El «Mayo Sangriento»: La trama de manipulación y muerte del clan Scarone que estremeció a la región

A más de tres décadas del hallazgo, la historia del «trío de la muerte» sigue siendo el capítulo más oscuro de la criminalística tucumana, donde el liderazgo mesiánico y la frialdad terminaron con tres vidas en un mismo hogar.

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, 29 de Marzo de 2026 – En mayo de 1991, la provincia de Tucumán descubrió que el horror no siempre viene de afuera. En el barrio San Antonio del Bajo, en Banda del Río Salí, lo que aparentaba ser una vivienda de artistas y letristas escondía un cementerio clandestino bajo sus pisos. El protagonista de esta pesadilla fue Alberto del Valle Scarone, un hombre de inteligencia superior y rasgos psicopáticos que lideró a dos jóvenes en una seguidilla de crímenes conocidos como el «trío de la muerte».

El «Maestro» y sus discípulos del espanto

Scarone no actuaba solo. Convivía con su hija Amanda, su suegra —la respetada Doña Rosa— y dos jóvenes, Miguel Horacio Ledesma y Ricardo Héctor Sosa, quienes lo seguían con una devoción casi sectaria. Bajo este techo, Scarone ejercía un dominio psicológico absoluto, funcionando como un «manipulador de mentes» que transformó a sus seguidores en ejecutores de sus deseos más oscuros.

La cadena de asesinatos reveló una lógica de castigo y silencio:

  • Oscar Rubén Rivero (Albañil): Desapareció en 1990. Su cuerpo fue hallado meses después enterrado bajo una cama en la casa de Scarone. El móvil: celos por su relación con la hija del «maestro».
  • Ramón Okón (Artista): Asesinado a puñaladas en febrero de 1991. Dejaron un cartel sobre su cuerpo: «Por botón de la cana». Había denunciado al grupo por el robo de un histórico anillo episcopal.
  • Doña Rosa (Dueña de casa): La víctima final. Fue asesinada por el grupo tras descubrir los crímenes previos y amenazar con denunciarlos. Su cuerpo fue hallado en el patio de su propia casa tras una falsa denuncia de secuestro.

Un juicio que marcó un precedente

El proceso judicial, iniciado en septiembre de 1992, expuso detalles escalofriantes sobre cómo los asesinos dormían y convivían a metros de los cadáveres sepultados en cemento. El fiscal Edmundo Botto describió la dinámica del grupo como un círculo cerrado donde el asesinato era visto como un acto de «purificación» ante la traición o el desorden.

«El mal vivía en casa, cavaba en silencio bajo los pies de una madre y enterraba junto con ella la inocencia de una provincia entera», recordaron cronistas de la época sobre el impacto social del caso.

La sentencia fue ejemplar: prisión perpetua para Scarone, Ledesma y Sosa. Aunque la hija de Doña Rosa fue sobreseída por falta de pruebas, el estigma del caso persiguió a la familia por décadas.

Legado de un mayo trágico

Hoy, el caso de «Doña Rosa» es material de estudio obligatorio en las academias de policía y criminalística de todo el país. Representa la caída de la seguridad doméstica y el peligro de los liderazgos carismáticos volcados al crimen. Scarone murió tras las rejas, pero el recuerdo de la tierra removida en Banda del Río Salí permanece intacto en la memoria colectiva tucumana.

Pregunta para el lector: ¿Considerás que el sistema judicial actual está mejor preparado para detectar este tipo de perfiles manipuladores antes de que cometan crímenes múltiples?

CTA final: Compartí este relato histórico para mantener viva la memoria y la prevención sobre la violencia en círculos cerrados.