Japón reactiva la mayor central nuclear del mundo, marcando un punto de inflexión 15 años después de Fukushima
La planta de Kashiwazaki-Kariwa, cerrada desde 2011, ha reiniciado uno de sus siete reactores. La decisión, respaldada por las autoridades pero enfrentada a una firme oposición ciudadana, refleja la encrucijada energética del país.
En un movimiento cargado de simbolismo y controversia, Japón ha reiniciado este miércoles la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo por capacidad, que permanecía inactiva desde la catástrofe de Fukushima en 2011. La reactivación, aunque parcial (solo uno de sus siete reactores), marca un punto de inflexión decisivo en la política energética del archipiélago.
Los detalles de la reactivación:
- Central: Kashiwazaki-Kariwa, en la prefectura de Niigata (costa del Mar de Japón).
- Operador: Tokyo Electric Power (Tepco), la misma compañía que gestionaba Fukushima Daiichi.
- Hito: A las 19:02 hora local, se conectó a la red el reactor nº7, el primero en volver a funcionar tras más de una década.
- Capacidad: La planta tiene una capacidad total de 8,2 gigavatios, suficiente para abastecer a unos 16 millones de hogares.
Un reinicio entre protestas y desconfianza:
La decisión se tomó pese a una fuerte oposición pública. Una encuesta de septiembre en Niigata mostró que el 60% de los residentes se oponía al reinicio, frente a un 37% a favor. El martes, decenas de manifestantes protestaron bajo la nieve a las puertas de la central.
“La electricidad de Tokio se produce en Kashiwazaki, ¿y solo los habitantes de aquí deberían estar en peligro? No tiene ningún sentido”, declaró Yumiko Abe, una vecina de 73 años, resumiendo el sentimiento de injusticia territorial que genera la energía nuclear en Japón.
El contexto: la presión energética vs. el trauma de Fukushima
Japón se encuentra en una encrucijada crítica:
- Dependencia energética: El país es extremadamente dependiente de importaciones de combustibles fósiles (gas, carbón, petróleo), lo que encarece la electricidad y compromete su seguridad energética y sus metas climáticas.
- El trauma persistente: El desastre de Fukushima (2011) no solo provocó el cierre de todos los reactores del país, sino que dejó una profunda desconfianza en la seguridad nuclear y en Tepco, cuya gestión fue fuertemente criticada.
Un camino gradual y vigilado:
El gobierno japonés, que busca que la energía nuclear cubra hasta el 22% de su mix eléctrico para 2030, ha impulsado el reinicio de reactores que superen los nuevos y estrictos estándares de seguridad impuestos tras Fukushima. Kashiwazaki-Kariwa es la séptima planta en reiniciar, pero su tamaño la convierte en la pieza central de esta estrategia.
¿Qué significa esto?
La reactivación de Kashiwazaki-Kariwa es más que un hecho técnico. Es una apuesta política y económica de alto riesgo:
- Para Tepco: Una oportunidad de recuperar ingresos tras la costosísima descontaminación y compensaciones de Fukushima.
- Para el gobierno: Un paso esencial para reducir costos energéticos, emisiones y dependencia exterior.
- Para la población: Un recordatorio del trauma no sanado y un test de la credibilidad de los nuevos protocolos de seguridad.
El reinicio se produce en un clima de tensión y vigilancia extrema. El mundo observa si Japón puede convivir de forma segura con la energía nuclear que una vez prometió abandonar, mientras la sombra de Fukushima sigue siendo larga. La confianza, esta vez, no se decretará en un papel, sino que se ganará o perderá en cada vibración, cada inspección y cada megavatio producido en Kashiwazaki-Kariwa.
