Tafí del Valle al borde del colapso: el éxito turístico que amenaza con destruir la joya de Tucumán

Filas de autos de más de un kilómetro, contenedores saturados, pozos sépticos rebalsados y una infraestructura que no da abasto. La villa más visitada del norte argentino enfrenta una crisis estructural que pone en duda su modelo de desarrollo.

Las postales de los fines de semana de temporada alta en Tafí del Valle ya no muestran paisajes de ensueño. Son filas interminables de vehículos, bocinazos, demoras de horas y una paciencia que se agota. Pero el caos vehicular es apenas la punta del iceberg.

Detrás hay un problema más profundo: una localidad diseñada para pocos cientos de familias veraneantes recibe hoy decenas de miles de visitantes en cada fin de semana largo. Y las cuentas no cierran.

Un pueblo que no fue pensado para tanto éxito

La arqueóloga Bárbara Manasse, investigadora y residente del valle desde hace casi cuatro décadas, lo explica con claridad: «Tafí no responde al modelo clásico de ciudad turística. No tiene una plaza central articuladora, el centro comercial no está vinculado a un núcleo cívico, la iglesia no organiza el trazado urbano».

Su configuración original era otra. Nació como villa de veraneo para familias adineradas. El Código de Planeamiento Urbano vigente data de 1991. Nunca se actualizó. Y mientras tanto, el pueblo creció, los residentes compraron autos y el turismo explotó.

Entre los años 2000 y 2010, las mejoras en rutas, el acceso masivo al automóvil y las políticas de promoción turística transformaron el perfil del valle. La normativa quedó congelada en el tiempo.

Los números que explican el colapso

Durante los fines de semana de mayor convocatoria —el Seven, el Carnaval, la Fiesta Nacional del Queso— ingresan a Tafí varias decenas de miles de personas. La densidad poblacional se multiplica en cuestión de horas.

El resultado es previsible: calles que no fueron dimensionadas para ese caudal, falta de estacionamiento, tiempos de espera que se estiran al límite y un sistema de semáforos que, según varios especialistas, termina siendo parte del problema.

El arquitecto Osvaldo Merlini, ex funcionario municipal, apunta contra el semáforo de la ruta 307: «Interrumpir el tránsito en una vía provincial genera filas de más de un kilómetro, incluso cuando no hay circulación en sentido contrario. Es impráctico y contraproducente».

Propone en cambio reforzar la presencia de personal capacitado que regule el tránsito con criterios dinámicos, según la densidad real del momento.

El ingeniero Ricardo «Tato» Sanchis, exsecretario de Obras Públicas, matiza: los semáforos ayudaron a ordenar el microcentro ante la falta de personal entrenado. Pero admite que lo ideal serían sistemas inteligentes con sensores en el pavimento. El obstáculo: presupuesto.

Tafí sigue siendo un municipio de tercera categoría, con ingresos que no se condicen con las exigencias de una villa turística de referencia provincial.

Más allá del tránsito: servicios al límite

La congestión vehicular es la cara visible, pero no la única. Merlini enumera otros problemas graves:

  • Residuos: contenedores que se saturan y desbordan en temporada alta
  • Cloacas: ausencia de red. Los pozos sépticos rebalsan en verano por la saturación y el ascenso de napas, con escurrimientos hacia la vía pública
  • Animales sueltos: caballos y otros animales circulando por calles y rutas
  • Emergencias: precariedad del sistema sanitario para responder a picos de demanda

«Tafí colapsa ante semejante impacto de vehículos y gente», sentencia Merlini. Y la advertencia va más allá: ante eventos extremos —crecidas de ríos, cortes de ruta, emergencias de gran escala—, la falta de planificación podría tener consecuencias graves.

El debate de fondo: ¿cuánto puede crecer Tafí?

Los especialistas coinciden en un diagnóstico: hace falta un plan integral de ordenamiento. Pero eso implica discutir algo más incómodo: los límites.

Merlini propone un estudio técnico profundo que redefina el planeamiento urbano, establezca límites claros al crecimiento y ponga en orden primero los servicios, la circulación y el control de edificaciones. Advierte además sobre el avance de ocupaciones informales en terrenos familiares y zonas de riesgo, vinculadas al encarecimiento del suelo.

Sanchis agrega una pata clave: educación vial. «La falta de formación de los conductores y ciertas conductas imprudentes agravan la congestión y elevan el riesgo de accidentes», especialmente por la convivencia en las calles de autos, cuatriciclos y caballos.

La encrucijada

Tafí del Valle enfrenta una paradoja dolorosa: su éxito como destino turístico la está llevando al colapso. La villa que todos quieren visitar corre el riesgo de destruir aquello que la hace atractiva.

El debate ya no es si hay que ordenar el tránsito. Es si el modelo de desarrollo actual es sostenible. Cuánto crecer, con qué recursos, bajo qué normativa y, sobre todo, cómo hacerlo sin perder la identidad que convirtió al valle en la joya turística del norte.

¿Visitaste Tafí del Valle en los últimos años? ¿Notaste el colapso? ¿Qué solución propondrías? Dejanos tu opinión en los comentarios.