Tenía cuatro meses. El ladrillo no era para ella.
En una fiesta de pueblo, una discusión de adultos terminó con una beba internada con fractura de cráneo. La agresora, una docente de 23 años, está detenida. La pequeña lucha en Tucumán.
El golpe que no esperaba
La bebé viajó abrazada al pecho de su hermano. Eran las primeras horas del 8 de febrero, y el Parque Güemes de Termas de Río Hondo vibraba con la música de la fiesta local. Nada anticipaba lo que ocurriría.
Una discusión creció entre dos grupos de adultos. Gritos. Acusaciones. Empujones. En ese fragor, una joven de 23 años, docente, tomó un ladrillo del suelo y lo arrojó con fuerza.
No dio en el blanco que buscaba.
El proyectil impactó de lleno en la cabeza de la beba de cuatro meses.
El silencio después del grito
Los testigos describen segundos de parálisis. Después, el caos. La madre tomó a la pequeña entre los brazos mientras el agresor huía. La bebé no lloraba. Eso fue lo que más asustó a quienes vieron la escena.
Fue trasladada de urgencia al CIS Termas. Allí, los médicos confirmaron lo peor: fractura de cráneo. Disponen su traslado al CEPSI en Santiago del Estero, pero la madre, desbordada por el miedo, decide llevarla a un centro médico en Tucumán.
Hoy, la beba sigue internada. Los partes son reservados. Nadie sabe aún si el golpe dejará secuelas permanentes.
Una docente, una detenida, muchas preguntas
La agresora tiene 23 años. Es maestra. Su nombre circula en voz baja por las calles de Río Hondo, entre el estupor y la condena vecinal.
La fiscalía ordenó su detención inmediata. Quedó imputada por lesiones graves. Estuvo primero en el Centro Integral de Salud, luego en la Comisaría de la Mujer y la Familia, y finalmente fue alojada en la Alcaidía Zona Sur.
El fiscal Rafael Zanni ya inició la reconstrucción de los hechos. Hay testigos. Hay peritajes. Hay un ladrillo que no habla pero condena.
“Es un hecho de una irracionalidad absoluta”, definieron desde la investigación. La frase no es técnica. Es humana. Porque no hay tecnicismo que explique cómo una pelea entre adultos termina con una beba de cuatro meses internada con la cabeza rota.
El pueblo que se mira las manos
En Termas de Río Hondo, la noticia cayó como un balde de agua helada. “Acá nos conocemos todos. Es raro que pase algo así, pero cuando pasa, duele más”, dice una vecina que prefiere no dar su nombre.
Duele porque la agresora es joven. Porque es mujer. Porque es docente. Porque, como dicen en el barrio, “podría ser cualquiera”.
Pero no es cualquiera. Es alguien que, en un segundo de furia, olvidó que enfrente había una beba. Y que esa beba no tenía nada que ver.
Preguntas que deja un ladrillo en el aire
¿Cuántas veces una discusión entre adultos se llevó puesta la inocencia de un niño?
¿Qué pasa por la cabeza de alguien que, en medio de la ira, no mide las consecuencias?
¿Cómo se repara una infancia cuando el daño ya está hecho?
La bebé de cuatro meses aún no tiene nombre en las noticias. Es «la menor», «la pequeña», «la víctima». Pero tiene una madre que no duerme, un hermano que no se perdona haberla tenido en brazos, y un futuro que hoy es una incógnita médica.
La violencia no avisa. No elige. No pregunta la edad.
Pero la prevención, la escucha y el freno a tiempo pueden llegar antes que el ladrillo.
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Historia real de una violencia absurda. Una beba internada. Una comunidad conmocionada. La deuda de protegernos entre todos.
