Trabajos extraordinarios: cuando la pasión convierte lo desconocido en vocación

En el Día Internacional del Trabajo, cuando la mayoría celebra con un asueto o un locro familiar, hay quienes siguen trabajando. No por obligación, sino porque su oficio es también su pasión. En la Universidad Nacional del Nordeste, tres trabajadores desempeñan tareas que pocos sabrían nombrar con precisión. Y sin embargo, lo que hacen es clave para la ciencia, la ingeniería y la educación.

¿Cuántos trabajos extraordinarios pasan inadvertidos a nuestro alrededor?

El viento en una maqueta

Beatriz Iturri es laboratorista en el Laboratorio de Aerodinámica de la Facultad de Ingeniería. Su misión: construir modelos a escala de edificios e instrumentarlos para ensayarlos en el túnel de viento. Ese equipo simula las condiciones reales del viento y mide cómo afectará a una estructura antes de que se construya.

«No es solamente construir el modelo, también hay que construir todo el entorno», explica Beatriz. Los bloques que se colocan dentro del túnel representan los edificios vecinos, porque el viento cambia según los obstáculos que encuentra en cada ciudad.

El túnel tiene más de treinta años, pero la tecnología evolucionó. Hoy los modelos se diseñan en computadora y se imprimen en 3D, un salto enorme respecto de los antiguos modelos de madera. Por ese laboratorio pasaron edificios de Buenos Aires, la costanera de Posadas, paneles solares en San Juan y hasta la Torre Trump en Punta del Este.

Cuando alguien le pregunta a qué se dedica, Beatriz responde que trabaja con maquetas en un laboratorio. «Con eso más o menos se dan una idea», sonríe. Pero lo que no dice en esa frase simple es que ella replica el viento de cada ciudad, piedra por piedra.

¿Puede una maqueta salvar vidas cuando sopla una tormenta? La respuesta, aunque invisible, está en cada ensayo.

El arte de conservar lo que enseña

Enrique Germán Romero es jefe del Laboratorio de Anatomía Humana de la Facultad de Medicina de la UNNE. Lleva más de quince años allí. Su trabajo: conservar cuerpos y piezas cadavéricas que usan los estudiantes de primer año de Medicina, y generar nuevo material para el Museo de Anatomía del Desarrollo.

«Lo que más me gusta es generar material que quede para la posteridad», confiesa. Ese material se obtiene mediante técnicas que minimizan el uso de formol y otros químicos tóxicos. Uno de los aspectos más delicados de su tarea.

Su vínculo con la anatomía comenzó el primer día de la carrera. «La primera materia que se da es Anatomía Humana. A partir de ahí me dediqué a ser docente y nunca más salí de eso», recuerda. Hoy recibe contingentes de estudiantes y dedica tiempo a desmitificar el uso de cadáveres en la ciencia.

Porque los mitos existen: «Siempre hay mitos de que se consiguen cadáveres por fuera», reconoce. Por eso explica que el material fetal, por ejemplo, proviene de hospitales, de abortos espontáneos, con donación y consentimiento informado de los padres.

¿Cuántas generaciones de médicos aprendieron gracias a un trabajo que nadie ve pero que todos necesitan?

Dibujar lo invisible a simple vista

Laura Simón ocupa su cargo hace 38 años. Es ilustradora científica botánica en el Instituto de Botánica del Nordeste. Su trabajo: dibujar plantas para publicaciones científicas, revistas especializadas de todo el mundo y tesis doctorales.

«Ver las plantas desde otra óptica, desde otro lugar, bajo la lupa, es un mundo maravilloso», describe. Ella no dibuja la planta tal como se ve en el campo, sino el ejemplar de herbario ya procesado, con sus características «acentuadas» o «exageradas» —entre comillas, aclara— para que el botánico pueda identificar una especie y distinguirla de otra.

Trabaja con tinta china, lapiceras descartables de distintos grosores, papel doble satinado y una lupa binocular con cámara clara que le permite dibujar y calcar al mismo tiempo. Nunca repite una ilustración. No sabe cuántas lleva hechas. «No las cuento», dice, y agrega con humor: «Pero si buscan con inteligencia artificial, les aseguro que son muchísimas».

«Somos muy pocos ilustradores en el país —afirma—, y nos conocemos casi todos». Es una profesión que siempre requiere una explicación detallada cuando alguien pregunta. Lo que más le gusta es el momento de pasar sus ilustraciones a tinta: ahí pone su impronta. Los botánicos más atentos advierten las diferencias de estilo entre ilustradores. «Ahí está la parte artística, el estilo, la impronta de cada uno».

¿Puede un dibujo hecho a mano competir con una fotografía de alta resolución? Para la ciencia botánica, la respuesta es sí. Y la razón está en cada trazo de tinta.

El privilegio de tener trabajo y pasión

En el Día Internacional del Trabajo, Beatriz, Enrique y Laura recuerdan algo que a veces se olvida: todos los trabajos son complejos. Todos tienen la misma importancia. Y tener trabajo —en palabras de Laura— es un privilegio.

Sus oficios son poco conocidos. No salen en los titulares. No generan trending topics. Pero sin ellos, los edificios no resistirían el viento, los médicos no aprenderían anatomía y la ciencia botánica perdería una herramienta fundamental.

¿Cuántas personas, en este momento, están haciendo en silencio un trabajo extraordinario sin que nadie lo sepa?

Esa pregunta, quizás, es la que mejor resume este 1° de Mayo.