Milei entre dos gigantes: alineado con Trump, pero atado a la billetera china
Pese a su retórica anticomunista y alineamiento con EE.UU., el comercio con China alcanzó récords en 2025 y es clave para las reservas. Un «contorsionismo pragmático» que muestra los límites de la autonomía.
La contradicción define la política exterior del gobierno de Javier Milei: mientras se alinea casi incondicionalmente con la agenda de Donald Trump –apoyando a Israel, retirándose de organismos multilaterales y respaldando acciones contra Venezuela–, su dependencia económica de China no deja de crecer. En 2025, el gigante asiático se consolidó como primer socio comercial de la Argentina, desplazando a Brasil, con un intercambio que aumentó un 62% en exportaciones y un 52% en importaciones respecto al año anterior.
Los números que doman al «león»
- Soja récord: China compró volúmenes históricos de soja argentina.
- Harina de soja: En enero de 2026, adquirió 30.000 toneladas, una operación sin precedentes.
- Importaciones «puerta a puerta»: Plataformas como Temu y Shein impulsaron un aumento del 270% en compras directas de ropa, calzado y electrónicos, con un déficit comercial que superó los u$s8.150 millones.
- Autos eléctricos: BYD desembarcó 5.000 vehículos en Zárate, aprovechando beneficios arancelarios.
Este crecimiento ha generado malestar en sectores industriales locales y hasta la irritación de Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre, quien reclama al Estado que frene el avance chino. Paradójicamente, el ministro Luis Caputo –símbolo del alineamiento con Wall Street– ha tenido que salir a defender los lazos comerciales con Beijing.
El pragmatismo como supervivencia
Milei ha matizado su retórica inicial. En Davos, declaró: «Para nosotros, China es un gran socio comercial… Usted va a entender que tengo que tener comercio con China». El giro no es ideológico, sino de necesidad: en junio vence el swap por u$s18.000 millones con el Banco Popular de China, que hoy sostiene parte de las reservas del BCRA. Si no se renueva, Argentina debería desembolsar unos u$s5.000 millones –dinero que no tiene–, lo que fuerza al gobierno a mantener el vínculo y hasta planificar una visita a Beijing.
¿Subordinación o realpolitik?
El gobierno intenta equilibrar un alineamiento político con Washington –que le vale respaldo financiero inmediato– con una dependencia comercial estructural con China. Trump quiere reducir la influencia china en la región, pero la realidad es que los dólares del FMI y el Tesoro estadounidense, en parte, terminan financiando importaciones desde China.
Esta «esquizofrenia geopolítica» refleja los límites de la autonomía argentina: sin divisas propias, el país depende de financiamiento externo, ya sea de Occidente o de Oriente. Milei, que llegó al poder con consignas anticomunistas, hoy debe negociar con el mismo gigante que denostaba, porque la economía –y las reservas– no dan para otra cosa.
¿Creés que esta doble dependencia (EE.UU./China) es sostenible para la Argentina? ¿Debe priorizarse el alineamiento político o la conveniencia económica? Dejanos tu opinión.
