Misión Imposible: el asado del primero de Mayo

El Día del Trabajador siempre tuvo una fragancia: a leña, a carne, a locro. El trabajador argentino, cuando llegaba esta fecha, sabía que había una mesa esperando. No era lujo: era ritual. Este año, en muchas casas chaqueñas, ese aroma no llega. O llega apenas, como un eco de lo que fue. La columna de Adrián Bellomi, co-secretario General de la CGT Regional Chaco y secretario General de la CGT, publicada en el marco del 1° de Mayo, no es un relato más. Es un diagnóstico con olor a parrilla vacía.

¿Puede un asado convertirse en el símbolo de lo que un trabajador perdió? En el Chaco de 2026, la respuesta parece ser sí.

El salario que se derritió: 40% menos de poder de compra

Bellomi es contundente: «El salario del trabajador chaqueño perdió cerca del cuarenta por ciento de su poder de compra en los últimos dos años». No es una opinión. Es un número que resume miles de historias individuales. El salario mínimo, hoy en 357.000 pesos, no cubre la canasta básica. Es decir: una familia que gana el mínimo, aunque trabaje formalmente, no puede comprar los alimentos, la vivienda, los servicios y el transporte que necesita para vivir.

Y hay más. Desde 2023, Chaco perdió más de 8.600 puestos de trabajo registrados. Es la peor caída del Nordeste argentino. Ocho mil seiscientas familias que pasaron de tener un ingreso formal (con aportes, obra social, antigüedad) a engrosar las filas de la informalidad o el desempleo.

Bellomi insiste: «No son cifras para titulares. Son padres y madres que ya no llegan, jóvenes que no consiguen su primer empleo, familias enteras que descubren que trabajar dejó de alcanzar».

Si trabajar dejó de alcanzar, ¿qué nombre tiene entonces la situación de quien no trabaja? Esa pregunta, incómoda, sobrevuela cada una de esas 8.600 historias.

El mes que se parte al medio: hasta el día 15 llega el sueldo

Uno de los pasajes más crudos de la columna describe la vida cotidiana de los hogares chaqueños: «En la mayoría de los hogares chaqueños, el sueldo termina el día 15. Lo que viene después tiene tres nombres: estiramiento, deuda o resignación».

Bellomi agrega un cuarto nombre, que ya es «paisaje cotidiano»: la tarjeta de crédito usada para comprar lo que antes se pagaba con el sueldo. La carne en tres cuotas. El changuito del super en seis. Los remedios financiados.

La imagen es desoladora porque muestra la degradación del trabajo como fuente de dignidad. No es solo que se gane poco. Es que el poco dinero que se gana no alcanza para cubrir las necesidades básicas del mes completo. Y entonces se recurre al crédito, que es caro, que genera deuda, que hipoteca el futuro.

«Hablar de un asado, en muchas casas, dejó de ser hablar de comida. Es hablar de una cuota más que se suma al resumen del mes que viene», escribe Bellomi.

¿Puede una sociedad llamarse «desarrollada» cuando sus trabajadores necesitan financiar la carne para un asado de celebración? La respuesta, en la Argentina actual, es triste.

El pluriempleo como nueva norma: jornadas de 16 horas

Otro dato escalofriante: el pluriempleo se ha consolidado como la nueva norma en el mercado laboral chaqueño. Los trabajadores se ven obligados a salir de su empleo formal para buscar una segunda actividad informal, con el fin de llegar a fin de mes cumpliendo jornadas que superan las 16 horas diarias.

Dieciséis horas. Es el tiempo que un ser humano dedica a trabajar, desplazarse y, apenas, dormir. El tiempo para la familia, para el descanso, para la salud mental, para la vida simplemente, desaparece.

Bellomi señala que este fenómeno se posiciona como uno de los de mayor crecimiento en el país durante el último periodo, en un contexto donde se registra una disminución significativa en el empleo privado formal.

Si un trabajador necesita dos empleos para sobrevivir, ¿no es acaso una confesión de que el primer empleo, por sí solo, es insuficiente? Y entonces, ¿dónde queda la promesa del trabajo digno?

El techo a las paritarias y la crisis de la obra social

La columna también se mete en la política concreta. Bellomi denuncia que «las paritarias se discuten con un techo impuesto desde un escritorio que no conoce el precio del kilo de carne». Es una crítica directa a las políticas de control de salarios que, según el dirigente sindical, desconocen la realidad inflacionaria.

Además, menciona la crisis de las obras sociales, «sostenidas por el aporte del trabajador», que viven una crisis que pone en riesgo el sistema de salud entero. Para el afiliado común, eso significa que, cuando más necesita la cobertura (una enfermedad, un accidente, un tratamiento), se encuentra con demoras, rechazos o servicios de mala calidad.

Y un dato específico para Chaco: se eliminó el Fondo Estímulo Productivo de los estatales pese a un fallo judicial en contra. «Esto no es ajuste técnico: es una decisión sobre quién paga la cuenta. Y la paga el que produce», escribe Bellomi.

Si la Justicia ya falló a favor del trabajador y el Estado no cumple, ¿qué garantías quedan para el cumplimiento de cualquier otro derecho laboral?

El Papa Francisco y los descartados

Bellomi recuerda que hace un año murió el Papa Francisco. Y trae sus palabras: habló sin rodeos de los descartados, del trabajo digno como cimiento de la dignidad humana. Decía que un sistema que no le da pan, techo, tierra y trabajo a su pueblo es un sistema enfermo.

Esa cita no es casual. Francisco era argentino. Conocía la realidad de los barrios populares, de los trabajadores precarizados, de los jóvenes sin futuro. Su palabra, aún después de muerto, sigue marcando rumbo para una parte del sindicalismo y la dirigencia social.

¿Puede un Papa argentino, muerto hace un año, tener más vigencia en el debate sobre el trabajo digno que muchos funcionarios de turno? La respuesta, lamentablemente, es sí.

Lo que se va a pelear: paritarias libres, obra social, derechos

La columna no es solo un lamento. También es un programa. Bellomi enumera aquello por lo que la CGT va a pelear:

  • Paritarias libres, sin techo impuesto desde un escritorio que no conoce la góndola.
  • Una obra social que no se caiga encima del trabajador justo cuando más la necesita.
  • El cumplimiento de los derechos que la justicia ya reconoció y el Estado todavía no paga.
  • Convenios que reconozcan lo que vale el que pone el cuerpo cada día.

Es una plataforma clásica del sindicalismo, pero dicha en un contexto donde muchas de esas banderas parecían dadas por perdidas.

El cierre es honesto, casi doloroso: «El sindicalismo no le va a devolver al trabajador chaqueño el asado que este año no entra en la parrilla. Eso ya se perdió. Pero tiene la obligación de pelear para que el próximo se pueda volver a hacer».

¿Puede un dirigente sindical prometer pelea cuando los indicadores muestran que, hasta ahora, la pelea se está perdiendo? Bellomi parece decir que la derrota momentánea no exime de la obligación de seguir luchando.

La última frase: trabajo, no discursos

La columna termina con una frase que debería ser un eslogan: «Y esa pelea es lo único que un dirigente honesto puede ofrecer hoy: trabajo, no discursos».

Es una definición de época. En un contexto donde los políticos hablan, los economistas proyectan y los funcionarios prometen, lo que el trabajador chaqueño necesita es algo más concreto: un empleo que pague lo suficiente, un salario que no se derrita antes de fin de mes, un asado que pueda compartir con su familia sin endeudarse.

Por eso el título: «Misión Imposible: el asado del primero de Mayo». Porque para un trabajador chaqueño de 2026, hacer un asado para celebrar su día se ha convertido en una tarea de altísima dificultad. No por falta de carbón o de carne, sino porque el dinero para comprarlos simplemente no alcanza.

Cuando el asado se vuelve misión imposible, ¿qué queda del Día del Trabajador? Queda, al menos, la memoria de lo que fue. Y la pelea, como dice Bellomi, para que el próximo año no sea igual.

Esa pelea, por ahora, es lo único que el sindicalismo puede ofrecer. Y en un país donde las promesas se han devaluado tanto como los salarios, quizás sea suficiente. O quizás no. Pero es lo que hay.