prepararon el terreno para la intervención directa. La operación del 3 de enero de 2026, con strikes en múltiples objetivos, evoca el «garrote» rooseveltiano: una acción unilateral justificada por la necesidad de «remover un dictador autoritario», según reportes de CSIS y NPR. Trump ha explicitado intenciones extractivistas, aludiendo a las vastas reservas de petróleo venezolano, lo que subraya un interés económico subyacente. Esta relación contemporánea no es meramente histórica; refleja una continuidad en la doctrina Monroe actualizada, donde la «seguridad hemisférica» sirve de cobertura para intervenciones que priorizan el control de recursos estratégicos sobre soluciones multilaterales.
Desde una perspectiva crítica, tales intervenciones son problemáticas. Históricamente, han generado resentimiento antiestadounidense y ciclos de inestabilidad, como en Irak o Libia post-intervención. En Venezuela, el riesgo de un vacío de poder podría fomentar faccionalismos armados o un nuevo autoritarismo, exacerbando la crisis humanitaria que ya ha desplazado a millones. Además, ignora alternativas diplomáticas, como negociaciones mediadas por la ONU o la Unión Europea, y viola principios del derecho internacional, como la no intervención en asuntos internos (Carta de la ONU, Artículo 2.4). Esta crítica se extiende a la hipocresía: mientras Estados Unidos condena el autoritarismo venezolano, ha apoyado regímenes similares en otros contextos cuando alineados con sus intereses.
Conexión con los Fascismos Modernos según Pasolini
Pier Paolo Pasolini, en sus ensayos recopilados en Scritti Corsari (1975), advertía sobre un «nuevo fascismo» más sutil que el histórico: un totalitarismo consumista y cultural que homogeneiza sociedades mediante el poder económico y mediático, erosionando la diversidad y promoviendo una falsa libertad. Para Pasolini, este fascismo moderno no se basa en uniformes o marchas, sino en la imposición de valores burgueses y el control ideológico a través del consumo, lo que aliena a las clases subalternas y perpetúa desigualdades.
Aplicado a Venezuela, el intervencionismo estadounidense puede interpretarse como una manifestación de este fascismo moderno. La «Política del Garrote» contemporánea no solo impone fuerza militar, sino que promueve un modelo neoliberal que prioriza la explotación de recursos (petróleo) sobre el bienestar social, alineándose con la crítica pasoliniana de un capitalismo que «homogeneiza» naciones periféricas. Maduro, por su parte, representa un autoritarismo populista que Pasolini podría equiparar a un «fascismo de izquierda» arcaico, pero la intervención externa introduce un fascismo «moderno» al imponer una transición que podría favorecer corporaciones transnacionales, erosionando la identidad cultural venezolana en favor de un consumismo globalizado.
Críticamente, esta conexión resalta cómo las intervenciones disfrazan imperialismo como «liberación». Pasolini argumentaba que el verdadero fascismo radica en la manipulación cultural; en Venezuela, la narrativa mediática estadounidense —que presenta la operación como un «rescate democrático»— oculta motivaciones económicas, perpetuando un control ideológico que aliena a la población local. Esta crítica invita a cuestionar si la «democratización» post-intervención no será sino una fachada para un nuevo orden extractivista, similar al «fascismo consumista» que Pasolini denunciaba en la Italia de los años 70.
Conclusiones y Reflexiones Críticas
La intervención en Venezuela revive la «Política del Garrote» en un contexto de rivalidades geopolíticas, donde el petróleo y la influencia regional priman sobre la autodeterminación. Vinculada a las ideas de Pasolini, revela un fascismo moderno que opera mediante coerción económica y cultural, más que solo militar. Críticamente, estas acciones unilaterales no resuelven crisis raíz —como la corrupción y la desigualdad— sino que las agravan, fomentando dependencia y resentimiento. En lugar de intervenciones imperialistas, se requiere un enfoque multilateral que respete la soberanía y priorice el diálogo inclusivo.
Este análisis subraya la necesidad de una diplomacia ética para evitar que Venezuela se convierta en otro caso de «liberación» fallida, con consecuencias humanitarias devastadoras.
