La morosidad de las familias alcanzó un nuevo récord histórico en noviembre: 8,8%, el nivel más alto desde 2010

El Banco Central informó que el indicador acumula 13 meses consecutivos de alza y se triplicó en un año. La crisis de pagos se concentra en los créditos al consumo, mientras la liquidez del sistema financiero se reduce.

La capacidad de pago de los argentinos tocó un nuevo piso histórico. Según el último informe del Banco Central (BCRA), la morosidad de los préstamos a familias escaló en noviembre a 8,8%, marcando un nuevo récord desde 2010 (cuando comenzó la serie) y acumulando 13 meses consecutivos de incremento. El dato confirma el profundo deterioro del bolsillo de los hogares, golpeados por la recesión, la inflación y la caída del poder adquisitivo.

Los números que alarman:

  • Morosidad de las familias: 8,8% (era 2,6% en noviembre de 2024). Se triplicó en un año.
  • Morosidad de las empresas: 2,3% (significativamente más baja).
  • Morosidad total del sector privado: 5,2% (subió 0,7 puntos en un mes).
    El BCRA explicó que el aumento en los hogares se debe «principalmente al desempeño mensual de las asistencias destinadas al consumo», es decir, a los préstamos personales, tarjetas de crédito y financiaciones que las familias ya no pueden pagar.

El contexto: un sistema financiero sólido, pero con familias ahogadas
El informe del Central busca tranquilizar sobre la solvencia del sistema bancario: la integración de capital es del 28,6% (muy por encima del mínimo regulatorio) y las previsiones cubren el 97% de la cartera morosa. Sin embargo, esta «fortaleza» contrasta con la realidad social: millones de hogares están en default técnico.
Paralelamente, los ratios de liquidez del sistema en pesos cayeron, lo que indica que los bancos tienen menos efectivo disponible frente a los depósitos, en un contexto de tasas de interés altas y escasez monetaria.

¿Qué significa este 8,8% en la vida real?
Este porcentaje no es abstracto. Representa:

  • Familles que ya no pueden pagar sus tarjetas de crédito, préstamos personales o prendarios.
  • Un riesgo de exclusión financiera a futuro para quienes queden marcados en el Veraz.
  • Un freno al consumo y, por ende, a cualquier intento de reactivación económica.
  • Una presión adicional sobre el sistema judicial, que verá aumentar los juicios por ejecución de deudas.

Un indicador que refleja la crisis social
La morosidad récord es el termómetro financiero de la crisis social. Mientras el gobierno celebra el superávit fiscal y el control del déficit, los números del BCRA muestran la contracara dolorosa: los hogares están ahogados, sin margen para pagar deudas contraídas en otro contexto económico. La pregunta que queda es cuánto más podrá subir este indicador antes de que la tensión social alcance un punto de ruptura. Por ahora, la curva no da señales de frenar.