«Cada innovación tecnológica reconfigura relaciones de poder»: Martín Becerra analiza quién manda en las plataformas

Mirá, capaz que te pasa como a mí: abrís Instagram, Netflix o YouTube y te olvidás que detrás de esas pantallas hay millones de dólares moviéndose y alguien decidiendo qué ves y qué no. Martín Becerra, un especialista en medios e industrias culturales que sabe una bocha del tema, vino a Resistencia a poner las cosas en claro. Y lo que dice da para pensar, che.

El investigador del CONICET participó en el X Congreso Internacional de Cine y Audiovisual de AsAECA, y este viernes dio una conferencia en la Facultad de Artes de la UNNE con un título que ya intriga: «Plataformización de las industrias culturales: ¿quién tiene el control?». Porque esa es la gran pregunta, ¿no? Todos usamos las apps, pero ¿alguien sabe realmente quién maneja el cotolengo?

Becerra arranca con una idea fuerte: los cambios tecnológicos no son neutros. «No se trata únicamente de tecnología, sino también de transformaciones políticas, sociales y económicas que reorganizan el funcionamiento del sector», explicó en una entrevista previa. Y acá viene la frase que resume todo: «Cada innovación tecnológica reconfigura relaciones de poder. No sólo modifica herramientas, sino también quién decide, quién produce, quién distribuye y quién se apropia de los ingresos».

O sea, no es solo que ahora grabás con el celular lo que antes necesitabas un estudio. Es que después ese video que subís a YouTube, lo ve o no lo ve según lo que decida un algoritmo que no conocés ni controlás. Y si cambiaron las reglas de un día para el otro, te quedaste afuera. «Esto no es una hipótesis; ha ocurrido muchas veces en los últimos años, con medios que perdieron gran parte de su tráfico de un día para otro», advirtió Becerra.

El especialista señala que hay un imaginario de autonomía muy tentador: cualquiera puede ser su propio jefe, manejar sus tiempos, producir sin pedir permiso. Pero esa autonomía es relativa, porque convive con nuevas formas de dependencia. «Si le cedés tu archivo a plataformas como YouTube o Spotify, tenés que saber que las reglas de juego están fuera de tu control. No es una relación entre iguales».

Y acá toca un punto clave: los medios tradicionales están en problemas porque perdieron el control de la circulación. Antes, un diario o un canal manejaba la producción y la distribución. Hoy, las plataformas ocupan ese lugar central. Además, tienen la capacidad de registrar comportamientos, consumos y hábitos. Esa información es la base de su poder económico, y también de su capacidad de decidir qué ves y qué no.

¿Y las regulaciones? Becerra es claro: hay una brecha enorme. Existen marcos generales como la Constitución o tratados internacionales, pero no hay una regulación específica a la altura del poder de estas plataformas. Pone el ejemplo de Brasil, donde el gobierno de Lula avanzó en normativas que responsabilizan a las empresas. Algo similar debería estar pasando acá, ¿no?

El especialista plantea un paralelismo histórico: así como hoy no problematizamos el rol de las plataformas, antes tampoco se problematizó el papel de los medios tradicionales. Y sin embargo, los medios tuvieron un rol político fortísimo. La diferencia ahora es la escala y la complejidad. «Estamos frente a conglomerados globales que no sólo median la comunicación, sino que también intervienen en la economía de datos, en la vigilancia y en múltiples dimensiones de la vida social».

La reflexión final de Becerra es más una invitación que una respuesta cerrada: «El desafío es no naturalizar estas transformaciones, analizarlas críticamente y entender que están atravesadas por relaciones de poder. Ese es el punto de partida para poder discutirlas».

La pregunta que te hago, es esta: ¿cuántas veces te quedaste scrolleando sin pensar por qué ves lo que ves, y cuántas veces te preguntaste quién está detrás de esa pantalla decidiendo por vos? Porque el poder, cuando no se ve, es más difícil de cuestionar.