Milei celebra con un «Viva la libertad, carajo» la captura de Maduro por EE.UU.

Subtítulo: El presidente argentino fue el primer mandatario regional en apoyar públicamente la operación militar. Su postura marca una ruptura total con la diplomacia tradicional latinoamericana y alinea a la Argentina con Washington.

BUENOS AIRES, 3 de enero de 2026. En una toma de posición que redefine la política exterior argentina y fractura la respuesta regional, el presidente Javier Milei celebró este sábado la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses. A través de sus redes sociales, el mandatario publicó un contundente mensaje de apoyo al operativo liderado por Donald Trump: «La libertad Avanza. Viva la libertad carajo».

La declaración, acompañada por un mensaje similar de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich («Venezuela será libre»), coloca a la Argentina en un campo diametralmente opuesto al de sus vecinos y marca la primera reacción oficial de un jefe de Estado latinoamericano ante el histórico evento.

Una postura anunciada y una ruptura deliberada
La celebración de Milei no es sorpresiva, sino la culminación lógica de su discurso y alianza ideológica con Donald Trump. Durante la última cumbre del Mercosur, el presidente argentino ya había dedicado un tramo central de su intervención a denunciar a la «dictadura atroz e inhumana» de Maduro y a «saludar la presión de los Estados Unidos y de Donald Trump para liberar al pueblo venezolano».

En esa ocasión, su postura chocó frontalmente con la de otros líderes regionales, como Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, quien había advertido que una acción militar estadounidense provocaría una «catástrofe humanitaria» y representaba un acoso extranjero al continente.

El significado geopolítico: la Argentina elige bando
Al salir a celebrar de inmediato una intervención militar extranjera en un país soberano de la región, el Gobierno de Milei realiza varias declaraciones tácitas de gran peso:

  1. Legitima el uso de la fuerza unilateral: Avala la doctrina de la intervención por motivos políticos y humanitarios liderada por una potencia extracontinental, rompiendo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, pilares históricos de la diplomacia latinoamericana.
  2. Consolida el eje Washington-Buenos Aires: Refuerza la alianza estratégica y personal con la administración Trump, priorizándola por encima de la coordinación con socios regionales como Brasil, México o Colombia.
  3. Se enfrenta al progresismo regional: Su mensaje es un desafío directo a los gobiernos que, como el de Gustavo Petro en Colombia (quien ya movilizó tropas a la frontera), condenan la agresión y advierten sobre una crisis humanitaria.

Las reacciones que se avecinan: aislamiento o nuevo liderazgo?
La celebración de Milei le granjeará elogios fervientes en círculos conservadores y anticomunistas a nivel global, pero podría generar un aislamiento diplomático profundo en Sudamérica. Es probable que enfrente:

  • Condenas formales de varios gobiernos de la región.
  • Un clima de extrema tensión en foros como la Celac o el propio Mercosur.
  • Presión interna de sectores políticos y de la sociedad civil que rechazan la intervención militar extranjera.

El futuro inmediato: ¿un nuevo capítulo o una crisis regional?
Milei, con su característico estilo confrontativo, no solo comenta las noticias: toma partido en lo que podría ser el evento geopolítico más trascendental en la región en décadas. Al hacerlo, posiciona a la Argentina no como un mediador o un actor conciliador, sino como un aliado ferviente de la potencia interventora.

Su grito de «¡Viva la libertad!» resonará como un manifiesto de una nueva y agresiva política exterior, que antepone la afinidad ideológica con Washington a la solidaridad regional y a los principios del derecho internacional. Las horas y días siguientes dirán si esta apuesta le trae réditos o costos insoportables para el país, en medio de una Sudamérica convulsionada y al borde de una escalada impredecible.