La Escuela de Jardinería del Chaco exporta ciencia a Brasil: un millón de plantines de manzana y tecnología in vitro

No es soja. No es carne. Es conocimiento puro, cultivado en laboratorio, con manos chaqueñas y destino internacional. La Escuela de Educación Agropecuaria N° 13, conocida como la Escuela de Jardinería, acaba de firmar un acuerdo con una empresa brasileña para producir y exportar un millón de plantines de manzana. No es un contrato menor. Es la consolidación de un centro biotecnológico que ya mira al mundo.

El laboratorio que crece en el Chaco

La EEA N° 13 «Ingeniero Agrónomo José Alberto Ruchesi» no es una escuela técnica común. Detrás de sus aulas y sus invernaderos, funciona un Centro Biotecnológico Agroforestal que desarrolla protocolos de micropropagación vegetal mediante cultivo de tejidos.

Allí se producen, en condiciones controladas, plantas ornamentales, forestales, industriales y agrícolas. Cereales, oleaginosas, y ahora: pistachos (en conjunto con un vivero de Mendoza y la Universidad de Madrid) y manzanas, para el sur de Brasil.

La tecnología es in vitro. Es decir, se multiplica material vegetal en frascos de vidrio, con hormonas, nutrientes y condiciones ambientales perfectamente reguladas. Una hoja, un tallo, una yema, pueden convertirse en miles de plantas genéticamente idénticas y libres de enfermedades.

Eso que parece ciencia ficción, en la Escuela de Jardinería es rutina.

El acuerdo: un millón de plantines con destino Brasil

El convenio firmado con una empresa brasileña del sector ornamental no es una venta spot. Es el resultado de un trabajo iniciado en 2024, cuando técnicos chaqueños viajaron a capacitar a sus pares brasileños en tecnología in vitro.

El objetivo: instalar un laboratorio similar en el sur de Brasil. Mientras tanto, la Escuela de Jardinería proveerá un millón de plantines de manzana para ser utilizados como pie o portainjerto.

Los empresarios brasileños visitaron las instalaciones, evaluaron el equipamiento, entrevistaron al plantel científico. Y dijeron que sí.

Valoraron el nivel tecnológico. Valoraron la capacidad técnica. Valoraron, sobre todo, la confianza que genera un socio que sabe lo que hace.

El ingeniero Ruchesi: «Esta puerta generará sus frutos»

José Alberto Ruchesi, el ingeniero agrónomo que da nombre a la escuela, sintetizó el momento con una frase que mezcla orgullo y prudencia:

«Esta puerta que se abre generará sus frutos y es probable que se puedan desarrollar otros cultivos similares».

No es una promesa. Es un pronóstico basado en hechos. Si el Chaco pudo ajustar un protocolo para manzanas, puede hacerlo para peras, para duraznos, para cualquier frutal de clima templado que Brasil necesite importar.

El sur brasileño es una región productiva enorme. Y ahora, tiene un proveedor de tecnología al otro lado de la frontera.

Lo que viene: pistachos, Madrid y más

El Centro Biotecnológico Agroforestal no se duerme en los laureles. Recientemente logró ajustar un protocolo técnico para la producción de pistachos, en colaboración con un vivero frutal de Mendoza y con asistencia académica de la Universidad de Madrid.

El pistacho es un cultivo de alto valor, con demanda creciente y pocos productores en Argentina. Que el Chaco esté en condiciones de producir plantines certificados es un salto cualitativo.

Y lo mismo aplica para cualquier otra especie que se proponga.

La ciencia que exporta futuro

Este acuerdo no es solo una buena noticia para la Escuela de Jardinería. Es una señal de que la provincia del Chaco puede insertarse en el mundo a través del conocimiento aplicado.

No necesitamos ser un polo tecnológico para generar tecnología. Necesitamos instituciones que investiguen, docentes que se capaciten, alumnos que se enamoren de la ciencia y empresarios que confíen en el producto local.

Acá hay un laboratorio. Acá hay técnicos. Acá hay plantines que cruzarán la frontera.

Eso también es desarrollo. Eso también es patria.

Preguntas para el futuro

¿Cuántas escuelas técnicas chaqueñas tienen potencial para convertirse en centros de innovación?
¿Qué otras especies frutales, forestales u ornamentales podemos multiplicar y exportar?
¿Cómo hacemos para que este modelo se replique en otras regiones y con otros cultivos?

La Escuela de Jardinería ya encontró su camino. Ahora falta que el resto del sistema educativo, productivo y político lo acompañe.

El Chaco no es solo algodón, ganadería o soja.

El Chaco también es ciencia. También es tecnología. También es un frasco de vidrio con una plantita que va a crecer del otro lado de la cordillera.

Y eso, en tiempos donde el conocimiento vale más que la materia prima, es una noticia enorme.

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La Escuela de Jardinería firmó un acuerdo con una empresa brasileña para exportar un millón de plantines de manzana y transferir tecnología in vitro. El centro biotecnológico chaqueño ya trabaja con pistachos, forestales y ornamentales. Ciencia con destino internacional.