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domingo 18 de octubre de 2026
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Alerta del doctor Miroli: el cambio climático modifica genéticamente a los mosquitos y adelanta los brotes de dengue, zika y chikungunya

El especialista en Inmunología y Maestro de la Medicina por la UNT advirtió que el aumento de las temperaturas puede favorecer variantes de mosquitos más resistentes al calor, con ciclos de actividad más prolongados y picaduras en horarios inusuales. También puede acortar el período de incubación de los virus dentro del insecto. Para Argentina y Tucumán, esto significa brotes antes de lo esperado y por mucho más tiempo. Miroli pidió fortalecer la vigilancia genómica y avanzar hacia modelos predictivos.

hace 7 h
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El cambio climático podría modificar profundamente el comportamiento de los mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya, favoreciendo la aparición de brotes más extensos, en épocas del año poco habituales y en regiones donde anteriormente estos virus tenían escasa circulación. La advertencia fue realizada por el médico Alfredo Miroli, especialista en Inmunología y Maestro de la Medicina por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), quien señaló que las transformaciones ambientales también están relacionadas con cambios genéticos en los insectos y los agentes infecciosos.

Según el especialista, el aumento de las temperaturas y las alteraciones en los ciclos climáticos no solamente modifican los hábitos de los mosquitos, sino que pueden favorecer la selección de variantes genéticas con mayor capacidad de adaptación, supervivencia y transmisión de enfermedades.
"Para la Argentina y para Tucumán significa que estas variantes generan y generarán brotes antes de lo esperado y por mucho más tiempo", advirtió Miroli.

El inmunólogo sostuvo que los nuevos escenarios epidemiológicos podrían incluir una mayor actividad de los insectos durante distintas estaciones del año, en horarios menos frecuentes y en lugares donde históricamente no representaban una amenaza sanitaria importante.

También planteó la posibilidad de que algunas variantes virales presenten mayor transmisibilidad o infectividad, dos características que, aunque relacionadas, tienen significados diferentes. La transmisibilidad se refiere a la facilidad con la que un agente infeccioso pasa de un organismo a otro, mientras que la infectividad describe su capacidad para provocar una infección, incluso cuando la exposición involucra una cantidad menor de partículas virales.

En ese contexto, Miroli consideró fundamental fortalecer la vigilancia genómica, una herramienta que permite identificar modificaciones en los virus y detectar tempranamente variantes que podrían influir en la aparición de nuevos brotes.

La adaptación de los Aedes

Uno de los principales fenómenos señalados por el especialista es la adaptación de los mosquitos del género Aedes, especialmente el Aedes aegypti y el Aedes albopictus, responsables de transmitir distintas enfermedades virales.

De acuerdo con su análisis, el aumento de las temperaturas puede favorecer variantes capaces de producir mayores cantidades de proteínas de choque térmico, conocidas como HSP, que ayudan a los organismos a resistir situaciones de calor extremo. Esta adaptación permitiría que determinadas poblaciones de mosquitos sobrevivan en ambientes que anteriormente resultaban demasiado cálidos o secos.

Otro cambio relevante está relacionado con el reloj biológico de los insectos, encargado de regular sus períodos de actividad, alimentación y reproducción. Miroli explicó que las modificaciones ambientales pueden alterar los mecanismos genéticos vinculados con ese ciclo, entre ellos los relacionados con las proteínas PER y TIM. Como consecuencia, algunas poblaciones podrían extender sus horarios de picadura hacia momentos más frescos del día e incluso mantener actividad nocturna, particularmente en espacios urbanos con iluminación artificial.

El especialista también advirtió sobre posibles modificaciones en la reproducción de los mosquitos. Tradicionalmente, determinadas condiciones climáticas limitaban su desarrollo durante los meses más fríos. Sin embargo, la adaptación de algunas poblaciones podría favorecer ciclos reproductivos más prolongados, con presencia de insectos durante una mayor parte del año.

A estos factores se suman las alteraciones en los regímenes de lluvias, que pueden crear nuevos ambientes favorables para la reproducción y facilitar el contacto entre poblaciones de mosquitos anteriormente separadas. Ese intercambio genético podría contribuir a la aparición de insectos con mayor capacidad de adaptación y, en determinados casos, resistencia a insecticidas.

Wolbachia y los virus

El informe también destacó la importancia de la bacteria Wolbachia, utilizada en estrategias de control biológico del dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos. Esta bacteria, que puede introducirse en poblaciones de Aedes aegypti, dificulta la multiplicación de ciertos virus dentro del insecto y reduce su capacidad de transmitirlos. Sin embargo, Miroli señaló que las temperaturas extremadamente elevadas pueden afectar la presencia de Wolbachia en los mosquitos y disminuir la eficacia de ese mecanismo de protección.

Entre las enfermedades que generan mayor preocupación se encuentra el dengue, una de las infecciones virales transmitidas por mosquitos más extendidas del mundo. El especialista recordó que existen cuatro serotipos del virus, identificados como DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4, y que la enfermedad puede provocar fiebre, dolores musculares intensos, cefaleas y otras manifestaciones clínicas.

También mencionó al zika, cuya importancia sanitaria está relacionada especialmente con las complicaciones que puede ocasionar durante el embarazo, entre ellas alteraciones del desarrollo neurológico fetal, incluida la microcefalia. La infección también se ha asociado con el síndrome de Guillain-Barré. En cuanto al chikungunya, explicó que se caracteriza por provocar dolores articulares que pueden resultar intensos y persistentes. Su transmisión está vinculada principalmente con mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, este último conocido como mosquito tigre y capaz de establecerse en regiones de temperaturas más templadas.

El informe científico también abordó las modificaciones genéticas de los propios virus, que pueden influir en su capacidad para multiplicarse dentro de los mosquitos transmisores. Como ejemplo, Miroli mencionó la mutación E1-A226V del virus chikungunya, estudiada por su capacidad para mejorar la transmisión mediante Aedes albopictus.

Otro fenómeno destacado es la reducción del período de incubación extrínseca, es decir, el tiempo que transcurre desde que un mosquito adquiere un virus hasta que puede transmitirlo mediante una picadura. Según los valores expuestos por el especialista, determinadas condiciones pueden acortar ese período de aproximadamente 12 a seis días para el dengue, de siete a dos días para el chikungunya y de 12 a ocho días para el zika. Estas cifras describen escenarios específicos y no deben interpretarse como tiempos uniformes para todas las variantes virales o condiciones ambientales.

El análisis también señaló que las olas de calor, las sequías prolongadas y las inundaciones pueden modificar las poblaciones de mosquitos y favorecer procesos de selección genética, aunque sus consecuencias epidemiológicas dependen de múltiples factores. En particular, los episodios climáticos extremos pueden generar reducciones bruscas de las poblaciones, seguidas de períodos de expansión, un fenómeno que en genética poblacional se conoce como cuello de botella. Durante estos procesos, algunas variantes poco frecuentes pueden adquirir mayor presencia en las generaciones posteriores.
Para Miroli, la combinación de estas transformaciones representa un desafío creciente para los sistemas de vigilancia epidemiológica, especialmente en provincias como Tucumán, donde el dengue ya constituye una preocupación sanitaria recurrente. El especialista insistió en la necesidad de incorporar herramientas de vigilancia genómica en tiempo real y avanzar, cuando sea posible, hacia modelos predictivos que permitan anticipar cambios en la circulación viral.

Aunque el cambio climático puede favorecer condiciones propicias para la expansión de los mosquitos y alterar la dinámica de transmisión, la aparición de epidemias también depende de factores como la disponibilidad de criaderos, la inmunidad de la población, la circulación de los virus y las medidas de prevención.

El planteo central del informe es que el impacto sanitario del calentamiento global no se limita al aumento de las temperaturas: también puede transformar las relaciones entre los insectos transmisores, los microorganismos y las poblaciones humanas, obligando a adaptar las estrategias de prevención y control de enfermedades.

¿Notaste cambios en la presencia de mosquitos en tu zona en los últimos años, como actividad en horarios o épocas inusuales?
¿Creés que en Chaco y en el país se está invirtiendo lo suficiente en vigilancia genómica para anticipar nuevas variantes de dengue, zika y chikungunya?
¿Qué medidas de prevención tomás en tu casa para evitar criaderos de mosquitos?
¿Considerás que la advertencia del doctor Miroli sobre modificaciones genéticas en virus y vectores debería traducirse en políticas públicas concretas?
¿Confías en estrategias de control biológico como la bacteria Wolbachia o preferís otros métodos de prevención?

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