«Lo desaparecieron cuando estaba por recibirse»: la memoria viva de una hija en la UNNE
Guadalupe Arqueros reconstruye la historia de su padre, estudiante de Derecho desaparecido en la dictadura. A 50 años del golpe, la UNNE trabaja en la reparación de legajos de estudiantes, docentes y no docentes víctimas del terrorismo de Estado.
«Hizo rápido la carrera con muy buenos promedios, es la información que yo tengo de mi papá en la Facultad de Derecho de la UNNE. En agosto del 2024, el Espacio de la Memoria RI9 junto a la facultad, nos entregaron su historial académico ahí confirmé que tenía muy buenas notas y vi lo poco que le quedaba para recibirse», expresó con emoción a UNNE Medios, Guadalupe Arqueros, hija de Joaquín «Bocha» Arqueros, uno de los estudiantes de la Universidad Nacional del Nordeste desaparecidos durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
La reparación de legajos en la UNNE
Como aporte a la vigencia de la Memoria, Verdad y Justicia y con motivo de este 50 aniversario del último golpe de Estado, la Universidad del Sol desarrolla un completo trabajo de identificación y ordenamiento de legajos de estudiantes, profesores y trabajadores no docentes que fueron víctimas de la última dictadura cívico militar, a fin de rectificar dichos documentos agregando al final la leyenda «debieron interrumpir sus carreras universitarias o el ejercicio de la docencia por detenciones ilegales cometidas por el terrorismo de Estado» , para luego entregar copias a sobrevivientes y familiares.
La docente e investigadora destacó el compromiso de la universidad con este tema tan traumático para la historia del país, mencionando que «las últimas personas que estuvieron en el Rectorado y las facultades, hicieron un buen trabajo sobre los derechos humanos, en especial en Derecho y Humanidades, tal vez porque son las facultades que más conozco, pero ahí es donde veo que está presente la discusión».
El impacto en las familias
Resulta conmovedor e invita a la reflexión colectiva sobre la memoria, asomar la mirada a las historias de vida atravesadas por la tragedia de la desaparición política de un familiar. Es el caso de Guadalupe Arqueros, docente del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades que desarrolla sus actividades de investigación en el IIGHI, quien hasta el día de hoy no conoce el destino de su padre.
A pesar de crecer con esta historia, su trabajo en la UNNE le permitió reconstruir rasgos de él a través de la relación con personas que lo conocieron. Empezó a trabajar como auxiliar docente en la asignatura Estética e Historia del Arte en la carrera de Comunicación Social. Allí se encontró con personas que estaban por jubilarse y habían sido compañeras de su padre.
«Siempre tuve buena experiencia en la UNNE con respecto a mi situación de hija de desaparecido, de ser víctima del terrorismo de Estado», destacó Arqueros.
Una traumática llegada a este mundo
La docente relató cómo era su familia: «en el 76 éramos mi hermano Chaval (su apodo), que tiene 6 años más que yo, mamá Judit y mi papá Joaquín Vicente, ellos dos militaban en Montoneros. Papá estaba a punto de recibirse de abogado en Derecho, había egresado del Colegio Nacional de Corrientes».
Arqueros resalta que no lo llegó a conocer porque ella nació a fines de marzo del 1976 y su padre ya se encontraba en la clandestinidad desde el 75. «El golpe es el 24, yo nací el 30 y nos secuestran violentamente a mi mamá y a mí el 11 de abril. Estuvimos detenidas hasta octubre de ese año», cuenta.
La noticia de la desaparición del padre fue dura. «Mamá se entera estando presa en la cárcel de Devoto, que a papá lo habían chupado, como se decía en ese momento: es decir, que o lo habían detenido o había caído. Después no se supo más nada, ni del cuerpo y sigue sin saberse». Hilda, su abuela paterna, lo buscó toda su vida. Su madre Judit, esposa de Bocha, falleció hace pocos meses.
El regreso de la democracia
La profesora de la Facultad de Humanidades señaló que después del 83 «la vuelta de la democracia no fue tan buena como podría imaginarse, porque en ese momento se realiza el Juicio a las Juntas, que fue bastante duro, porque se escucharon los testimonios de la represión». Aunque aclara que según la percepción de los familiares afectados no había aún un consenso tan fuerte en la primera década ni en la segunda, sobre el horror de lo que había sido la dictadura. «Eso sucedió más adelante», asegura.
«Después del 2003 empieza a consolidarse una visión más cabal sobre lo terrible del periodo genocida. Y gracias a la militancia se sancionan leyes reparatorias, aumenta el accionar de los organismos de derechos humanos y los juicios de la verdad en todo el país. Es cuando se revierten los indultos», destacó Arqueros.
Cómo continuar fortaleciendo la memoria en la universidad
La profesora afirma que «hay que recordar siempre, no solo desde las agrupaciones políticas, sino también desde los decanatos y consejos, para no olvidar, y continuar favoreciendo la investigación sobre la represión en nuestra región».
«La Secretaría de Ciencia y Técnica potenció el trabajo sobre historia reciente, hay proyectos de investigación en el IIGHI y en grupos dirigidos por las Dras. María Silvia Leoni y Marimar Solís Carnicer, que indagan en cómo fue la dictadura eclesiástico-cívico-militar en la región. En este contexto donde algunos discursos amenazan a la democracia es fundamental saber que ese terror no debe volver nunca más».
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