El dolor de la familia de la joven asesinada a golpes por su novio a la salida de un boliche en Salta: «Estamos destrozados»

Cintia Díaz Orellana tenía 20 años. Era mamá de un nene de cuatro y la mayor de cuatro hermanos, a quienes cuidaba todos los días. Al mediodía, cuando sus padres se iban a trabajar, les preparaba la comida y los llevaba a la escuela. Por las noches, cursaba la secundaria porque soñaba con estudiar una carrera. Tenía proyectos, pero le arrebataron la vida. Su novio, Gastón Ramírez, fue imputado como el único acusado del femicidio.

Ella salió a bailar el viernes junto a su pareja. De acuerdo a los testigos, se pelearon dentro del boliche y la discusión continuó a la salida. Estaban por volver a la casa cuando él empezó a pegarle hasta desfigurarle la cara. La dejó tendida en el piso, inconsciente, y se fue. Mientras Ramírez iba a la comisaría a entregarse, llamó a una ambulancia para alertar que había un cuerpo en la esquina. «Me mandé una cag***», admitió ante la Policía y quedó detenido.

La noticia que destrozó a una familia

La familia de Díaz Orellana se enteró cerca de las 6.10 del sábado, cuando les avisaron que su hija estaba internada en el hospital Del Carmen de Metán. «Salimos para allá y nos dijeron que tenía golpes en el cráneo, en la cara, en los ojitos. Ahí el comisario le explicó la situación a mi señora», contó Ariel, padrastro de la joven, en diálogo con TN.

La joven fue derivada de urgencia al hospital San Bernardo, en Salta capital: «Estuvimos todo el día allá. No pudimos hablar con ella porque estaba en estado crítico. Estaba inconsciente y no se movió ni habló más. El domingo falleció». «Estamos destrozados por la pérdida de la nena. Queremos justicia. Ya sé que no está más y no la vamos a tener de vuelta, pero queremos que no le pase lo mismo a otra familia de Metán», contó el hombre entre lágrimas.

«Nunca nos dijo nada»

Ariel contó que la familia nunca sospechó que la joven atravesara una situación de violencia con su novio. «Nunca nos dijo nada. Se los veía bien. Esa noche, no sé qué le pasó al tipo para pegarle así», señaló. Según indicó, Ramírez no tenía un vínculo cercano con la familia: «Ella cuando venía, venía sola, o él se quedaba lejos. No se vinculaba con la familia. Como mucho, saludaba de lejos, desde la moto».

El padrastro de Díaz Orellana la conocía desde que tenía tres años y la consideraba una hija más. Por eso, todavía intenta entender qué pudo haber ocurrido aquella noche. «Era una chica alegre, todo el día haciendo bromas, no tenía malos días. Se llevaba bien con todos. La noticia sorprendió a todo el barrio», recordó. La joven vivía sola con su hijo, a unas dos cuadras de la casa de sus padres, pero los veía todos los días. El viernes al mediodía fue la última vez que la familia la vio. «Nosotros nos fuimos a trabajar y ella vino a buscar a los chicos. Estaba bien», afirmó el hombre.

El dolor de un hijo que pregunta por su mamá

Ahora, además del dolor por la muerte de la joven, la familia intenta acompañar a su hijo de cuatro años. El nene quedó al cuidado de su padre y todavía pregunta por su mamá: «Llora, la extraña. Anteanoche la buscaba en la casa, preguntaba dónde está, por qué no venía. Es difícil explicarle que su mamá es un angelito». La mamá de Díaz Orellana también atraviesa un momento especialmente difícil. «Está agotadísima. Se puso re mal, eran muy compinches», describió.

Imputación y pedido de justicia

El acusado, de 26 años, fue imputado este lunes por el homicidio cuádruplemente agravado por el vínculo, alevosía, ensañamiento y por mediar violencia de género. El padrastro precisó que Ramírez decidió no declarar. De acuerdo a medios locales, el fiscal Nicolás Rodríguez López explicó que el acusado permanece detenido y que, por la gravedad del hecho, solicitarán la prisión preventiva.

«Nosotros creemos que ya lo tenía planeado. Para que haga lo que hizo, para que la deje así golpeada y se empeñe en quebrarle toda la cara», consideró el padrastro de la joven. Mientras la investigación avanza, la familia pide que el acusado permanezca preso y reciba la pena máxima. «Ahora tenemos que ver cómo hacemos para que no salga más, que esté preso toda su vida y pague por lo que hizo», concluyó.

Nota final:
Cintia Díaz Orellana soñaba con estudiar una carrera, criaba a su hijo de cuatro años y cuidaba a sus hermanos menores. Una salida al boliche con su novio terminó con su vida, víctima de una violencia que, según su familia, nunca había mostrado señales. Gastón Ramírez, imputado por femicidio agravado, está detenido y la Justicia avanza. Pero para la familia de Cintia, la condena no devolverá a la joven que llenaba de bromas y alegría el barrio de Metán. Solo queda el dolor, el pedido de justicia y la lucha para que su hijo de cuatro años pueda entender, algún día, por qué su mamá no volvió.