Comienza el juicio por el caso Loan en Corrientes: 17 imputados y más de 200 testigos
16 de junio de 2026 – Dos años después de que el nombre de Loan Danilo Peña se grabara a fuego en la memoria colectiva de los argentinos, comienza este martes en la capital correntina el juicio oral por su desaparición. Un proceso judicial de proporciones monumentales: 17 imputados, cerca de 200 testigos, un expediente voluminoso que pesa toneladas y un interrogante que sigue sin respuesta: ¿dónde está Loan? El debate se desarrollará en un predio de Gendarmería con un fuerte operativo de seguridad, y se prevé que las audiencias se extiendan durante al menos seis meses. Seis meses para intentar desentrañar lo que pasó aquel 13 de junio de 2024, cuando el niño de cinco años fue visto por última vez durante un almuerzo familiar en la localidad correntina de 9 de Julio.
La fiscal Tamara Pourcel fue contundente en la previa del juicio: «Esperamos que alguno de ellos se pueda quebrar», dijo en referencia a los 17 acusados, todos con prisión preventiva. La frase resume la estrategia de la acusación: no hay cuerpo, no hay paradero, no hay certezas. La única esperanza es que la presión del proceso judicial, la acumulación de pruebas y el peso de la conciencia —si es que existe— lleven a alguno de los imputados a hablar. Porque dos años después, el caso Loan sigue siendo un rompecabezas con más piezas faltantes que encajadas.
Quiénes son los imputados
El expediente divide a los acusados en dos bloques. Por un lado, el llamado «grupo del almuerzo», integrado por las personas que estuvieron con el niño el día de su desaparición: Laudelina Peña (tía del menor), Antonio Benítez (tío político), Mónica del Carmen Millapi, Daniel «Fierrito» Ramírez, María Victoria Caillava, Carlos Pérez y Walter Maciel (excomisario). Este grupo enfrenta cargos como sustracción de menor, ocultamiento y encubrimiento, según el rol asignado por la fiscalía. Familiares y allegados que, según la acusación, saben más de lo que dijeron. Que vieron algo y callaron. Que, tal vez, participaron activamente en la desaparición del niño.
Por otro lado, aparece la denominada «banda del hotel», un grupo vinculado a maniobras que habrían entorpecido la investigación: Nicolás Gabriel Soria («El Americano»), Elizabeth Cutaia, Pablo Noguera, Leonardo Rubio, Alan Cañete, Delfina Taborda, Verónica Machuca Yuni, Valeria López, Pablo Núñez y Federico Rossi Colombo. A este grupo se le imputan delitos como encubrimiento, privación ilegítima de la libertad, falso testimonio y otras maniobras destinadas a desviar la causa. No son familiares. Son personas que, según la fiscalía, actuaron como engranajes de una red que borró el rastro de Loan. Gente que apareció en el momento justo para confundir, desviar, oscurecer.
Las hipótesis y las pruebas
El juicio se centrará en dos hipótesis principales que la investigación sostiene con firmeza: un posible caso de crimen organizado o trata de personas. La idea de que Loan se haya perdido por sus propios medios en el monte fue prácticamente descartada desde los primeros días. Un niño de cinco años no desaparece sin dejar rastro en un área que fue rastrillada con perros, drones y decenas de efectivos. Algo pasó. Y alguien lo sabe.
Entre las principales pruebas que se presentarán en el debate figuran pericias con perros rastreadores, registros telefónicos, movimientos de vehículos en la franja horaria crítica y, sobre todo, múltiples contradicciones en las declaraciones de los imputados. Cada uno dijo una cosa, luego otra, luego se contradijo, luego se retractó. El expediente está lleno de versiones que se chocan, de coartadas que no se sostienen, de silencios que gritan. La fiscalía espera que, bajo la presión del juicio, alguna de esas versiones se derrumbe y abra la puerta a la verdad.
El padre que no se rinde
A dos años de la desaparición de Loan, su padre, José Peña, rompió el silencio antes del inicio del juicio. En declaraciones públicas, confirmó que asistirá a las audiencias junto a su esposa, María Noguera, para declarar en calidad de testigo y exigir respuestas. «Sigo buscando respuestas», afirmó, con la voz quebrada pero la determinación intacta. El hombre relató que recorre habitualmente el camino hacia el naranjal donde se perdió el rastro de su hijo, en busca de algún indicio que la justicia no pudo encontrar. «Vengo todos los días, estoy siempre acá. Vengo a ver a mi mamá y de paso miro, voy hasta el naranjal… pero acá no hay nada, acá no está», lamentó ante las cámaras de TN.
Peña fue enfático al sostener que su hijo no desapareció por sus propios medios. «A mí me robaron a mi hijo, me lo sacaron de acá. Quiero saber para dónde fueron, por qué se lo llevaron por este camino», insistió conmovido desde el lugar de los hechos. Sus palabras son el eco de dos años de angustia, de dos años de preguntas sin respuesta, de dos años de una vida suspendida en la espera. No hay consuelo que alivie ese dolor. Sólo la verdad podría hacerlo. Y la verdad, por ahora, sigue escondida.
El juicio que todos miran
El proceso se extenderá por al menos seis meses. Seis meses de audiencias, de testimonios, de peritajes, de cruces entre abogados. Seis meses en los que la atención mediática volverá a posarse sobre Corrientes, sobre 9 de Julio, sobre el naranjal donde Loan fue visto por última vez. La fiscalía espera que alguno de los imputados se quiebre. La defensa, probablemente, buscará sembrar dudas. Los padres, sólo quieren respuestas. Y el resto del país mira, espera, recuerda. Porque el caso Loan no es sólo un expediente judicial. Es una herida abierta que la Argentina no ha podido cerrar.
REFLEXIÓN
Dos años. Setecientos treinta días. Diecisiete imputados. Doscientos testigos. Un expediente que pesa toneladas. Y una sola pregunta que sigue sin respuesta: ¿dónde está Loan? El juicio que comienza hoy es, en cierto modo, un fracaso de la justicia. No porque el sistema no haya funcionado, sino porque dos años después, la justicia todavía no pudo encontrar a un niño de cinco años. Eso es lo que debería indignarnos. No es un delito común. No es un robo. No es una estafa. Es la desaparición de un niño, y el Estado argentino no pudo resolverlo. Ahora, el juicio promete respuestas. Ojalá las dé. Ojalá alguno de los imputados se quiebre. Ojalá la verdad salga a la luz. Pero mientras tanto, José Peña sigue yendo al naranjal todos los días. Sigue mirando el mismo camino, sigue buscando el mismo rastro, sigue esperando el mismo milagro. Y eso, en un país donde 17 personas están presas por saber algo que no dicen, es la prueba más dolorosa de que hay crímenes que la justicia no puede resolver sola. La frase de la fiscal es desoladora: «Esperamos que alguno se pueda quebrar». No esperan pruebas contundentes. No esperan un hallazgo. Esperan que alguien hable. Esa es la verdadera dimensión de la impotencia. Loan desapareció hace dos años. Y dos años después, la esperanza está puesta en que alguien, finalmente, decida contar lo que sabe. Eso no es justicia. Es un pacto de silencio que se rompe. Ojalá se rompa. Ojalá, al fin, Loan pueda volver a casa. Aunque sea en la memoria. Aunque sea en la verdad.
