Al ritmo de la baja del riesgo país, el Gobierno se acerca a su primera colocación de deuda internacional en 8 años

La posibilidad de salir al mercado internacional se monitorea todo el tiempo en el equipo económico, pero falta que bajen las tasas en Estados Unidos. Refinanciar los pagos de deuda permitiría consolidar la acumulación de reservas, que entró en un impasse. La mejor encuesta para medir el humor de los mercados son los precios. La baja del riesgo país que quedó al borde de perforar los 400 puntos refleja el optimismo creciente de los inversores en Argentina. Incluso las acciones bancarias tuvieron fuertes aumentos en Wall Street el viernes, en algunos casos con subas superiores al 8% en dólares. En los últimos días se sucedieron novedades que endulzaron los oídos de los mercados. Arrancó el lunes Luis Caputo con detalles del plan financiero para lo que resta del 2026 y 2027. El ministro de Economía divulgó cómo piensa hacer frente a todos los vencimientos de deuda, que el año que viene suman USD 25.000 millones. Y aclaró de manera explícita que no hace falta recurrir al financiamiento internacional para pagar. Hace pocos días también se anunció la idea de modificar la Carta Orgánica del Banco Central. El objetivo es prohibir la emisión monetaria para financiar al Tesoro, saliendo del esquema hiper laxo del texto actual, elaborado por el kirchnerismo en 2012. El plan es insistir con la ecuación que hace ya un tiempo repiten distintos miembros del equipo económico: van a sobrar dólares y faltarán pesos.

El pago de capital e intereses de Bonares por USD 4.200 millones que se realizó a mediados de la semana también entusiasmó a los inversores. Es una confirmación de la voluntad oficial de cumplir con los compromisos. Parece obvio pero no lo es para un país que tantas veces entró en default. El martes continuaría la buena racha cuando se conozca el dato de inflación de junio, que quedaría por primera vez en el año debajo del 2 por ciento. En CABA arrojó 1,8% y todo apunta a que la inflación nacional se ubique en valores similares. Con tres meses consecutivos a la baja es razonable concluir que el proceso de desinflación está de vuelta y quedaron atrás los diez meses consecutivos de subas, a partir del piso de 1,5% de mayo del año pasado. La positiva recepción de los mercados a estas novedades se reflejó en nuevas subas de bonos y una caída adicional del riesgo país. No queda mucho espacio para seguir comprimiendo, teniendo en cuenta que los países con calificación en la zona de «B-» similar a la de Argentina tienen niveles de 350 puntos en promedio, un valor al que los bonos argentinos se van acercando rápidamente.

Con este panorama, la opción de una colocación de bonos internacional luce cada vez más cercana. Tanto Javier Milei como Caputo coincidieron en los últimos meses en desistir de una emisión de deuda internacional porque consideraban las tasas demasiado altas. Pero no todo depende de lo que haga el Gobierno. El otro componente del riesgo país es la tasa de los bonos norteamericanos, que se mantiene por encima del 4,5% anual para el plazo de diez años. Hasta que no afloje, será un escollo casi insalvable para salir al mercado. Por eso, Economía se concentró en el mercado local, con la colocación de bonos en dólares de corto plazo. La semana que viene se emitirá un nuevo Bonar 2029 para captar parte de los dólares que el Tesoro pagó a los ahorristas locales. Se estima que la tasa se ubicaría por debajo del 9% anual. Con esta colocación se habrá agotado el cupo que el propio Gobierno se autoimpuso para financiarse en el mercado local. El riesgo de seguir colocando deuda en dólares es en definitiva sacarle espacio a empresas, bancos y otros posibles emisores como gobiernos provinciales que también buscan financiamiento en el mercado local. La posibilidad más fuerte que nunca en los últimos años es recuperar el acceso al financiamiento de los mercados internacionales, algo que no sucede desde 2018.

El Gobierno ahora avanzó con un grupo de bancos para conseguir fondos frescos, pero con garantía del Banco Mundial y el BID. El desafío es abrir el mercado de crédito internacional sin necesidad de colaterales. Conseguir dólares frescos en el mercado internacional sería una solución para dos problemas. El primero es el más evidente: agregar fuentes de financiamiento para bajar la dependencia de otras opciones abiertas. Por ejemplo, el programa financiero habla de USD 1.500 millones de privatizaciones o de la compra al Central de USD 4.900 millones. Todo para pagar deuda que vence el año que viene. Emitir bonos en el exterior reduciría la presión sobre las otras alternativas de financiamiento que se fijaron en el programa. Pero además sería clave para que el Banco Central pueda acumular más reservas. La obligación de pagar deuda con dólares propios obliga a utilizar parte de las reservas compradas para cumplir con los acreedores. Pero refinanciar vencimientos aceleraría la acumulación. El propio FMI y también el Banco Mundial insistieron recientemente en la necesidad de que la Argentina recupere el acceso al crédito internacional. Incluso es uno de los principales puntos del nuevo acuerdo firmado el año pasado y también aparece como prioridad en la «fase 4» del plan monetario que se presentó a principios de año.

De no lograrse este objetivo, en los próximos meses el BCRA quedará bajo presión. La compra de dólares cayó significativamente en las últimas semanas por reducción de la oferta. Pero al mismo tiempo hay que seguir pagando deudas, por lo que es probable que el nivel de reservas sufra una disminución, algo que no sería bien recibido por los mercados. Mucho menos cuando se aproxima el calendario electoral. Más allá de la bonanza financiera, ahora preocupa la micro y en qué medida la recuperación de la actividad se sentirá en los bolsillos. Las encuestas son coincidentes en que las principales preocupaciones pasan ahora por el empleo y el poder adquisitivo, mientras que la inflación pasó a un segundo plano. Justamente el proceso de desinflación es el que genera expectativa de una mejora gradual, pero mejora al fin, de los salarios reales. Ya desde abril empezó este proceso y se habría mantenido en los dos meses subsiguientes, completando un trimestre positivo para los ingresos. Después de un abril negativo para la actividad, los primeros datos oficiales de mayo muestran una nueva recuperación. Tanto industria y especialmente la construcción mostraron un repunte en relación al mes anterior. Pero todavía siguen muy debajo de los niveles que mostraban en 2023.

En los próximos meses debería empezar a notarse una mejora de los sectores «perdedores» del modelo. Cayeron fuerte en los dos primeros años de Milei pero ahora empiezan a encontrar un piso. Esto también incluye al comercio mayorista y minorista, que de a poco también empiezan a mostrar un rebote. Con esta mejora en mente, varias consultoras revisaron al alza el pronóstico de crecimiento para este año, que para algunas llegaría al 3% o incluso un poco más. Si el dólar no se desborda y la inflación se mantiene en torno al 2% o un poco menos, la recuperación empezaría a ser más visible para el público. No serán los «mejores 18 meses de la historia argentina», pero sí alcanzaría para consolidar la imagen del Presidente que también viene mostrando un leve repunte en los últimos meses. En definitiva, la consolidación del Gobierno y las chances electorales de Milei definirán si el 2027 será un año electoral típico, es decir muy turbulento e impredecible, o por el contrario se podrá atravesar sin mayores sobresaltos.

El riesgo país en 400 puntos, la inflación bajando del 2%, los bonos subiendo, las reservas en el centro de la escena. El equipo económico de Milei está cosechando lo que sembró con un ajuste feroz, pero la pregunta es si esa cosecha llega a tiempo para la gente. Porque los mercados festejan, pero los salarios y el empleo todavía no terminan de despegar. La posibilidad de emitir deuda internacional después de ocho años sería un hito, un certificado de que Argentina volvió a ser considerada un socio confiable para los inversores globales. Pero también implica atarse a nuevas obligaciones y a la volatilidad de los mercados externos. ¿Creés que el Gobierno debería salir a endeudarse en el exterior ahora que el riesgo país está bajo, o es mejor esperar a que las tasas en Estados Unidos bajen más? ¿La recuperación económica que anuncian las consultoras se va a sentir en la calle o va a quedar en los papeles y en los tuits de Milei? Dejanos tu comentario.