Golpe al Mercosur: Brasil quiere revisar la «letra chica» de la adhesión argentina al Tratado Transpacífico
El gobierno de Lula da Silva, que desconocía las gestiones nacionales, pide evaluar si se cumplen los compromisos del bloque regional. Malestar diplomático y críticas internas por la inclusión del Reino Unido.
La euforia del Gobierno argentino por el pedido formal de incorporación al Tratado Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) chocó de frente con la frialdad diplomática de Brasilia. Mientras el canciller Pablo Quirno entregaba en París la carta de intención a Nueva Zelanda, desde Itamaraty respondían con sorpresa y un claro mensaje de advertencia: «Hay que evaluar si vulneran los compromisos asumidos por el Estado argentino con el Mercosur».
Sin información previa sobre la iniciativa argentina, Brasil, principal socio del bloque regional, apenas disimuló su malestar. Fuentes de la diplomacia brasileña consultadas por LA NACION manifestaron su resquemor en off the record, y dejaron trascender que la decisión de Javier Milei de avanzar sin consenso previo abre una grieta en el Mercosur que deberá ser discutida en la próxima cumbre de presidentes, prevista para el 29 y 30 de junio en Asunción.
El tratado que despierta sospechas
El Tratado Transpacífico es un acuerdo de libre comercio que incluye a 12 países y abarca el 13 por ciento del comercio mundial. Entre sus miembros se encuentran Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y, desde 2023, el Reino Unido.
Precisamente la presencia del Reino Unido es uno de los puntos más sensibles para la diplomacia argentina y para los socios del Mercosur. El gobierno británico incluye a las Islas Malvinas dentro de los territorios alcanzados por el acuerdo, algo que desde el Gobierno argentino aseguran que será «objetado» en caso de que la incorporación prospere.
Sin embargo, desde Brasil no solo observan con lupa la cuestión Malvinas. También quieren conocer «la letra chica» del acuerdo comercial y de inversiones que Argentina firmó con Estados Unidos a principios de año, y evalúan si ambas iniciativas no violan las reglas del bloque regional.
La regla del consenso en el Mercosur
Un experto argentino en comercio internacional, que prefirió mantener el anonimato, explicó a LA NACION que «todo acuerdo o pacto que implique una adhesión o pacto de libre comercio extrazona tiene que tener el consenso de los cuatro países miembro, o al menos la autorización de todos ellos para iniciar las negociaciones para la adhesión».
En el caso del acuerdo con Estados Unidos, Brasil accedió a aumentar de 100 a 150 la cantidad de rubros alcanzados por la baja de aranceles para el comercio. Pero el Tratado Transpacífico es de otra magnitud: implica una profunda liberalización comercial y una renuncia a herramientas centrales de política industrial, según alertaron desde el kirchnerismo.
Milei contra el Mercosur
Desde que asumió la presidencia, Javier Milei ha criticado duramente el funcionamiento del Mercosur en todas las cumbres y reuniones del bloque de las que participó. En la última reunión, celebrada en Foz de Iguazú en diciembre pasado, el Presidente afirmó que el bloque no ha cumplido «con los objetivos centrales» de su creación, como mercado común, libre circulación efectiva y «apertura suficiente al mundo». Lula da Silva lo escuchaba sentado en el otro extremo de la misma mesa.
Ahora, con el pedido de adhesión al Transpacífico, Milei profundiza su estrategia de apertura unilateral y pone al Mercosur en jaque. Desde el Gobierno no niegan que la iniciativa no pasó por el tamiz de sus pares del bloque, y contraatacan: «Uruguay ya avanzó, Brasil ha hecho siempre lo que quiso y Paraguay tiene tratados con países como Taiwán».
Críticas internas y respuesta oficial
El anuncio también despertó críticas en el kirchnerismo. El ministro de gobierno bonaerense, Carlos Bianco, mano derecha del gobernador Axel Kicillof, afirmó: «El gobierno de Milei decidió entregar la industria nacional y poner en riesgo la cuestión Malvinas al mismo tiempo». Bianco sostuvo que el tratado «obliga a los Estados a renunciar a herramientas centrales de política industrial y a avanzar en una profunda liberalización comercial».
El canciller Pablo Quirno le respondió con ironía: «Hay tantas falsedades y errores en este comentario que solamente voy a decir que para tener éxito hay que hacer todo lo contrario a lo que dice (y hace) el kirchnerismo».
Desde el Gobierno ensalzaron las ventajas de sumarse al acuerdo, que abarca a casi 600 millones de personas. Negaron que se afecte a la industria nacional y aseguraron que, en caso de ingresar, el país «objetará cualquier intención eventual de Gran Bretaña de incluir a Malvinas» en la aplicación del tratado.
Lo que viene: una cumbre caliente en Asunción
El 29 y 30 de junio, el Mercosur volverá a tener su cumbre de presidentes en la capital paraguaya. Milei y Lula, de relación fría y siempre tensa, podrían volver a cruzarse, luego del faltazo del presidente socialista brasileño a la reunión en Asunción en la que se firmó el acuerdo UE-Mercosur.
La discusión interna en el Mercosur parece inevitable. La decisión del Gobierno de avanzar, tampoco genera dudas. El canciller Quirno ya entregó la carta de intención y el proceso, que según funcionarios nacionales demandará al menos un año, ya está en marcha.
Fuente: LA NACION – 7 de junio de 2026.
