Alertan expertos: el envejecimiento poblacional en Argentina ya es «inevitable» e «irreversible»

La Argentina ya no está ante una advertencia, sino frente a una realidad consumada. El envejecimiento poblacional, impulsado por el aumento de la expectativa de vida y la brusca caída de la natalidad en la última década, se volvió un proceso «inevitable» e «irreversible», según coincidieron profesionales de la salud, investigadores y funcionarios durante una jornada organizada por la Universidad del Salvador (USAL).

«La pregunta no es si la Argentina va a envejecer. Ya lo hizo», afirmaron durante las presentaciones en el auditorio de la Facultad de Ciencias Médicas de la USAL. El dato es contundente: en la Ciudad de Buenos Aires, los mayores de 65 años ya superan a los menores de 15, un indicador de transición demográfica avanzada. En el centro del país —Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa y Mendoza— hay entre 45 y 60 adultos mayores por cada 100 menores de 15 (transición intermedia), mientras que en el norte y la Patagonia la proporción de chicos y jóvenes aún es alta en comparación con el resto del país (transición temprana).

El informe oficial: menos nacimientos y más adultos mayores

El mes pasado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) y el Ministerio de Salud nacional presentaron un informe conjunto sobre el «rápido envejecimiento poblacional». Las proyecciones a 2040 profundizan la tendencia: se prevén nuevas reducciones en los grupos de 0 a 24 años y un incremento sostenido de los adultos y adultos mayores.

Incluso con un «leve repunte de los nacimientos hacia mediados de la década de 2030», atribuido a la maternidad postergada, la tasa global de fecundidad para 2040 estaría en 1,4 hijos por mujer. «Aun con cierta recuperación, es muy improbable que vuelva a alcanzar el nivel de reemplazo generacional», pronosticó el informe oficial.

«Esto no tiene vuelta atrás»

Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), fue contundente: «Con la caída de la fecundidad, es irreversible porque ese cambio está vinculado a las mayores posibilidades que tenemos las mujeres: accedemos a más educación, aumentó nuestra inserción profesional, nos casamos más tarde y tenemos hijos más tardíamente». A eso sumó la disminución de la mortalidad infantil y del embarazo adolescente. «Esto no tiene vuelta atrás», sentenció.

Santiago Poy, sociólogo e investigador del Conicet, coincidió: «Vamos, definitivamente, a una sociedad con menos hijos por adulto». La oportunidad, según propuso, es «cómo transformar este cambio en algo positivo».

El impacto en el sistema de salud y las políticas públicas

El envejecimiento poblacional plantea desafíos enormes en materia de salud, previsión social y cuidados. Carlos Regazzoni, exdirector ejecutivo del PAMI, llamó la atención sobre un dato revelador: «Más de la mitad de los chicos que están hoy en un aula de primer grado va a celebrar el Año Nuevo en 2100. Es urgente, por lo tanto, que le prestemos atención como país a la transición demográfica».

Germán de la Llave, médico geriatra, señaló que el sistema de salud argentino está organizado para una pirámide poblacional que ya no existe. «Vivimos más y nacemos menos. Los efectos ya se están viviendo, pero estamos a tiempo de generar cambios que permitan vivir mejor esta transición demográfica», afirmó.

Desde la Ciudad de Buenos Aires, la vicejefa de gobierno porteña, Clara Muzzio, refirió que se están relevando los factores detrás de la caída abrupta de los nacimientos —que se redujeron a la mitad en la última década— para definir medidas de acompañamiento a las parejas que quieran ser padres. «La economía no explica todo», opinó, y señaló que las porteñas están teniendo el primer hijo a los 32 años, en promedio.

Previsión y prevención: los desafíos por delante

Mario Glanc, cardiólogo y director académico del Instituto de Política, Economía y Gestión en Salud (Ipegsa), presentó un ejercicio de predicción demográfica que ubica alrededor de 2050 el momento en que se cruzarían la caída de los nacimientos con el aumento de las defunciones. En 20 años, para 2046, los mayores de 65 superarían en número a los menores de 15.

Glanc advirtió sobre el impacto previsional: «Esto es un problema muy importante desde lo previsional y, sobre todo, para los sistemas contributivos como el argentino». Y agregó: «11,3 millones de argentinos que van a tener 65 años o más en 2100 ya nacieron».

La respuesta, coincidieron los expertos, pasa por trabajar sobre la natalidad, la infancia y las migraciones, pero también por reconvertir el sistema de salud desde la prevención más que desde la enfermedad. «Hoy, la población en edad productiva que aporta al sistema va a ir llegando a los 65 años en 2040 aproximadamente. Tenemos 14 años para mejorar las prestaciones», concluyó De la Llave.

Nota final:
El envejecimiento poblacional en la Argentina ya no es una proyección: es una realidad. La caída de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida están reconfigurando la pirámide demográfica del país, con impactos profundos en el sistema de salud, la previsión social y las políticas públicas. Los expertos advierten que el proceso es irreversible, pero también que hay tiempo para adaptarse. La clave, coinciden, está en la prevención, la planificación y un cambio de paradigma que ponga a las personas en el centro, sin importar su edad. Porque envejecer no es una enfermedad, pero sí un desafío que la Argentina no puede eludir.