Un dato anónimo, una universidad abandonada y un botín musical recuperado en Resistencia

El temor a las represalias no impidió que una mujer se acercara a un patrullero para dar un dato que terminaría siendo clave para la Policía. Fue el viernes 21 de agosto, alrededor de las 21.30, cuando los agentes del Servicio Externo de la Comisaría Cuarta Metropolitana realizaban un operativo preventivo por el barrio Carpincho Macho de Resistencia. Fue entonces que una vecina detuvo la marcha del móvil y les alertó sobre un hombre que acababa de saltar el muro perimetral del edificio abandonado de la Universidad del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), aquella fundación que supo liderar Raúl Castells.

La denunciante, que prefirió resguardar su identidad, no solo señaló el ingreso del sospechoso, sino que fue más allá: les aseguró que el sujeto había dejado unos estuches negros de gran tamaño en el interior del predio. «Ahí siempre guardan cosas robadas», alcanzó a decir antes de retirarse. Esa frase, dicha en la penumbra de una calle poco iluminada, encendió todas las alarmas.

Los agentes no dudaron y se dirigieron hacia el edificio. Con linternas en mano y avanzando entre la oscuridad y el abandono, hicieron una inspección minuciosa hasta que, junto a uno de los muros, encontraron lo que la mujer había señalado: dos estuches negros para instrumentos musicales. Al abrirlos, el hallazgo fue contundente. Allí estaban una guitarra eléctrica Fender blanca y un bajo eléctrico de la misma marca, negro con detalles marrones y blancos. Pero el botín no terminaba ahí. También recuperaron un amplificador de auriculares Hugel Micro Amp HA 400, un pedal preamplificador y caja directa para bajo Ampeg SCR-DI, además de un cable de alimentación guardado en su caja correspondiente.

La consulta a los registros policiales confirmó lo que ya intuían: los elementos tenían pedido de secuestro. Habían sido denunciados como robados el 16 de agosto, apenas cinco días antes, por Nicolás Emanuel Alderete, de 33 años, ante la Comisaría Séptima Metropolitana. Los objetos quedaron secuestrados y a disposición de la unidad interviniente, a la espera de ser restituidos a su legítimo dueño.

El operativo, que comenzó como una recorrida preventiva, terminó devolviendo a un músico lo que seguramente considera una extensión de su alma. Pero la investigación no se cierra aquí. Las autoridades buscan ahora determinar quién trasladó los instrumentos hasta el edificio abandonado y, sobre todo, dar con los responsables del robo. Por ahora, el dato de una mujer anónima se convirtió en la pieza que faltaba para resolver un rompecabezas que, por un momento, parecía perdido para siempre.

Nota final:
Hay veces que la justicia llega por caminos inesperados. En este caso, llegó en la voz de una mujer que prefirió el anonimato antes que el silencio. Su valentía, aunque sin nombre, permitió que una guitarra y un bajo vuelvan a sonar donde deben sonar: en manos de su dueño. La Policía, por su parte, sigue tras la pista de los ladrones. Pero mientras tanto, en el barrio Carpincho Macho, queda una enseñanza: hasta en los edificios abandonados, la verdad siempre encuentra quién la cuente.