El fuero que protegía a los trabajadores está en la mira: los judiciales cortan el país

Mientras el Senado debate reformas, el Gobierno avanza por decreto con el traspaso de la Justicia Nacional del Trabajo a la Ciudad. Los empleados judiciales lo llaman por su nombre: desmantelamiento.

La justicia que ya no llegará

Desde el mediodía, los tribunales están vacíos. Los expedientes, quietos. Las causas laborales que miles de trabajadores esperan desde hace meses, años, se congelaron.

Pero afuera, en Lavalle 1554, hay movimiento. Una marea de camisas celestes, camperas de la UEJN, carteles escritos con marcador. No son abogados de estudios prestigiosos. Son empleados judiciales, secretarios, auxiliares. Gente que pasa la vida entre códigos y expedientes, pero que hoy dejó todo para estar en la calle.

«Acá adentro se equilibra la balanza», dice una mujer de 50 años, empleada de la Cámara del Trabajo, mientras señala el edificio. «Cuando un trabajador viene con la ropa gastada y el patrón con traje, este es el único lugar donde los dos se sientan en la misma silla».

Esa silla, dice, está en peligro.

El decreto que llegó sin aviso

Nadie lo vio venir. El 95/2026 se publicó en el Boletín Oficial casi en silencio. Facultaba al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a firmar convenios de transferencia. Un día después, Adorni y el ministro de Justicia porteño, Gabino Tapia, sellaron el acuerdo.

La Justicia Nacional del Trabajo, esa que atiende los conflictos entre empleadores y empleados en toda la Capital, pasaría a manos de la Ciudad de Buenos Aires.

Suena a trámite administrativo. Pero Julio Piumato, secretario general de la UEJN, lo traduce: «Es un sorpresivo intento de disolución del fuero del trabajo. Prácticamente lo disuelve».

No es una exageración. El fuero laboral nacional tiene décadas de jurisprudencia protectoria, jueces especializados, una cultura judicial que mira al trabajador como la parte débil de la relación. Pasarlo a la Ciudad, dicen los especialistas, es someterlo a otra lógica. Otra estructura. Otra historia.

¿Qué se pierde cuando se pierde un fuero?

La pregunta flota en la marcha. Los judiciales caminan despacio, con la certeza de quien defiende algo que no se ve pero sostiene todo.

«El fuero del trabajo no es un edificio. Es un principio», explica un secretario de 40 años, que pide no dar su nombre. «Acá el juez puede ordenar una prueba de oficio, puede equilibrar. En otro fuero, el trabajador tiene que llegar con el abogado, el perito, el dinero para adelantar los gastos. Muchos no pueden».

La independencia judicial también está en juego. La Justicia Nacional depende del Congreso, de los presupuestos nacionales, de un entramado federal. La Justicia porteña responde a otra lógica política, a otro poder.

«Quieren una justicia laboral de segunda, rápida, barata para el empleador», suelta una empleada de la Cámara, con los ojos vidriosos. «Pero la justicia no puede ser barata. La justicia cuesta. Lo caro es no tenerla».

La calle que une fueros

El paro de judiciales no es aislado. A las 12 comenzó la medida. A las 14, la columna de la UEJN ya se fundía con la marcha de la CGT hacia el Congreso.

Dos reclamos, un mismo diagnóstico: el Gobierno avanza sobre derechos consolidados.

Piumato lo resume con dureza: «Es un día de lucha. Paramos y movilizamos en todo el país, a paso de vencedores. Más que nunca defendemos lo nuestro, la Justicia y la Patria».

La palabra «Patria» en boca de un sindicalista judicial suena antigua. Pero hoy, en la calle, tiene eco.

Lo que viene

El acuerdo de traspaso necesita aprobación legislativa. El Gobierno quiere tratarlo junto con la reforma laboral en el Senado. Es una estrategia: mezclar, confundir, avanzar.

Pero los judiciales prometen no aflojar. «Esto recién empieza», advierte un delegado. «Si pasa esto, mañana pueden transferir el fuero Civil, después el Penal. ¿Dónde paramos?».

La respuesta la tiene él mismo, mientras ajusta el barbijo y se prepara para caminar las diez cuadras que separan Lavalle del Congreso.

«Acá. Paramos acá».

Preguntas para una justicia que se redefine

¿Quién defiende al trabajador cuando la ley se escribe en una mesa con banqueros?
¿Qué justicia queremos: la que protege o la que administra?
¿Cuánto vale un derecho cuando hay que pagarlo antes de ejercerlo?

El fuero del trabajo no es un capricho gremial. Es el resultado de décadas de lucha para que la relación entre el que tiene y el que no tiene no se dirima solo en términos de poder.

Hoy, ese equilibrio está en discusión. Y los que lo sostienen todos los días desde un escritorio están en la calle.

La justicia no es un gasto. Es el último lugar donde un trabajador puede ser escuchado de igual a igual.

Si lo desmantelan, no será un ajuste administrativo. Será una sentencia.

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Crónica de una jornada histórica. Judiciales en la calle. El Congreso en debate. Argentina en vilo.