La mayor tragedia aérea de Japón: más de quinientos muertos, cuatro sobrevivientes y un mensaje desesperado

Hoy se cumplen 41 años de la mayor tragedia aérea de la historia protagonizada por un solo avión. El 12 de agosto de 1985, el Vuelo 123 de Japan Airlines se estrelló contra una sierra, dejando 520 muertos y apenas cuatro sobrevivientes. Las grabaciones de la caja negra y los testimonios de quienes lograron vivir revelaron la angustia y la profesionalidad de la tripulación en los últimos minutos.

El 12 de agosto de 1985, a las 18.03 hora local, el Vuelo 123 de Japan Airlines (JAL), un Boeing 747 que cubría la ruta Tokio-Osaka, despegó sin inconvenientes del Aeropuerto de Haneda con 524 personas a bordo. Poco después de dejar tierra, el comandante Masami Takahama pidió autorización para regresar. Las instrucciones de la torre de control fueron precisas: desviarse al noroeste y después virar al este para iniciar el retorno. Pero el avión jamás llegaría a su destino: exactamente 32 minutos y 43 segundos más tarde se estrelló a cien kilómetros al noroeste de Tokio.

Las últimas comunicaciones: «¡Levante la nariz!»

El registro de los diálogos entre el comandante Takahama, el copiloto Yutaka Sasaki y el ingeniero de vuelo Hiroshi Fukuda, difundidos una semana después del accidente, muestra el alto nivel profesional y la sangre fría de la tripulación. A pesar de la casi segura perspectiva de una muerte inminente, en ningún momento perdieron la calma ni dejaron de intentar una maniobra que evitara el desastre.

1 minuto, 03 segundos. Capitán: «Virar a la derecha… ¿Qué es esto?».

1.08. Voz no identificada: «Presión hidráulica baja».

2.17. Capitán: «Derecha, copiloto… Derecha».

7.36. Copiloto o ingeniero de vuelo: «Hacia atrás… ¿Qué se rompió?… Es el compartimento de equipaje. Atrás, bien atrás… Creo que deberíamos descender aquí».

20.54. Copiloto: «¿qué hacemos con los flaps? ¿Los bajamos? ¿Es demasiado pronto?».

Capitán: «Es demasiado pronto…».

24.27. Capitán: «Disminuya potencia… Baje la nariz… Baje la nariz».

Durante los siguientes siete minutos, el capitán Takahama repitió dos órdenes varias veces, cada vez con más urgencia: «Potencia» y «Levante la nariz».

32.11. Capitán: «¡Levante la nariz… Levante la nariz… Levante!».

32.32. Voz del sistema de advertencia de proximidad del suelo: «Rango de caída, arriba… Arriba… Arriba…».

34.43. Ruido de impacto y después silencio total.

El error de la puerta R5 y la verdadera causa

El capitán y sus colaboradores murieron convencidos de que la falla estaba localizada en la puerta R5 del compartimento de equipajes. La primera señal de alarma se produjo menos de dos minutos después del despegue, cuando los instrumentos mostraron una falla hidráulica. Sin embargo, después de cuatro días de pericias, los técnicos japoneses establecieron que la agonía del 747 no se había iniciado por la rotura de la puerta R5, sino con el desprendimiento espontáneo de material de la cola del avión. En esas condiciones, la maniobra que intentó el piloto era imposible de realizar. Takahama no lo sabía, pero su esfuerzo estaba condenado al fracaso.

El testimonio de las sobrevivientes

El saldo del accidente fue de 520 muertos. Hubo cuatro sobrevivientes, todas mujeres: Keiko Kawakami, de 12 años; Mikiko Yoshizaki, de 8; Hiroki Akawama, de 37; y Yumi Ochiai, azafata fuera de servicio, de 26.

Los testimonios de las sobrevivientes coincidieron en que, luego del impacto, había más personas con vida. Algunas sucumbieron víctimas de los focos de incendio; otras, gravemente heridas, murieron mientras las patrullas de rescate trataban de llegar. El lugar casi inaccesible donde cayó el Boeing conspiró para que no pudieran ser salvadas. Los primeros rescatistas llegaron al lugar recién 17 horas después del accidente.

La azafata Yumi Ochiai relató que despertó por un fuerte crujido: «Vi que una niebla blanca empezaba a invadir la cabina. El avión empezó a descender en un ángulo demasiado pronunciado. Pensé que nos caíamos». Su testimonio fue tan pormenorizado que, cruzado con el contenido de la caja negra, fue utilizado para reconstruir los hechos. «Cuando vi el cielo a través de un agujero del fuselaje, pensé que no teníamos salvación», recordó.

La nena de 12 años, Keiko Kawakami, contó que su madre y su hermana murieron durante la noche. «Papá y mamá nos decían que no nos preocupáramos, que nos iban a venir a salvar. Pero papá ya no nos habló más. Le pregunté a mi hermana qué pasaba y me dijo: ‘Papá está frío’. Y ahí mi mamá se puso a llorar». Durante la noche, Keiko dejó de escuchar también a su madre y a su hermana. Despertó cuando ya era de día y llegaban los primeros rescatistas.

Un mensaje desesperado

Cuando le entregaron el cadáver de su padre, uno de los hijos de un directivo de una empresa naviera encontró entre sus ropas un mensaje escrito con letra temblorosa:

«A mis tres hijos: cuiden a su madre. El avión está cayendo. Humo blanco entra por atrás. Juro que nunca más subiré a un avión».

El mensaje, encontrado entre los restos del Vuelo 123, se convirtió en un desgarrador testimonio de los últimos instantes de vida a bordo, reflejando la desesperación y el amor de quienes sabían que no sobrevivirían.