En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, ADEPA llamó a reflexionar sobre los ataques contra el periodismo
Buenos Aires, 3 de mayo de 2026. Mientras el mundo conmemora un nuevo Día Mundial de la Libertad de Prensa, en Argentina la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) lanzó un llamado de atención que resuena con especial fuerza en un contexto político signado por la polarización y los cruces verbales. La entidad advirtió que la descalificación, la agresión verbal o cualquier forma de hostigamiento hacia periodistas y medios no solo afecta a quienes ejercen la profesión, sino que «empobrece el debate público y debilita la calidad democrática».
¿Puede una democracia considerarse saludable cuando quienes informan son sistemáticamente atacados por los poderes públicos? ADEPA sostiene que no.
El documento: el periodismo como pilar republicano
En un comunicado difundido este domingo, ADEPA expresó que «el ejercicio del periodismo libre, sin trabas ni presiones, constituye uno de los pilares del sistema republicano de gobierno». No es una frase decorativa. En la teoría política clásica, la prensa libre es el cuarto poder: el que controla a los otros tres. Sin ese control, el equilibrio de poderes se rompe.
La entidad fue más allá: «En las democracias consolidadas, el acceso a la información pública, la posibilidad de indagar, preguntar y difundir hechos de interés público, así como el respeto por el trabajo de los periodistas, forman parte de estándares esenciales para asegurar la transparencia institucional y la rendición de cuentas».
La frase «democracias consolidadas» no es casual. Sugiere que Argentina, a pesar de sus 40 años de democracia ininterrumpida desde 1983, aún tiene déficits en materia de libertad de prensa. Y que esos déficits impiden alcanzar el estándar de las democracias realmente consolidadas.
¿Cuánto le falta a la Argentina para ser una «democracia consolidada» en términos de libertad de prensa? La respuesta no está en el comunicado, pero la pregunta queda flotando.
Los ataques contra el periodismo: descalificación, agresión y hostigamiento
El comunicado de ADEPA no menciona nombres ni partidos políticos. Pero la referencia a «los representantes de los poderes públicos y las más altas autoridades de la Nación» es inequívoca. La entidad llama a quienes ejercen el poder a ser los primeros en promover el respeto por la diversidad de opiniones.
¿Qué tipo de ataques preocupan a ADEPA? En los últimos años, el periodismo argentino ha sido objeto de:
- Descalificaciones públicas: funcionarios que tildan a periodistas de «mentirosos», «vendidos» o «enemigos del pueblo».
- Agresiones verbales: insultos y amenazas en redes sociales, a veces replicadas o incentivadas desde cuentas oficiales.
- Hostigamiento judicial: demandas por calumnias e injurias que buscan silenciar investigaciones incómodas.
- Publicidad oficial discrecional: el uso de la pauta estatal para premiar a medios afines y castigar a los críticos.
ADEPA advierte que estas prácticas «empobrecen el debate público». Y tienen razón: cuando un periodista tiene miedo de investigar o de publicar, la sociedad pierde información valiosa. Cuando un medio es castigado por criticar, el pluralismo se resiente.
Si las autoridades atacan a la prensa, ¿a quién le reclama la ciudadanía cuando el poder abusa? Esa es la pregunta central que subyace al comunicado.
El respeto por la diversidad de opiniones: un valor a promover activamente
Uno de los párrafos más relevantes del comunicado señala que el respeto por la diversidad de opiniones «son valores que deben ser promovidos activamente» especialmente por los representantes de los poderes públicos.
La palabra «activamente» es clave. No basta con que los funcionarios no ataquen a la prensa. Deben promover activamente su respeto. Eso implica, por ejemplo, dar conferencias de prensa periódicas, responder preguntas incómodas, no boicotear a medios críticos y condenar públicamente cualquier agresión a periodistas.
En la práctica argentina reciente, ha habido gobiernos que han tenido relaciones tormentosas con la prensa. Algunos han preferido dar entrevistas a medios afines y evitar a los críticos. Otros han utilizado sus redes sociales para descalificar notas que no les gustan. ADEPA dice que eso no es suficiente. Y que no es aceptable.
¿Puede un gobierno ser democrático si evita sistemáticamente a los periodistas que hacen preguntas incómodas? La teoría dice que no. La práctica, lamentablemente, es más compleja.
El derecho de la ciudadanía, no un privilegio sectorial
ADEPA enfatiza un punto que a menudo se pierde en el debate: la libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas. Es un derecho de la ciudadanía. «El acceso a la información y la libertad de expresión no son prerrogativas sectoriales, sino derechos fundamentales de la ciudadanía», señala el comunicado.
Esta es una distinción crucial. Cuando un funcionario ataca a un periodista, no está atacando a una persona en particular. Está atacando el derecho de todos los ciudadanos a estar informados. Está diciendo, en los hechos, «la sociedad no necesita saber esto» o «esto no es relevante aunque yo lo decida».
En una democracia, esa decisión no le corresponde al poder. Le corresponde al periodista investigar y a la sociedad juzgar. Cuando el poder intenta cerrar esa grieta, se vuelve autoritario.
Si un gobierno decide qué información es «aceptable» y cuál no, ¿en qué se diferencia de una dictadura? En los mecanismos de control, ciertamente. Pero la lógica de fondo es la misma: el poder quiere controlar el relato.
El Día Mundial de la Libertad de Prensa: por qué se celebra el 3 de mayo
El comunicado de ADEPA se da en el marco de una fecha significativa. Desde 1993, cada 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. La fecha fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para evaluar el estado de la libre expresión a nivel mundial, defender a la prensa de los ataques y rendir homenaje a los periodistas que perdieron la vida en el ejercicio de su trabajo.
El origen de la fecha se remonta a 1991, cuando representantes de medios africanos adoptaron la Declaración de Windhoek durante un seminario organizado por la UNESCO en Namibia. Ese documento estableció principios fundamentales para garantizar la libertad de prensa: independencia, pluralismo, acceso a la información y protección de los periodistas.
Tres décadas después, muchos de esos principios siguen siendo violados en distintas partes del mundo. Argentina no es la excepción. Cada año, organismos como Reporteros Sin Fronteras o la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) documentan agresiones a periodistas, censura encubierta y concentración de medios.
¿Por qué, después de más de 30 años de conmemoración, la libertad de prensa sigue siendo un tema de conflicto en lugar de un consenso básico? Porque el poder, en todas sus formas, tiende naturalmente a evitar el control. Y la prensa es, fundamentalmente, control.
El cierre: un entorno sin restricciones indebidas ni presiones
ADEPA concluyó su comunicado con una frase que parece sacada de un manual de democracia, pero que en la práctica argentina resulta casi revolucionaria: la vigencia efectiva de la libertad de expresión «requiere de un entorno en el que el periodismo pueda desarrollarse con independencia, sin restricciones indebidas ni presiones».
«Restricciones indebidas» pueden ser muchas cosas: desde leyes que criminalizan la difusión de información clasificada (aunque sea de interés público) hasta presiones económicas a los medios a través de la pauta oficial. «Presiones» incluyen desde llamados intimidatorios hasta la difamación sistemática en redes.
El comunicado no es ingenua. Sabe que ese entorno ideal no existe en Argentina. Pero lo plantea como un horizonte hacia el cual avanzar. Y como una advertencia: cada vez que un funcionario descalifica a un periodista, se aleja de ese horizonte.
¿Puede la clase política argentina autolimitarse en sus ataques a la prensa o es inevitable que, en el fragor de la confrontación, se crucen líneas que no deberían cruzarse? La historia reciente sugiere que la autolimitación no es el fuerte de la política argentina.
Por eso, cada 3 de mayo, ADEPA y otras organizaciones periodísticas renuevan su llamado. No esperan respuestas inmediatas. Saben que el cambio es lento. Pero también saben que, si dejan de reclamar, el retroceso está garantizado.
En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la prensa argentina no pide privilegios. Pide, simplemente, poder trabajar. Sin miedo. Sin presiones. Sin tener que mirar hacia atrás antes de publicar una noticia. Eso no es un lujo. Es, como dice ADEPA, una «condición esencial» para que la democracia funcione.
