Lo que revela la caída de la fecundidad en la Argentina: los nacimientos se redujeron casi a la mitad en diez años
En 2014 nacían 775.000 niños; en 2024, apenas 413.000. El fenómeno transforma escuelas, mercado laboral y economía. Pero la pregunta clave es otra: ¿las personas tienen menos hijos porque quieren o porque no pueden tener los que desean?
14 de Febrero, 2026
¿La Argentina se achica? No territorialmente, sino demográficamente. En solo una década, el país experimentó un cambio profundo que pocos discuten pero todos empiezan a sentir: los nacimientos cayeron casi un 50%.
Los números son contundentes. En 2014 nacían 775.000 niños. En 2024, apenas 413.000. Una reducción de 362.000 nacimientos en diez años. Detrás de cada cifra hay una escuela que cierra un curso, un negocio de ropa infantil que baja la persiana, una familia que tomó una decisión.
Un caso singular en el mundo
La caída de la fecundidad es global, pero Argentina tiene su particularidad: la velocidad del desplome. Durante años el país parecía estabilizado en torno a los 2,4 hijos por mujer. A partir de 2014, se produjo un quiebre abrupto. Hoy la tasa es de 1,3 hijos por mujer, similar a la de Uruguay (1,4) pero con un ritmo de descenso que se asemeja más a transiciones aceleradas de Asia o Europa del Este.
Chile, por caso, está en 1,1. Pero lo que sorprende no es la comparación, sino la pendiente: en diez años, Argentina recorrió un camino que otros países transitaron en tres décadas.
Lo que se ve y lo que no se ve
El efecto no es estadístico: se siente en la vida cotidiana.
- En las escuelas: la matrícula de primer grado en la Ciudad de Buenos Aires cayó de 41.000 alumnos en 2020 a poco más de 30.000 en 2025. Ya hay cierre de secciones en escuelas públicas.
- En el mercado: menos niños significa menos demanda de juguetes, indumentaria infantil, alimentos para bebés, servicios educativos y de cuidado.
- En el trabajo: baja la necesidad de personal docente y de cuidados. A futuro, habrá menos población activa para sostener a los jubilados.
El problema se agrava en contextos de alta informalidad laboral: menos aportantes, más presión sobre un sistema previsional ya tensionado.
¿Problema u oportunidad?
Algunos especialistas matizan el pesimismo. Menos hijos pueden implicar:
- Menores gastos de crianza
- Mayor capacidad de ahorro familiar
- Más recursos por niño para educación, salud y nutrición
- Potencial mejora de la productividad futura
El caso de Corea del Sur es paradigmático: la caída de la fecundidad en los años ’60 amplió la población activa, impulsó el ahorro y sostuvo el crecimiento durante décadas. Pero también derivó en un envejecimiento acelerado y en niveles bajísimos de fecundidad que hoy son un problema estructural.
El dividendo demográfico no es eterno.
La pregunta incómoda
Pero hay una cuestión de fondo que el investigador Jorge Paz plantea con claridad: ¿esta baja refleja lo que las personas desean?
En todos los países donde se mide, el ideal de hijos ronda los dos. La gente quiere tener más hijos de los que tiene. Entonces, ¿por qué no los tienen?
Las respuestas son conocidas pero no por eso menos graves:
- Altos costos de crianza
- Exigencias laborales incompatibles con el cuidado
- Falta de políticas públicas de apoyo a las familias
- Precariedad económica que posterga proyectos
«No se trata solo de cuántos hijos se tienen, sino de cuántos se quieren tener», plantea Paz. Si la mayoría deseara familias muy pequeñas, no habría crisis: estaríamos ante una elección social legítima.
El problema aparece cuando esa elección choca con la realidad. Cuando la gente quiere más hijos pero no puede.
El debate de fondo
Argentina no enfrenta una «catástrofe demográfica», sino una transformación profunda en la forma de formar familias. El desafío no es evitar que bajen los nacimientos, sino garantizar que las decisiones reproductivas sean libres y no estén condicionadas por restricciones económicas y sociales.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cuántos proyectos de vida quedan truncados por falta de condiciones para llevarlos adelante?
¿Cuántos hijos te gustaría tener?
Si quisieras más, ¿qué tendría que cambiar para que puedas?
Detrás de cada estadística hay una historia: la pareja que posterga, la mujer que no encuentra trabajo estable, el joven que no llega a fin de mes y no se imagina manteniendo un hijo. La demografía no es destino: es el reflejo de las condiciones en las que vivimos.
El debate recién empieza. Y vos también podés ser parte.
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