La crisis golpea al negocio cervecero: el consumo cayó 35%, suben los costos y crece el cierre de locales

Costos en alza, alquileres elevados, importaciones y cambios de modelo impactan tanto en cervezas artesanales como en las industriales.

El negocio cervecero en la Argentina atraviesa una etapa de fuerte tensión, marcada por un dato que ordena todo el escenario: en los últimos dos años, el consumo cayó cerca de un 35%. La contracción, combinada con el aumento de costos y cambios en los hábitos, empieza a impactar en toda la cadena, desde bares artesanales hasta grandes industriales. «La gente salió menos, y cuando sale, gasta menos. La cerveza dejó de ser un consumo diario para muchos», explicó a este medio un dueño de un bar cervecero de la ciudad de Buenos Aires.

Cierres emblemáticos

El proceso de ajuste ya se venía reflejando en cierres dentro del circuito cervecero. Durante 2025 bajaron la persiana espacios que habían sido protagonistas del boom artesanal. Entre los casos más representativos aparece Buena Birra Social Club, en Colegiales (Zapiola 1353), que dejó de operar tras casi 15 años de actividad. A pocas cuadras, también cerró Cervelar en Belgrano (Vuelta de Obligado 2391), otro de los locales consolidados en el segmento. «Eran lugares icónicos. Si cierran ellos, cualquiera puede cerrar», lamentó un habitué del circuito cervecero.

A esos movimientos se suman cierres recientes de franquicias de Antares en La Plata y Mar del Plata. La baja de persianas en la capital bonaerense corresponde al local ubicado en calle 56 entre 11 y 12, mientras que en la ciudad balnearia afecta al histórico punto de venta de Bernardo de Irigoyen 3851, en Playa Grande. Todos estos casos, incluso en zonas de alto poder adquisitivo, responden a un mismo patrón: caída del consumo, costos fijos en alza y un modelo que empieza a quedar exigido. «Los alquileres se volvieron impagables. Con la caída de ventas, no hay negocio que aguante», señaló el dueño del local.

La visión de Antares

Según explicó Leonardo Ferrari, socio fundador de Antares, los cierres no responden a una crisis puntual de la empresa sino a cambios en el esquema de costos y funcionamiento del negocio. «Es parte de la evolución natural. En estos casos no se renovaron los alquileres porque los propietarios decidieron dar otro uso a los locales», señaló. Se trata, además, de franquicias y no de locales propios, un dato clave dentro del modelo de expansión de la marca. «Eran espacios muy importantes, pero serán reemplazados en los próximos meses», agregó.

Sin embargo, el trasfondo es más profundo. «Cambió la economía del negocio. Los costos de alquileres, salarios y servicios se movieron fuerte, y también los márgenes», explicó Ferrari. «Antes con vender un 60% de la capacidad del local ya era rentable. Ahora necesitás vender el 80% y eso es muy difícil de alcanzar», detalló.

Caída del consumo en toda la industria

El dato que atraviesa todo el sector es la caída del consumo. En los últimos dos años, la industria cervecera acumuló un retroceso cercano al 35%, en línea con lo que ocurre con otras bebidas alcohólicas. Ferrari indicó: «Si tomamos 2024 y 2025, la caída ronda ese nivel en toda la industria». La contracción del gasto impacta directamente en la gastronomía, con menor frecuencia de salidas y tickets promedio más bajos. Esto obliga a los operadores a ajustar estructuras y repensar sus formatos para sostener la actividad.

Un modelo bajo presión

Este cambio también alcanza al producto. Las cervezas más simples y de menor costo de producción ganan protagonismo frente a estilos más complejos, en una búsqueda por sostener volumen sin deteriorar aún más los márgenes. A esa dinámica se suma un problema estructural: venden en pesos pero producen con costos dolarizados. La malta tiene precio internacional, el lúpulo es mayormente importado y la levadura suele provenir del exterior, lo que genera una presión constante sobre los márgenes. «Cada vez que el dólar sube, nuestros costos se disparan. Pero no podemos trasladarlo todo al precio final porque el consumidor no aguanta más», explicó un productor artesanal.

En este contexto, trasladar aumentos a precios finales resulta cada vez más difícil. El consumidor no convalida subas y eso comprime aún más la rentabilidad. El impacto también se ve en el formato. El modelo de grandes cervecerías empieza a dar paso a esquemas más eficientes, con locales más chicos y nuevas ubicaciones. «La época de las fábricas con restaurant enorme se terminó. Ahora la tendencia es un local chico, bien ubicado, con buena rotación y pocos empleados», señaló Ferrari.

Impacto en la industria grande

La crisis, además, no distingue escalas. La histórica Cervecería y Maltería Quilmes avanzó con ajustes en su operación en Zárate, donde redujo personal y turnos en su planta como parte de un proceso de adecuación a la menor demanda. Quilmes abrió un plan de retiro voluntario en su planta de Cervecería Argentina (CASA, ex Isenbeck), en Zárate, donde se produce la cerveza mexicana Corona. «Cuando la industria grande también achica, sabés que el problema es grave. No es solo un tema de artesanales», reflexionó el productor.

A esto se suma el avance de las importaciones, que incrementa la competencia en el mercado interno y agrega presión sobre los productores locales en un contexto ya complejo. «Entran cervezas de todo el mundo a precios competitivos. El consumidor tiene más opciones y nosotros tenemos que pelear en esa cancha con costos más altos», explicó Ferrari.

Adaptación y cambio

La dinámica del mercado también obligó a reconvertir el negocio. Las cervezas más simples y de menor costo ganan terreno frente a estilos más complejos, en una búsqueda por sostener volumen. La categoría bebidas cayó 19% y las alcohólicas retrocedieron 28%. En ese contexto, la cerveza artesanal mostró cierta resiliencia: alcanzó cerca del 20% del total en supermercados y Antares ganó 3,2 puntos de participación. Ese cambio en el comportamiento del consumidor resultó determinante: hoy el público ya no busca complejidad, sino experiencias más simples, cotidianas y accesibles, lo que llevó a la marca a reconvertir su propuesta sin perder su identidad artesanal.

Al mismo tiempo, el segmento artesanal logró cierta resistencia y mantiene participación en supermercados, aunque dentro de un mercado más chico. «Los negocios se adaptan», resumió Ferrari. El cambio en los hábitos de consumo, con una demanda más selectiva, empuja a reformular propuestas, ajustar costos y redefinir formatos. Con consumo en baja, costos rígidos y márgenes ajustados, el negocio cervecero entra en una etapa donde ya no alcanza con crecer. La prioridad, ahora, pasa por sostenerse.

En primer lugar, la caída del 35% en el consumo de cerveza en dos años es el dato más preocupante del sector. A continuación, los cierres de locales emblemáticos como Buena Birra y Cervelar marcan un antes y un después en el circuito artesanal. Además, los costos dolarizados de los insumos (malta, lúpulo, levadura) presionan los márgenes. Por último, las grandes industrias como Quilmes también ajustan con retiros voluntarios, mostrando que la crisis es generalizada.

¿Notaste la suba de precios en la cerveza que comprás en el super o en el bar? ¿Cambiaste tus hábitos de consumo? Compartí tu experiencia. El bolsillo de cada uno también es un termómetro de la economía.