Crematofobia: cuando el miedo a gastar dinero se convierte en una enfermedad

El terror irracional a realizar cualquier tipo de gasto tiene nombre y puede destruir vidas. Tres historias reales revelan hasta dónde puede llegar la obsesión por ahorrar.

¿Alguna vez sentiste culpa al pagar una factura?

Para la mayoría de las personas, pagar el gas o comprar comida son acciones cotidianas sin mayor trascendencia. Pero para quienes padecen crematofobia, cada transacción se convierte en una amenaza que desencadena ansiedad, angustia e incluso ataques de pánico.

La palabra proviene del griego: chrēma (dinero, riqueza) y phobos (miedo). Aunque la Organización Mundial de la Salud no la reconoce como una fobia específica, los especialistas la incluyen dentro de los trastornos de ansiedad.

La historia de Hernán: ahorrar hasta enfermarse

Hernán tiene 49 años y vive en Capital Federal. Padece esclerosis múltiple y ya no puede trabajar. Durante décadas llevó el ahorro a límites extremos: reutilizaba máquinas de afeitar, evitaba comprar en kioscos, viajaba en colectivo sin pagar boleto y cuando iba a restaurantes caros inventaba excusas para no comer.

Una noche de 2009, un amigo lo invitó a un bar costoso. Para no gastar dinero, decidió consumir alcohol puro en su casa. Terminó internado.

«Hice cosas de las que me arrepiento. Nunca más esos extremos», reconoce.

Hoy, con la perspectiva que dan los años, confiesa: «Me di cuenta de que viví una vida miserable por nada. Tan al extremo no tiene sentido».

¿Qué origina este trastorno?

El psicólogo Jorge Pegoraro explica que la crematofobia puede surgir por distintas causas:

  • Traumas financieros: haber sufrido una estafa, quiebra o crisis económica severa
  • Aprendizajes familiares: conductas adquiridas en hogares donde faltaba el dinero o se malgastaba
  • Pensamientos obsesivos: ideas recurrentes de que se va a quedar sin dinero o que no podrá detenerse si gasta

El psiquiatra Ricardo Corral, del Hospital Borda, señala que muchas veces se relaciona con la infancia. «Se veía mucho en la migración europea que vino escapando del hambre. Estas personas amarrocan», describe.

Eduardo: discusiones por el papel higiénico

Eduardo tiene 38 años y siempre sintió fascinación por el dinero. De chico coleccionaba monedas de cincuenta centavos y llegó a tener un cuarto repleto.

Cuando se puso en pareja con Paula, el problema se hizo evidente. «Terminábamos discutiendo por la marca del papel higiénico», cuenta.

Cada gasto le generaba malestar físico. «Me dolía el pecho y no me quedó otra que empezar el psicólogo. Era eso o me separaba», relata.

Patricia: la crisis como detonante

Patricia es trabajadora municipal y sintió mucha angustia cuando su economía se desmoronó. «Se me llegaron a juntar cinco boletas de luz y estuve muy preocupada», recuerda.

Desde entonces, calcula cada gasto. No sale a cenar, no se compra ropa. «Voy a un boliche cuando la entrada es gratuita y no tomo nada», dice.

El psiquiatra Corral advierte que esta fobia puede aparecer de forma transitoria ante situaciones de crisis, como ocurrió en 2001.

¿Tener dinero elimina el miedo a gastarlo?

No necesariamente. Pegoraro recuerda el caso del padre de una paciente que tenía propiedades y ahorros, pero comía menudos de pollo para no gastar y no limpiaba su casa para no comprar artículos de limpieza.

La crematofobia no distingue entre ricos y pobres. Se instala en la mente y controla cada decisión, cada salida y hasta los vínculos con los demás.

Tratamiento: recuperar la normalidad

Según los especialistas, la mejor terapia para tratar la crematofobia es la cognitivo-conductual. El proceso incluye:

  1. Identificar si hay algún trauma o aprendizaje familiar
  2. Trabajar con llevar lo irracional al plano terrenal
  3. Desensibilización: acercarse gradualmente a hacer pequeñas compras

En casos puntuales se recetan medicamentos para bajar la angustia o la ansiedad. También se recomiendan ejercicios de relajación y mindfulness.

Reflexión final

Hernán quiere dejar de preocuparse por el dinero. «Lo que me queda lo quiero disfrutar. Si te morís y te sobra plata es porque hiciste mal los cálculos», cierra.

¿Vos qué pensás? ¿Conocés a alguien que haya llevado el ahorro a extremos peligrosos? La línea entre la prudencia financiera y la obsesión puede ser más delgada de lo que imaginamos.

Fuente: Clarín