El proyecto necesita unanimidad: el peronismo no da los votos y el tema «se apagó»
El gobernador de Chaco, Leandro Zdero, quería hacer historia. Su proyecto de reforma constitucional para blindar a las inversiones de aumentos impositivos y darles garantías jurídicas iba a ser su sello de gestión. Pero hoy, a poco de entrar a la Legislatura, la iniciativa está estancada. ¿Por qué? ¿Faltaron apoyos? ¿O la política jugó su partido aparte?
Zdero anunció la enmienda el 1° de marzo, con bombos y platillos, durante su mensaje a la Legislatura. «Proteger a inversores de cualquier tipo de expropiación», «vedar la creación de nuevos impuestos provinciales y municipales», esos eran los ejes. Un mes y medio después, el proyecto tomaba estado parlamentario. Y ahí se acabó la música.
El problema de fondo es constitucional: la Carta Magna chaqueña de 1994 exige unanimidad de los 32 legisladores para aprobar una reforma. Es decir, Zdero necesita sí o sí los votos del peronismo, la oposición que responde a su eterno rival, Jorge Capitanich. Y el PJ no está dispuesto a regalarle esa victoria.
«Está muy lento el tema, la verdad», admite con fastidio un estrecho colaborador de Zdero en el cuerpo legislativo. Y confiesa lo que muchos ya sospechaban: que el proyecto avance, que se pueda discutir y sancionar, es «muy difícil». Del otro lado, en la bancada peronista, son más directos: «El oficialismo sacó el tema de agenda. No lo están tratando ni charlando más. Ni siquiera insistieron». Y rematan: «La verdad, se apagó».
¿Qué decía exactamente el proyecto que hoy duerme en un cajón? Proponía incorporar a la Constitución chaqueña la garantía de estabilidad jurídica para inversiones productivas, la prohibición de crear nuevos tributos provinciales o municipales que las afecten, e incluso la nulidad de pleno derecho de cualquier impuesto que violara esa regla, con devolución inmediata de lo cobrado. Una suerte de blindaje inversor con rango constitucional.
El fundamento oficial explicaba que no se renunciaba a tributos que Nación pudiera transferir en el futuro, pero se ponía como condición «la no duplicación de la carga». Es decir, el inversor no podía terminar pagando más. También se subordinaba la autonomía municipal a este nuevo mandato superior.
El contexto ayuda a entender el porqué del intento. Chaco es una provincia aliada de la Casa Rosada. Zdero logró acuerdos electorales con La Libertad Avanza en 2025 y venció a Capitanich. Fue de los primeros distritos en adherirse al RIGI. Esta reforma iba en esa misma línea: seducir inversores con reglas claras e inamovibles. Pero la política provincial tiene sus propias leyes.
Hoy, la agenda legislativa del oficialismo —radicales y libertarios— se enfoca en otro tema: una iniciativa sobre licencias gremiales. La reforma constitucional pro mercado quedó en segundo plano. Y la oposición peronista, lejos de ofrecer colaboración, mira desde afuera cómo el proyecto se desinfla solo.
La gran pregunta es si Zdero intentará reactivarlo más adelante, quizás negociando algunos puntos, o si la reforma pasará a engrosar la lista de las buenas ideas que la realidad política terminó sepultando. Porque en Chaco, como en toda la Argentina, gobernar no es solo anunciar. Es, sobre todo, conseguir los votos. Y los 32 que se necesitan para cambiar la Constitución no están, al menos por ahora, en la mesa del oficialismo.
¿Podrá Zdero tejer los acuerdos necesarios? ¿O el proyecto de reforma constitucional pro mercado correrá la misma suerte que tantos otros: nacer con bombos, morir en silencio? El tiempo, y la voluntad de diálogo, tienen la respuesta.
