El chavismo ordena a Delcy Rodríguez asumir como presidenta interina, pero EE.UU. avisa: «Nosotros gobernaremos»
El Tribunal Supremo de Venezuela, de mayoría oficialista, dictaminó que la vicepresidenta asuma temporalmente ante la «imposibilidad material» de Maduro. Donald Trump desconoce la medida y afirma que su país dirigirá la transición. Se abre una crisis de doble autoridad.
CARACAS / WASHINGTON, 4 de enero de 2026. En un movimiento para salvar la continuidad institucional del chavismo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela, de mayoría oficialista, ordenó este sábado que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma como presidenta interina, tras declarar la «imposibilidad material y temporal» de Nicolás Maduro para ejercer tras su captura. Sin embargo, el decreto choca frontalmente con la declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, quien horas antes había afirmado: «Vamos a gobernar ese país hasta que podamos tener una transición segura, apropiada y legal».
El fallo del TSJ: constitucionalidad chavista en acción
La Sala Constitucional del TSJ, a través de la magistrada Tania D’Amelio, leyó el fallo que busca «garantizar la continuidad administrativa del Estado y la defensa de la Nación». El texto:
- Ordena que Rodríguez «asuma y ejerza, en condición de encargada, todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidenta».
- Se basa en la Constitución, que establece que ante una «falta absoluta» del presidente en los primeros cuatro años del sexenio, asume el vicepresidente. Maduro inició su tercer mandato el 10 de enero de 2024.
- Sin embargo, el tribunal dejó pendiente formalizar la «falta absoluta», una figura jurídica que no contempla explícitamente una captura por una potencia extranjera, creando una ambigüedad deliberada.
La respuesta de Rodríguez: lealtad a Maduro y rechazo a EE.UU.
En un discurso televisado, Delcy Rodríguez (identificada en pantalla solo como vicepresidenta) no se autoproclamó presidenta interina y mantuvo una línea de firme lealtad al capturado:
- «El único presidente de Venezuela es el presidente Nicolás Maduro», afirmó, rodeada de altos funcionarios civiles y militares.
- Acusó a los «extremistas que han promovido esta agresión armada» y advirtió que «la historia y la justicia se los hará pagar».
- No dio señal alguna de cooperación con Estados Unidos o de apertura a una transición dirigida desde fuera.
La cruda realidad: el poder dual y la sombra de Washington
El fallo del TSJ choca con la realidad geopolítica:
- Declaración de Trump: El mandatario estadounidense dejó en claro que será Washington quien gobierne durante la transición, desconociendo cualquier autoridad interna que no se pliegue a sus términos.
- Control de recursos: Trump también anunció que EE.UU. tomará control de las reservas petroleras venezolanas, la verdadera palanca de poder.
- Fuerzas Armadas: La lealtad de la cúpula militar, visible en el discurso de Rodríguez, será crucial. Pero su capacidad de operar bajo una administración estadounidense de facto es una incógnita.
Antecedente: las conversaciones secretas denegadas
El diario Miami Herald reveló en octubre que Delcy y su hermano Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional) mantuvieron conversaciones con EE.UU. para tramar una salida pactada de Maduro, ofreciéndose a liderar una transición. La Casa Blanca rechazó la propuesta en ese momento. Rodríguez lo desmintió rotundamente entonces, pero el antecedente muestra fisuras internas que ahora podrían reactivarse bajo presión extrema.
Escenarios: ¿gobierno títere, resistencia o fractura?
Se abre un período de poder dual y alta tensión:
- Gobierno paralelo chavista: Rodríguez podría intentar gobernar desde Caracas con el aparato estatal, en un acto de resistencia simbólica, mientras EE.UU. administra los recursos clave desde la sombra o de forma directa.
- Fractura en el chavismo: La presión podría dividir a la dirigencia entre colaboracionistas que negocien con Washington y duros que impulsen la resistencia.
- Desobediencia civil y caos: La población, ante dos autoridades que se anulan mutuamente, podría enfrentar un vacío de poder operativo, agravando la crisis humanitaria.
La orden del TSJ es un último intento del chavismo por aferrarse a la legalidad constitucional. Pero en la práctica, el poder real para decidir el futuro de Venezuela ya no está en el Palacio de Miraflores, sino en Washington y en los cuarteles militares venezolanos, que deberán elegir entre la resistencia imposible o la sumisión negociada.
