Sin agua, sin clases: la crisis del servicio golpea a Sáenz Peña
La suspensión de clases presenciales se extiende en la ciudad chaqueña mientras los trabajos en el segundo acueducto dejaron a la mayoría de los barrios sin suministro. Las filas para cargar agua se multiplicaron durante el fin de semana.
SÁENZ PEÑA – El regreso a las aulas después de las vacaciones de invierno tendrá que esperar. No por decisión gremial ni por cuestiones pedagógicas, sino por una razón más básica y urgente: no hay agua. Y sin agua, no hay escuelas que puedan abrir sus puertas con mínimas garantías sanitarias.
El fin de semana, los celulares de padres y alumnos de esta ciudad comenzaron a vibrar con mensajes que nadie quería recibir. Los directivos de escuelas primarias y colegios secundarios, tanto de gestión pública como privada, comunicaban que el lunes no habría clases presenciales. La medida alcanza también a otras localidades del interior chaqueño afectadas por el mismo problema.
«No podemos tener chicos en los baños sin poder tirar la cadena, sin agua para lavarse las manos, sin poder limpiar los pisos. Es inviable», explicaba esta mañana una directora de una escuela primaria del centro de Sáenz Peña, que prefirió no dar su nombre pero reflejó el sentimiento general de sus colegas. «Nos duele postergar el inicio, pero la salud de los chicos y del personal está primero».
Una obra necesaria que dejó a la ciudad a la deriva
El origen del caos está en los trabajos que Sameep (Servicios de Agua y Energía Eléctrica del Chaco) inició el pasado 27 de julio en el segundo acueducto. Las tareas se extendieron en varios frentes: el cruce del puente sobre el río Negro, la zona de Makallé y la Planta N°4 de Barranqueras. Todo, en teoría, para mejorar el servicio a futuro.
La empresa había anticipado que las obras durarían hasta el viernes 31 de julio. Prometieron que el suministro estaría garantizado a través del primer acueducto, que seguiría operativo. Pero la realidad, como suele ocurrir en estos casos, fue muy distinta a lo anunciado.
Para el sábado y el domingo, la gran mayoría de los barrios de Sáenz Peña seguían sin una gota de agua corriente. Las fotos que circulaban en redes sociales mostraban filas interminables de vecinos con baldes, tachos y bidones esperando turno para cargar agua potable en los pocos puntos de distribución habilitados. No fue un fin de semana de descanso: fue de resistencia, de ingenio, de salir a buscar el recurso más elemental.
La escuela virtual, un parche necesario
Ante la imposibilidad de abrir las puertas, las autoridades educativas optaron por la vía digital. «El dictado de clases se desarrollará en modalidad virtual hasta tanto se normalice la situación», rezaban los comunicados que empezaron a circular el sábado a la tarde. Una decisión que, si bien resuelve el problema pedagógico de fondo, choca con otra realidad: no todos los chicos tienen conectividad ni dispositivos disponibles.
La medida será evaluada día a día. Las escuelas mantendrán sus administraciones abiertas de 8 a 12, con guardias mínimas para atender consultas y recibir documentación. Pero las aulas, por ahora, permanecerán vacías.
El Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, una de las instituciones emblemáticas de la ciudad, también se sumó a la suspensión. No hubo excepciones: ni la gestión pública ni la privada pudieron esquivar el problema.
El agua que no llega y la paciencia que se agota
Los vecinos de Sáenz Peña no están enojados con las obras. Entienden que el acueducto necesita mejoras y que el sacrificio de unos días puede traer alivio a largo plazo. Lo que molesta, lo que duele, es la falta de información precisa. Los plazos que no se cumplen. Las promesas que se diluyen mientras afuera el sol pega fuerte y las canillas siguen secas.
«Me avisaron que el viernes volvía el agua», contaba una madre de tres hijos mientras hacía la fila para llenar sus bidones. «Hoy es domingo y todavía no hay señal de que vuelva. No sé qué decirles a los chicos cuando me pregunten si mañana van a la escuela».
El regreso a las aulas, tan esperado después de las vacaciones, quedó postergado por una crisis que no distingue entre alumnos, docentes o directivos. En Sáenz Peña, como en tantas otras ciudades del interior argentino, el agua no es un lujo: es una condición básica para la vida cotidiana. Y cuando falla, todo lo demás se detiene.
Hasta el cierre de esta edición, Sameep no había comunicado un nuevo plazo para la finalización de los trabajos ni precisado cuándo se restablecerá el servicio en su totalidad. La ciudad, mientras tanto, sigue esperando. Y los chicos, desde sus casas, miran las pantallas y se preguntan cuándo podrán volver a la escuela.
