El Chaco compra poco: un ticket de $20.000, sin carne y con mucha preocupación
20 de enero de 2026 – Mientras los precios en las góndolas logran una frágil calma, el carrito de la compra chaqueño marcha con el freno de mano puesto. El vicepresidente de la Cámara de Supermercadistas del Chaco, Miguel Simons, describió una realidad económica desoladora: “La gente va al supermercado, pero gasta muy poco”. El ticket promedio, estancado entre $18.000 y $20.000, apenas alcanza para cubrir necesidades básicas y refleja una espiral donde la estabilidad de precios no basta para reactivar el consumo.
El carrito de la supervivencia
“Los elementos que hacen que se muevan las góndolas no han cambiado. La gente tiene ingresos bajos y mucha precarización laboral”, afirmó Simons. El ritual de compra se transformó: ahora son visitas más frecuentes, con apenas tres o cuatro productos por vez. La planificación semanal o quincenal cedió ante la necesidad de ajustar cada gasto al día a día.
Los productos que desaparecen del carrito
La radiografía del consumo es elocuente:
- Carne: Una de las caídas más dramáticas. Su retroceso arrastra consigo el monto total del ticket.
- Bebidas alcohólicas, gaseosas y aguas saborizadas: Los primeros sacrificios ante cualquier ajuste. “Son los productos que más aumentaron y los que más sufrieron la caída de ventas”.
- Lácteos premium: La leche se vende, pero los quesos duros y especiales están en retirada. “Un kilo de queso cremoso ronda los $7.000 y hace meses que no se mueve”. Triunfa lo esencial: leche fluida ($1.400 a $1.800) y yogur económico.
La competencia desigual y la bomba de los costos
Frente a este panorama, los supermercados de cercanía libran una batalla perdida contra dos frentes:
- Los mayoristas: Atraen a quienes pueden desembolsar $60.000 o $100.000 de una vez, una suma inalcanzable para la mayoría.
- Los costos fijos implacables: “La energía, la telefonía, los impuestos y los costos laborales siguen siendo muy altos. Estamos en un contexto que no es apto para ningún tipo de aumento”, alertó Simons.
El verdadero fantasma: la economía informal
Más allá de las góndolas, el dirigente lanzó una advertencia sobre un mal que socava todo el sistema: “Por cada empleo legal que se pierde, lo que crece es la clandestinidad”. Este círculo vicioso significa ingresos aún más bajos, trabajadores sin cobertura social y un futuro jubilatorio devastado, lo que a su vez garantiza que el consumo no se recupere.
Así, la calma en los precios es solo un espejismo. La verdadera historia se lee en los tickets raquíticos y en la ansiedad de quienes, al llegar a la caja, saben que cada peso cuenta el doble. La pregunta ya no es cuándo volverá el consumo, sino cuánto más podrá resistir una sociedad que, para llegar a fin de mes, tuvo que vaciar su propio carrito.
