El 31 de mayo de 1852 se firmaba el Acuerdo de San Nicolás, la piedra angular de la Constitución Nacional
Convocado por el general Justo José de Urquiza tras la caída del régimen rosista, este pacto de carácter preconstitucional unificó los criterios institucionales de las provincias. Consagró el federalismo como sistema político, designó una autoridad ejecutiva provisoria y dispuso la convocatoria al Congreso Constituyente de Santa Fe.
El 31 de mayo de 1852, la ciudad bonaerense de San Nicolás de los Arroyos se convirtió en el escenario de uno de los acontecimientos jurídicos y políticos más trascendentales de la historia argentina. En esa jornada, los gobernadores de las provincias firmaron el histórico Acuerdo de San Nicolás, un documento preconstitucional que destrabó décadas de guerras civiles y sentó las bases operativas para la organización definitiva del Estado nacional.
La cumbre fue impulsada de manera estratégica por el general Justo José de Urquiza, quien tras derrotar a Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros asumió el liderazgo del proceso de institucionalización del país. El acuerdo buscó dar cumplimiento a los pactos preexistentes —especialmente al Pacto Federal de 1831— para dar forma legal a la Confederación Argentina.
Los tres pilares institucionales del acuerdo
El documento suscripto por los mandatarios provinciales estableció las directrices políticas y administrativas que rigieron la transición hacia la República definitiva:
- Adopción del Federalismo: Se ratificó de manera taxativa la forma federal de gobierno como el único sistema político capaz de garantizar el respeto a las autonomías provinciales y la unidad nacional.
- Autoridad Provisoria: Se designó al general Justo José de Urquiza bajo el cargo de Director Provisorio de la Confederación Argentina, otorgándole el mando de las fuerzas militares conjuntas y la gestión de las relaciones exteriores del territorio.
- Convocatoria Constituyente: Se dispuso la reunión obligatoria de un Congreso General Constituyente en la ciudad de Santa Fe. Para garantizar la equidad jurídica, se estableció que cada provincia enviaría dos diputados, equiparando el peso político de las regiones independientemente de su densidad poblacional o recursos económicos.
El conflicto con Buenos Aires y el camino a 1853
A pesar del consenso mayoritario de las provincias del interior, el Acuerdo de San Nicolás encendió las alarmas en los sectores de la élite porteña. La pérdida del control exclusivo sobre las rentas de la Aduana y la igualdad de representación en el Congreso Constituyente motivaron el rechazo de la provincia de Buenos Aires, liderada por figuras como Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López.
El disenso porteño culminó meses más tarde en la Revolución del 11 de septiembre de 1852, iniciando un período de segregación donde Buenos Aires funcionó como un Estado independiente. Sin embargo, las provincias del interior continuaron firmes con la hoja de ruta trazada en San Nicolás, logrando un año después —el 1° de mayo de 1853— la histórica sanción de la Constitución Nacional Argentina, cuya vigencia y diseño republicano descansan sobre los cimientos jurídicos firmados en las orillas del río Paraná.
