«Pagamos para trabajar»: choferes de aplicaciones, cada vez más endeudados

Mientras las plataformas mantienen las tarifas desde hace dos años, los trabajadores afrontan gastos crecientes, comisiones de hasta el 30% y créditos con intereses de hasta el 700%. La expansión de Uber y DiDi en Resistencia consolidó durante 2026 una modalidad de transporte cada vez más elegida por los usuarios, pero también profundizó la crisis económica de quienes trabajan detrás del volante. La mayor cantidad de vehículos disponibles hizo caer las tarifas en el área metropolitana, mientras los conductores aseguran que desde hace dos años los valores prácticamente no se modifican, pese al incremento constante de los costos de funcionamiento.

Los choferes coinciden en que el principal problema es que el trabajador absorbe todos los costos de la actividad. Combustible, seguro, mantenimiento, cubiertas, reparaciones mecánicas, amortización del vehículo y comisiones de hasta el 30% que cobran las plataformas forman parte de una estructura de gastos. Mientras tanto, el algoritmo reduce las tarifas cuando hay exceso de oferta de vehículos, obligando a muchos a permanecer conectados entre 10 y 18 horas para alcanzar un ingreso aceptable. «Se termina pagando para trabajar. La mayoría sale a la calle para subsistir, pero revientan el vehículo. Es trabajar a pérdida», resumió Leonardo, conductor de DiDi. En la misma línea, Federico, chofer de aplicación, sostuvo que «tenemos que tener derechos laborales mínimos para que no pasen estas cosas, tener un ingreso acorde a la tarea que estamos realizando».

La Asociación Civil Conductores de Aplicaciones Unidos de la República Argentina (ACCAURA), entidad que representa a trabajadores de Uber, DiDi y Cabify, advierte que la falta de reconocimiento laboral deja a la mayoría de los conductores fuera del sistema financiero tradicional. Sin acceso a créditos bancarios, muchos recurren a billeteras virtuales, prestamistas particulares o incluso a préstamos ofrecidos por las propias plataformas, con tasas que oscilan entre el 400 y el 700% anual. Según la organización, el trabajador termina financiando la reparación de la herramienta con la que produce sus ingresos, profundizando un proceso de endeudamiento permanente. Leandro, conductor de Uber Moto de Barranqueras, describió esa realidad con crudeza: «La aplicación te exprime y te paga muy poco. Terminas siendo preso del algoritmo que decide tus ingresos, tu deuda y las horas que tenés que trabajar». Además, aseguró que «así no hay chance de ahorrar y se termina pidiendo préstamos». Mariano, chofer de DiDi, afirmó que «con la recaudación no alcanza para mantener el desgaste del auto porque la tarifa es siempre la misma». Desde ACCAURA sostienen que este modelo profundiza la dependencia, ya que la misma empresa que asigna los viajes puede convertirse también en quien financia la deuda del trabajador.

La situación de los choferes de aplicaciones en Resistencia es un reflejo de la precarización laboral que se extiende en el sector. Mientras las plataformas mantienen tarifas congeladas, los costos de combustible, mantenimiento y reparaciones aumentan sin pausa, y las comisiones de hasta el 30% reducen aún más los ingresos. La falta de acceso al crédito bancario obliga a muchos conductores a recurrir a préstamos con intereses exorbitantes, profundizando un ciclo de endeudamiento que los condena a trabajar jornadas extenuantes para apenas subsistir. La demanda de derechos laborales mínimos y la necesidad de una regulación que proteja a los trabajadores se vuelven cada vez más urgentes. La pregunta que queda es si el Estado intervendrá para regular el sector y garantizar condiciones laborales dignas para los choferes de aplicaciones. ¿Qué opinás de la situación de los conductores de Uber y DiDi? ¿Creés que deberían tener derechos laborales como cualquier otro trabajador? Dejanos tu comentario.