«Recibía 150 notificaciones por día»: la historia del padre que le sacó el celular a su hijo de 11 años y hoy tiene «una mejor versión de él»
Ignacio Castro detectó señales de ansiedad en su hijo menor y decidió cambiar las reglas. Su experiencia dio origen a «Pacto Parental», una iniciativa entre familias para retrasar el acceso de los chicos a los smartphones y las redes sociales.
Esta historia comenzó en 2025, en Luján de Cuyo, Mendoza. El hijo menor de Ignacio Castro tenía 11 años y empezó a transitar algunos episodios de ansiedad. En paralelo, le tocó presenciar una situación de bullying en el colegio. Mientras trataba de entender qué estaba pasando, Ignacio decidió revisar el teléfono del nene y encontró un dato que lo descolocó: recibía, en promedio, 150 notificaciones de WhatsApp por día.
El libro que cambió su mirada
En ese momento, un vecino le recomendó un libro que terminó marcando un antes y un después en su vida y en la de su familia: La generación ansiosa, del psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt. El texto arranca con una metáfora provocadora: «Imaginá que a tu hijo de 10 años lo seleccionan para ir a vivir en un asentamiento humano en Marte y no sabés si podrá volver a la Tierra». A través de esa imagen, el autor ilustra cómo los adultos envían a los niños al mundo virtual de las redes sociales y los teléfonos inteligentes sin comprender del todo sus efectos.
Cuando lo terminó de leer, Ignacio dice que ya no pudo volver a ver a la tecnología de la misma forma. «Entendí que no se trataba de si me gustaba que mi hijo estuviera más o menos conectado, sino de que estaba manejando una herramienta para la que no estaba preparado», cuenta.
El primer celular: una decisión que hoy considera un error
En Argentina, la edad promedio de acceso al primer celular es 9,6 años, según el informe Kids Online Argentina 2025 de UNICEF y UNESCO. El 83% de los chicos de entre 9 y 11 años recibió su primer teléfono antes de cumplir los 10.
Ignacio no estuvo exento. Le dio un celular a su nene cuando tenía 9 años. «Porque soy un fanático de la tecnología y creía que darle un dispositivo era tenerlo actualizado», explica. A eso se sumaba la presión social: «Pensás: ‘Todos tienen un teléfono, tengo que dárselo’. Mi hijo terminó siendo el único de la clase que no tenía dispositivo. Por eso accedí».
Hoy asume que fue un error y propone: «Primer teléfono a los 14 años y redes sociales a los 16», en sintonía con lo que ya están haciendo países como Australia.
La decisión: sacarle el smartphone
Después de leer el libro y conversar con otros padres, Ignacio decidió sentarse a hablar con su hijo. «Le dije que lo que iba a pasar no era un castigo ni una represalia por algo que él hubiera hecho mal. Al contrario: era una forma de corregir un error mío», recuerda.
La reacción inicial no fue buena: «Lloró, pataleó y se enojó conmigo. Todavía me reprocha la decisión, por supuesto. Lo que propone la tecnología es extremadamente atractivo: está diseñada para mantenerte pegado al teléfono. Aporta poco y se lleva mucho».
La transformación
Sin embargo, lo que ocurrió después lo sorprendió. «Hoy mi nene lleva tres meses sin celular y puedo decirte que ahora tengo una mejor versión de él. No la cambio por nada. Le bajó la ansiedad, le bajó la irritabilidad, le bajó la agresividad. Es mucho más simpático, mucho más divertido».
«El otro día estaba llegando a casa y me lo encontré andando en bicicleta. También empezó a tocar la batería. Al apagar todo esto que lo mantenía anestesiado, empezó a canalizar la energía por otros lugares y, sobre todo, a aburrirse. Cuando le das esa posibilidad pasan cosas maravillosas. Es un movimiento contracultura», asegura.
El dumbphone y el efecto en toda la familia
Al más chico le dio un Nokia 1110, un dumbphone (teléfono tonto). Puede hacer llamados, recibir mensajes y jugar a la viborita. «Si necesita algo sé que me va a llamar. Es cierto que hay peligros en la calle, pero son más los peligros que trae el teléfono».
La decisión también lo interpeló a él: «Lo primero que hizo mi hijo fue exigirme: ‘Si vos también estás todo el día con el teléfono’, me planteó. Entonces me tocó revisar qué hacía yo con el aparato. Me di cuenta de que casi el 50% del tiempo que tenía en pantalla no tenía razón de ser».
El pacto con el hijo adolescente
Con su hijo de 15 años, Ignacio negoció de otra forma. «Le dije: ‘Vas a tener un máximo de dos horas por día para usar el celular y no vas a tener redes sociales hasta los 16′». Y ahí pasaron cosas curiosas. «Mi hijo no sabía que se podía llamar por teléfono. No concebía otra forma de comunicarse que no fuera por WhatsApp. Un día me dijo que necesitaba hablar con un amigo y no podía porque se le había terminado el tiempo. Le dije: ‘Pero tenés teléfono. Marcá el número y llamalo’. Algo que para nosotros es obvio, para ellos no lo es».
El nacimiento de Pacto Parental
La inquietud de Ignacio pronto encontró eco en otros padres del colegio San Nicolás. Primero hicieron una reunión con los padres del curso; luego la directora propuso extender la conversación a toda la escuela y se sumaron 200 más. De ese proceso surgió Pacto Parental, una iniciativa entre familias para retrasar el acceso de los chicos a los celulares y a las redes sociales.
«Me di cuenta de que había un montón de familias padeciendo lo mismo que yo. Incluso se está sumando gente de Paraguay», cuenta. Hoy, más de mil padres siguen la iniciativa.
El desafío de sostener la decisión
Ignacio sabe que su hijo puede ver TikTok en lo de un amigo, pero no le preocupa. «Al sacarle el teléfono resolví el 95% del problema. No pretendo controlar todo. La diferencia entre que mire un rato TikTok y que esté cinco horas por día con el aparato en la mano es enorme».
En su casa, cuando hay juntadas, los chicos ya saben que vienen sin teléfono. «Es una condición que conocen ellos y también los padres. No se negocia».
El mensaje final
«Lo más difícil es bancarse el enojo de los chicos. Pero después entendés que poner límites también es parte de ser padre. Yo llevo tres meses con esta decisión y no la cambio por nada», concluye.
¿A qué edad le diste el primer celular a tus hijos? ¿Te pasó algo similar con las notificaciones o la ansiedad? Dejanos tu experiencia en los comentarios.
